Ellos le apostaron al fracaso de Andrés Manuel López Obrador, que -en realidad- era el fracaso del país.

Que se jodiera México. Que subieran los aranceles. Que se viniera abajo el peso. Que Donald Trump sacara uno o dos o tres tuits donde dijera que AMLO no, que con AMLO nada, que AMLO era una basura.

Eso querían, eso soñaban y a eso le apostaron.

Se frotaron las manos. Se las frotaron mucho.

Trump, para iniciar informalmente su campaña a la reelección, decidió anunciar que, si México no combatía la migración, le pondría aranceles a todos los productos nacionales a partir del 10 de junio. La administración de Andrés Manuel López Obrador tenía que evitar daños: parar las consecuencias negativas que una acción como la de Trump traería.

El Presidente Donald Trump. Foto: Win McNamee/Getty Images

Los de la oposición vieron, aviesamente, esta situación como un botín, y decidieron apostarle a que AMLO no podría negociar, y que eso desembocaría en una crisis de la actual administración federal.

No era cosa fácil salir bien librado de la amenaza de Trump: en menos de diez días el gobierno de México debía neutralizar al presidente estadounidense, emprender negociaciones, hacer presión, y todo en un contexto donde miles y miles estarían vigilando cada una de sus acciones.

Todo debía hacerse rápido, con el riesgo de errar, de fallar, de no pensar bien las cosas.

El Presidente Andrés Manuel López Obrador. Foto: Especial

Andrés Manuel se vio como un líder. Calmado, sin sobresaltos, llevó la presión hasta con risas en sus conferencias de prensa. Informó puntualmente. Reflexionó. Dio la cara. No cayó en las provocaciones de Donald Trump. No lo agredió. No emprendió una guerra comercial. No amenazó. Confió en todo momento en que se daría un acuerdo.

Siempre fue firme. Y siempre abogó por el diálogo, por la amistad, porque los pueblos de Estados Unidos y de México no se enemistaran, y porque los pueblos de América Central no fueran tratados como delincuentes, sino con humanidad y dignidad.

En diez días debía haber resultados. Todo contra reloj. El riesgo era enorme.

El Presidente Andrés Manuel López Obrador y el canciller Marcelo Ebrard. Foto: Especial

Andrés Manuel, aunque abonó al diálogo, tampoco se quedó sin presionar. En una jugada que nadie esperaba, ni siquiera Estados Unidos, decidió convocar a una manifestación en Tijuana. Un acto masivo donde se pidiera la unidad de los mexicanos y se abogara por mantener la amistad con los estadounidenses. La apuesta era el diálogo y la buena vecindad.

Trump eso no se lo esperaba: ¿Qué está haciendo el Presidente Mexicano?, seguramente se cuestionó ¿Para qué un acto masivo? ¿Qué pretende?

El plan de AMLO, de mezclar por un lado firmeza y por el otro una apertura total al diálogo y a la negociación, triunfó en siete días. Sí, en siete días.

El Presidente Andrés Manuel López Obrador. Foto: Especial

Mientras esto sucedía, entre la gente se levantó de forma natural un sentimiento de unidad nacional. De vamos México. De somos México. De queremos un México unido.

Y la oposición, el PAN y el PRD especialmente, y algunos empresarios (en particular los concentrados en la Coparmex), fueron en dirección contraria: criticar a AMLO, criticar el diálogo, criticar la concentración masiva, criticar las reuniones, criticar que se veía débil, criticar que se veía pendenciero, criticar todo. Todo. Y no aportar. No abonar a la unidad.

La oposición se miró mezquina, antimexicana y traidora.

La apostaron al fracaso de AMLO porque pensaban que eso sería: un fracaso. Porque pensaron que AMLO no tenía las capacidades para leer una posible crisis internacional. Porque lo siguen tratando como un político limitado y no como un líder que les ganó la Presidencia a pesar de fraudes y fraudes y fraudes.

El Presidente del PAN, Marko Cortés. Foto: Especial

Perdieron mucho los de la oposición. Lo poco que les quedaba se les hizo nada.

Ahora no solamente son una oposición corrupta, falta de ética y cínica. Ahora también son una oposición traidora.

Y eso, eso no se olvida fácil. Jamás se olvida.

Por su parte, mañana AMLO celebra con la gente. Tijuana será una fiesta. Una fiesta de esperanza: y de realidad.