El PRD fue una esperanza. Cuando irrumpió en la vida pública mexicana rompió las “dos opciones” electorales que se tenía en ese tiempo en el país: la de un PRI neoliberal y la un PAN también neoliberal.

Fu esperanza que en la Ciudad de México ganara el PRD y que Cuauhtémoc Cárdenas fuera su primer Jefe de Gobierno. Fue esperanza también que AMLO gobernara la Ciudad de México, y que, en 2006, tuviera amplias posibilidades de ganar la presidencia del país.

Pero el PRD se rompió en el camino, se pudrió. Y hoy es una vergüenza. Fue un partido dependiente de dos grandes liderazgos: o el de Cárdenas o el de López Obrador. Hoy es un cascaron donde lo peor que hubo siempre en el PRD, son los que lo dirigen.

Hoy, si el PRD fuera sólo en unas elecciones, perdería el registro. Es un partido de los chiquitos, quizás el más chiquito de los que hoy tienen registro. Un partido de izquierda que está aliado a la derecha, un partido que combatió al panismo y que hoy es uña y migre con el PAN. Un partido sin consistencia ideológica y que sólo aspira a que su dirigencia corrupta tenga cargos.

Ayer, en entrevista con Álvaro Delgado y Alejandro Páez Varela, Jesús Zambrano Grijalva, actual dirigente del PRD, dijo que Claudio X. González no es su patrón. ¡Mentiras! El empresario es quien ordena todo en la alianza del PRI-PAN-PRD, y sí, no parece patrón, sino dueño.

En eso terminó el PRD: en una cosa de uno de los empresarios más siniestros del país.

El PRD fue un día esperanza. Hoy es una decepción. Su realidad es la intrascendencia. Su futuro, la inexistencia.