Un día llegaron y tocaron a la puerta de mi casa-taller unos campesinos de Morelos. Eran tres. Se presentaron y dijeron que venían de una reunión de coordinación con otros campesinos del sur de Jalisco. Por ese entonces yo vivía en la colonia Lomas de Polanco, al sur de Guadalajara. Era julio de 1996. Un amigo los mandó y los hice pasar, les ofrecí agua fresca y hablamos en esa pequeña salita que tenía como taller y que estaba impregnada de un fuerte olor a cedro y caoba, pues en ese tiempo hacía esculturas de madera.

Recuerdo que me platicaron de su trabajo en la zafra de caña para el Ingenio de Zacatepec y lo poco que les pagaban. Otro me platicó que trabajaba en Xoxocotla en el cultivo del cacahuate pero vivían con enormes dificultades económicas. El rato pasó y seguíamos platicando de una cosa y otra. Llegó el momento en que me preguntaron con mucha timidez:

—¿Usted es escultor verdad?

—Sí, por ahora hago esculturas en madera.

Les mostré avances de un arcángel que estaba realizando.

—¿Y nos puede hacer una escultura del pecho para arriba y con sobrero?

—¿Para quién?, ¿Quién lo manda pedir?

—Para nosotros, bueno nos han mandado de comisión a preguntarle. No tenemos mucho pero podemos pagar. ¿Verdad que podemos pagar? Los otro dos asintieron en silencio. Mire, queremos que nos haga un retrato de nuestro líder Rubén Jaramillo.

Rubén Jaramillo. Ilustración: Especial

Uno de ellos sacó de su mochila una carpeta con fotos originales blanco y negro un poco maltratadas. Me platicaron de él y de la historia de las fotos: en ellas se veía a Rubén Jaramillo recién amnistiado en medio de una multitud. Rubén en plena campaña electoral, rodeado de muchas mujeres y niños. Por cierto, su campaña electoral nada tiene que ver con el circo político de ahora.

Otra foto de Jaramillo en el monte con su caballo, un caballo muy fino que le había regalado el General Lázaro Cárdenas, y otra foto muy borrosa o fuera de foco, de un Jaramillo a las orillas de un pueblo, viendo al horizonte.

Los tres campesinos me hablaron de la lucha de Jaramillo con mucho entusiasmo, movían las manos como si lo estuvieran viendo; de su estatura y de como siempre traía un paliacate en al cuello. Para ellos, él era la continuación de la lucha de Emiliano Zapata, y hablaban también de su decepción por la revolución traicionada.

El más viejo, me dijo que tuvo que esconderse después del asesinato de Rubén y de toda su familia, sólo se salvó una hija llamada Raquel, porque salió por la puerta de atrás. “A los que andábamos con Jaramillo también nos querían matar, por eso nos escondimos por un tiempo” me dijo.

Rubén Jaramillo. Foto: Especial

Uno de ellos hizo las señas de que se hacía tarde, pues tenían que tomar el camión para volver al centro, y luego tomar otro para volver a Morelos. Les pregunté para cuándo querían el busto. Ellos me dijeron que para el 23 de mayo del año entrante, en 1997. Les dije que lo haría y nos veríamos allá en la marcha por los 37 años del asesinato de Rubén Jaramillo y la exigencia de verdad y justicia.

Los acompañé al camión y dije que por lo otro no se preocuparan, que sería de un material modesto pero lo haría con mucho gusto, y les agradecí que me hubieran invitado.

El busto de Rubén Jaramillo lo terminé y lo entregué a Don Félix Serdán Nájera, quien fuera su secretario particular y lugarteniente, en una ceremonia luctuosa donde hace 56 años se encontraron los cuerpos masacrados, con el tiro de gracia y en un avanzado estado de descomposición, el de Rubén como de su esposa Epifania y sus hijos Ricardo, Enrique y Filemón en la ruinas arqueológicas de Xochicalco,Morelos.

El crímen múltiple fue autoría del Ejército y quedó en la total impunidad.

Busto de Rubén Jaramillo realizado por Alfredo López Casanova