¿De verdad Ricardo Anaya piensa que llevarse a su amplio equipo de producción audiovisual para “acompañar” gente humilde lo va a acercar al pueblo? ¿De verdad piensa que sus videos se ven “naturales”?

Ayer difundió uno donde se subió al Metro, y parecía que para él era un suceso. Y quizás lo era, ya que el panista seguro que no usa ese medio de transporte. Es más, hasta resulta chistoso que Anaya se impresiona porque en la “combi” van “apretados”. ¿De verdad dice esos absurdos? ¿De verdad tan alejado está del pueblo trabajador y su vida cotidiana?

Todo con los videos de Anaya está debidamente en su lugar: la producción está cuidada, la edición, las tomas, y hasta cada una de las palabras parecen sacadas de un guión. Nada natural. Nada. Todo afectado. Todo actuado.

¿De verdad Anaya piensa que por subirse al Metro ya se hizo “bien pueblo”?

Ricardo Anaya es una persona que, en lugar de transformarse en “líder moral” (si él acaso puede ser algo que contenga la palabra “moral”) de su partido, se ha vuelto una especie de chiste que saca videos cada semana. No es oposición. No establece una agenda. No tiene un proyecto de nación. No promueve una crítica al gobierno actual en cuanto a políticas públicas. No, lo que él hace son videos donde afirma: “miren, no soy fifí, soy pueblo, y por eso merezco su voto”.

Anaya no ha comprendido que él no nació en el pueblo y que ya es muy tarde para hacer “clic” con él. Es un político nacido en clase alta, que vive en clase alta, y que jamás será cercano a la gente. Debería explotar eso, que no está mal: un político tradicional de derecha. Que no haga el ridículo haciéndose el pueblo, y menos con un equipo de producción enorme, con una edición bien cuidada en cada video, y hasta con guión.

Tan mal está la oposición que, la única agenda que tiene es a un señor de clase alta queriéndose hace el chico pueblo.

Si piensa Anaya que con eso construirá su candidatura presidencial, está muy equivocado. Lo que hace es exhibirse en cada video. Así de simple.

Y su futuro son las carcajadas de la gente, no la presidencia.