Las elecciones intermedias pasadas han puesto un tema muy interesante sobre la mesa: las clases medias en un contexto de transformaciones sociales.

Es bueno comenzar por algunas brevísimas definiciones que nos ayuden a comprender este tema escabroso, lleno de subjetividades y de opiniones que parecen no tener fin.

Para empezar, es necesario precisar la diferencia entre estratos y clases sociales. Por lo regular se aborda este tema desde la óptica cuantitativa, es decir, desde el nivel de los ingresos que recibe una persona; el problema de esta aproximación es que tiene un alcance superficial y apenas nos ayuda a comprender la problemática central. Se vuelve un punto móvil de referencias relativas de acuerdo con el nivel salarial que nos lleva a la división en estratos, de ahí que un eventual movimiento en nuestro salario nos lleva al paraíso de los altos ingresos o el infierno del salario mínimo.

En contraste, una visión cualitativa impone más elementos a considerar. No solo se trata de los ingresos sino del funcionamiento político y económico de un grupo social y de la idea de conjunto que se tenga de la sociedad. De aquí que el análisis conlleva el ingrediente ético para comprender el sentido de las valoraciones que se pueden hacer de los fenómenos sociales en los que se participa. Se trata de la contraposición de la visión individualista en contraste con una social integral.

Así, el problema surge cuando descubrimos que la descripción de los estratos habilita una ilusión meritocrática desde lo individual, es decir, todos estaríamos en posibilidad de aumentar nuestro ingreso por gracia de nuestro esfuerzo y dedicación. Con ello se deshabilita cualquier especie de conflicto entre los distintos grupos; todos actuarían de buena fe y sus resultados solo serían resultado de su propia historia atomística.

En contraste, el análisis de clase plantea que existen funciones diferenciadas en el organismo social de conjunto, que no solo se presentan unas al lado de las otras, sino que en realidad se encuentran en conflicto: lo que es beneficio para una clase es, por lo regular, una afrenta para la otra. O dicho de una manera sencilla: los beneficios para los trabajadores se contraponen al nivel de ganancias esperadas por los dueños del capital.

Y es que siempre se olvida que vivimos en el sistema capitalista. Karl Marx nos enseñó desde hace más de siglo y medio que el problema con este proceso de acumulación es al mismo tiempo que se produce muchísima riqueza, se produce un efecto secundario terrible: la producción de miseria en forma ampliada. De ahí que hoy en día podamos detectar con claridad la fuerte desigualdad estructural del 1% de ricos frente al 99% de pobres en el planeta.

El problema es que la riqueza producida se mueve por la gestión del 1% de los ricos. El estrato medio apenas participa en labores gerenciales y administrativas secundarias. Es decir, desde la óptica del análisis cualitativo se encuentran también socialmente subordinados a las necesidades del gran capital, aún cuando su consumo sea más amplio.

En suma, no es lo mismo encontrarse en un estrato medio y asumir la ilusión ideológica de la clase media. El punto central es la determinación individualista que activa la zozobra y el pánico de caer en las garras de la pobreza o la visión socialista global que activa la comprensión de que las relaciones sociales tienen que sufrir modificaciones para beneficio del conjunto y no solo de una de sus partes.

Por ello, los “clase medieros” son, en realidad, individualistas en su composición ideológica, son reactivos frente a movimientos que no los empujen de forma inmediata a estratos más altos. De aquí que sean proclives a la distorsión política y al harakiri social.

De aquí que es necesario que para el actual proceso de transformación se trabaje el fenómeno ideológico como un elemento material y central para la reorganización de las relaciones sociales. Insistamos: tener un ingreso medio no implica que se asuma de inmediato la ideología de “clase media”. Ello dependerá de la ética con la que se proyecte su función social: o se busca subir individualmente para después tirar la escalera, o se plantea la reorganización social colectiva para que nadie se quede atrás.