De un proceso electoral ilegítimo y cuestionado, donde el estigma del fraude llegó y permanece a la fecha, surgió la administración espuria de Felipe Calderón. Personaje corrupto, arbitrario, voluble y autoritario siempre envuelto en escándalos de sobornos, vicioso, simulador, cínico y tramposo.

Los muertos y desaparecidos de su sexenio se cuentan por decenas de miles. El caso más ruin, turbio y escabroso es, desde mi perspectiva, la muerte de 25 niñas y 24 niños en la Guardería ABC. Esa sola tragedia, donde encubrieron de manera ignominiosa a familiares y funcionarios afines a su administración, sigue siendo una herida abierta en la búsqueda de Justicia.

Sus vínculos con delincuentes y criminales han sido ampliamente documentados. Libros como Calderón de Cuerpo Entero de Julio Scherer, El Amasiato de Álvaro Delgado, Crónica de un Sexenio Fallido de Ernesto Núnez, El Cartel Negro, Mares de Cocaína y Camisas Azules Manos Negras de Ana Lilia Pérez, o Los Señores del Narco, Los Cómplices del Presidente, México en Llamas y El Traidor de Anabel Hernández, así como La Señora de Calderón de Sanjuana Martínez son ejemplos básicos del periodismo de investigación que dan cuenta de su corrupción, su personalidad sombría y deshonesta, su intolerancia, su violencia y alcoholismo, así como de los tratos siempre opacos y cenagosos con personajes como Marcelo Odebrecht o el propio Genaro García Luna, hoy preso en Estados Unidos por cargos de narcotráfico y lavado de dinero.

Todo lo que toca, como moderno rey anti Midas, lo corrompe. Y siempre, todo en contra de los menos favorecidos y a favor de intereses inconfesables. Desde su voto a favor del Fobaproa, hoy IPAB que endeudó al país y que hoy por hoy seguimos pagando, hasta la Estela de Luz, que fue entregada fuera de tiempo y con un sobre precio cercano al 200% de su valor original.

Después de una gestión desastrosa que empezó mal y terminó peor, sobre todo por el enorme retroceso en la vida democrática del país, hoy Felipe Calderón se presenta a sí mismo como un estadista y un demócrata. Sin importarle mantener las formas, en días pasados llamó a tomar las armas en contra de un gobierno legítimo avalado por más de 30 millones de votos.

Con esos antecedentes a cuestas, Calderón pretende obtener el registro de su “opción política” denominada México Libre.

Vapuleado por todos los frentes, empezando por el juez que conoce del caso de García Luna, así como por la ex embajadora Roberta Jacobson y el Actual embajador de Estados Unidos en México, Christofer Landou en lo externo, así como las acusaciones que pesan sobre él dentro del caso Lozoya y Etileno XXI en lo interno, Calderón se presenta como víctima de una persecución política. Pero sólo es un personaje oscuro y corrupto hasta el tuétano.

Con esos antecedentes, el Instituto Nacional Electoral debe impedir, a toda costa, el registro de esa supuesta alternativa política. Ya tuvieron oportunidad de ejercer puestos de poder y lo hicieron muy mal. Ya tenemos en el país, decenas de miles de muertos y desaparecidos. ¿Qué debe suceder para encarcelar a Calderón? ¿Millones de muertos?

El INE tiene en sus manos una determinación trascendental: no darle el registro de México Libre. Las evidencias de acarreo en las asambleas, las firmas falsas documentadas ad nauseam y todo el historial de los Calderón-Zavala, son motivos más que suficientes para que esos personajes impresentables para la Democracia mexicana, no vuelvan. 

Hoy expresó mi más profundo rechazo a la pretensión de registrar ese partido. Hoy parafraseo a Francisco I. Madero y les digo, #SufragioEfectivoNoCalderón.