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MÉXICO, D.F., 10JULIO15.- Bryan Reyes y Jacqueline Santana, presos políticos, acusado por la Procuradoría General de la República de robar a policías federales quinientos pesos, fueron liberados la tarde de hoy tras ocho meses de permanecer en prisión, después de que la misma institución federal se desistiera de la acusación. En compañia de sus abogados, Jorge Miranda y Guillermo Naranjo, realizaron una conferencia de prensa en el plantón instalado por la aparición con vida de los 43 normalistas de Ayotzinapa. FOTO: ADOLFO VLADIMIR /CUARTOSCURO.COM

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Tres jóvenes del DF temen ser asesinados como en Narvarte |ALACRANES

No ha transcurrido todavía un mes de la matanza de Narvarte y tres jóvenes habitantes del Distrito Federal –dos de ellos estuvieron presos injustamente– ahora son perseguidos por agentes encubiertos de la Secretaría de Gobernación con intenciones inconfesables.

Bryan Reyes Rodríguez, de 28 años, y su compañera, Jacqueline Santana López, de 22, fueron víctimas de desaparición forzada por parte de la Policía Federal a partir de las 14:30 horas del sábado 15 de noviembre de 2014.

Lydia Zárate Herrera, José Montiel Gómez y Luis Alberto Castillo Gordillo, elementos del área de Operaciones Encubiertas e Infiltración de la dirección de Inteligencia de la PF –a cargo entonces de Ramón Pequeño García, quien fue cesado en enero de 2015 tras la supuesta “fuga” del Chapo– secuestraron a Bryan y a Jacquie en la esquina de Fray Servando Teresa de Mier y Francisco del Paso y Troncoso para desaparecerlos.

Por fortuna, hicieron las cosas tan mal que un policía preventivo del GDF intervino e impidió que se los llevaran. La gente que pasaba por ahí se dio cuenta de los hechos, rodeó los vehículos de los secuestradores y éstos, luego de largas deliberaciones, se vieron obligados a presentarlos ante el Ministerio Público y a acusarlos de haber cometido un robo a mano armada.

El joven Bryan Rodríguez.

El joven Bryan Rodríguez Foto: Internet

Según la falsa denuncia que los tuvo presos desde ese momento hasta el 18 de julio de 2015, Jacquie y Bryan amenazaron con un cuchillo cebollero a Lydia Zárate Herrera y le robaron 500 pesos, mientras la agente encubierta de la PF se echaba unos tacos frente a la delegación Venustiano Carranza.

La brillante defensa del abogado penalista Sergio Soto demostró –con videos grabados por las cámaras de vigilancia de la zona y otros análisis– que ese día los puestos de tacos estaban cerrados, que el cuchillo presentado como evidencia no tenía huellas de ninguno de los acusados y que el billete de 500 pesos no tenía manchas de grasa o de salsa.

Ocho meses de infierno vivieron los dos jóvenes para probar su inocencia y quedar en libertad, pero la pesadilla todavía no termina. Hace cinco días (22 de agosto de 2015), Bryan, Jacquie y Wendy Reyes Rodríguez llegaron a la estación Sevilla del Metro a las 3:15 de la tarde y se pusieron a esperar a un amigo, cuando detectaron que eran seguidos por hombres armados.

Bryan relata que notaron la presencia de tres individuos, uno con playera blanca tipo polo, fumando cerca de la estación y mirando hacia un vehículo cuyo conductor vestía de traje y corbata, tenía lentes oscuros y un chícharo en la oreja, y se comunicaba por celular con un sujeto de camisa azul que también miraba insistentemente a los jóvenes.

Decidieron bajar a la estación y, mientras Bryan hablaba por celular con un amigo para reportar lo que estaba pasando, observó que otros hombres –dos de ellos con bolsas de plástico negras en las que ocultaban sus pistolas– intercambiaban señales con policías del Metro.

Cruzaron los torniquetes y se dieron cuenta de que sus perseguidores se apostaban junto a las vías, como si fueran a abordar el próximo convoy, pero pasaron dos trenes y no se subieron y Bryan, Jacquie y Wendy tampoco. Cuando el tercer tren paró, abrió las puertas, expulsó y admitió pasajeros, volvió a cerrar las puertas y de repente volvió a abrirlas.

Aprovechando la sorpresa, los tres jóvenes se metieron al vagón y las puertas volvieron a cerrarse, con excepción de una que fue trabada por los perseguidores. Cuando el conductor pitó para anunciar que reanudaba el viaje, los agentes de la PF se metieron al vagón al mismo tiempo que Wendy, Jacquie y Bryan se dirigían corriendo hacia los torniquetes de salida.

Jacqueline Santana. Foto: Internet

Jacqueline Santana. Foto: Internet

Afuera se acercaron a un miembro de la Policía Bancaria Industrial (PBI) y le pidieron que los acompañara a tomar un taxi. Estaban ya dentro del coche cuando una mujer, con una bolsa de pan en la que escondía un arma, caminó junto a ellos grabándolos con un teléfono y centrándose especialmente en el rostro de Bryan.

Músico y vendedor de hamburguesas vegetarianas, Bryan tiene una relación estable con Jacquie, pasante de economía, y muy buena amistad con su hermana Wendy, bailarina de danza contemporánea y artista plástica. Ninguno de los tres es activista político, pero si lo fueran tampoco tendrían por qué ser perseguidos. ¿A qué obedece el hostigamiento que sufren?

Cuando Jacquie y Bryan fueron secuestrados en noviembre, los agentes de la Policía Federal se obstinaron en sonsacarles sus contactos en redes sociales, en busca de otras víctimas del terror de Estado, que se manifestó nítidamente en el multihomicidio de Narvarte.

El abominable comportamiento del procurador del DF, Rodolfo Ríos Garza, tanto en el proceso que exoneró al ex líder del PRI capitalino, Cuauhtémoc Gutierrez, por el delito de trata, como en la “investigación” de Narvarte, liquidó la credibilidad de una instancia que debería ganarse la confianza de los ciudadanos y no su repudio.

Miguel Ángel Mancera y Rodolfo Ríos Garza. Foto: Internet

Miguel Ángel Mancera y Rodolfo Ríos Garza. Foto: Internet

Pero si en Narvarte es obvio que el regente Mancera protege al gobernador de Veracruz, dentro de lo que Edgardo Buscaglia ha denominado el “pacto de impunidad” en la cúpula de la narcodictadura, la indefensión que rodea a Jacquie, a Wendy y a Bryan no lo exculpa de lo que pueda pasarles.

Entre defensores y periodistas especializados en violaciones a los derechos humanos se tiene la percepción de que la política de terror contra los jóvenes, tanto en Iguala como en Narvarte, y contra las movilizaciones pacíficas callejeras, nos avisa del ataque de nervios que padecen continuamente Peña, los militares y los políticos que administran la represión, como medida preventiva y disuasoria ante un estallido social que por momentos parece estar a la vuelta de la esquina.

Por eso, con gran aplomo y sangre fría, Bryan Reyes ha difundido públicamente –como lo hicieran antes que él Rubén Espinosa y Nadia Vera– que responsabiliza al Estado “en toda su estructura, de nuestra seguridad y la de las personas cercanas a nosotros”, y que se “deslinda” de “cualquier robo, robo, riña, suicidio, secuestro, narcomenudeo, paro cardiaco y un sin fin de razones que podría inventar el Estado en caso de conseguir matarme”.

1 Comentario

1 Comentario

  1. Avatar

    José Minjares Robles

    28 agosto, 2015 at 11:49 am

    La “narcodemocracia” sigue con todo el ímpetu propio de los regimenes mas autoritarios, fascistas y sangrientos del planeta (idi amin, papa doc, hitler, stroessner, pinochet, etc.). México como me dueles, tan lejos de Dios y en manos del demonio PRIATO VERDE MANCERISTA. Jóvenes no están solos.

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