Desde que Julio Scherer falleció, Andrés Manuel López Obrador ya no lee la revista Proceso, y mucho menos cree que el semanario  represente un agente de cambio social. La declaración del mandatario salpicó chispas en las redes sociales,  y diversos medios de comunicación —comenzando por el propio Proceso— se tomaron muy a pecho las palabras del tabasqueño.

Andrés Manuel aseguró que Proceso “no se portó bien” con el gobierno que él encabeza, pero sin duda,  lo que más caló a los reporteros que se dieron cita en la ‘mañanera’ fue que les pidiera definir tomar partido y no esconder sus posturas políticas.

Portada de la revista Proceso. Foto: Internet.

Todo sucedió cuando el reportero del semanario, Arturo Rodríguez, le cuestionó a López Obrador la operación de compra-venta de Fertinal del sexenio pasado, el reportaje principal que Proceso presume en su portada esta semana,  sobre la  probable implicación de Ricardo Salinas Pliego en operaciones relacionadas con la empresa Fertinal.

Ante la respuesta del tabasqueño,  el reportero le insistió al mandatario que “no es papel de los medios portarse bien con nadie”.

“No, pero estamos buscando la transformación, y todos los buenos periodistas de la historia siempre han apostado a las transformaciones”, replicó el morenista, invitando con sus comentarios a seguir el ejemplo de  los hermanos Flores Magón y Francisco Zarco.

“Es muy cómodo decir yo soy independiente, o decir que el periodismo no debe tomar partido o apostar a la transformación. Es analizar la realidad, criticar la realidad, pero no transformarla. Es editorializar para afectar las transformaciones”, agregó el mandatario.

Antes de soltar las palabras que irritaron a más un reportero,  López Obrador comentó que salvo “honrosas excepciones”, la prensa “se pasó de noche el periodo neoliberal, todo el periodo de saqueo, de pillaje” y guardaron un “silencio cómplice”.

También señaló que hubo periodistas que sufrieron de persecución y  censura, como el caso de José Gutiérrez Vivó, a quien  “desterraron, se tuvo que ir, le dieron un asilo político y ahora vive en una situación, no debería de decirlo por él, pero muy lamentable, víctima de la represión del régimen pasado, no solo del pasado gobierno, más atrás”.

Cuando el intercambio de preguntas y respuestas había llegado a un punto álgido, el mandatario optó por recordar el trabajo del fundador de Proceso, Julio Scherer y cerrar la conversación. 

“(Editorializa) para conservar, no para transformar, o sea, que es lo que se ha hecho en el caso del Proceso, mucho en ese sentido. Por eso lo leo poco ya, desde que falleció don Julio Scherer, al que admiraba mucho, pero ese es otro asunto. Qué bueno que podamos debatir así”, añadió. 

Ante la declaración de AMLO, las reacciones no se hicieron esperar.

Álvaro Delgado, también reportero de Proceso tuiteó lo siguiente:

Sin embargo una usuaria de Twitter le respondió al periodista  con otro tuit que le recuerda el matrimonio entre María Scherer, hija del fundador de Proceso, con Juan Ignacio Zavala, primo de la esposa de Felipe Calderón, Margarita Zavala. 

Otro usuario de Twitter comentó:

Al corte de esta edición, el  director de la revista Proceso, Rafael Rodríguez Castañeda no había respondido la supuesta afrenta del mandatario. Su último tuit lo compartió este domingo para anunciar la portada del más reciente número. 

Fuentes allegadas a Proceso mencionan que el semanario no vive uno de sus mejores momentos en materia económica, y la revista estaría por abandonar el impreso para migrar por completo a una edición digital. Señalan que en los últimos tres años la empresa ha hecho recortes de personal para cubrir los gastos de su nómina. 

Antigua oficina de Proceso Jalisco, localizada sobre Avenida La Paz.

En la capital es poco conocido que Proceso tuvo una edición en Jalisco, comandada por el periodista Felipe Cobián Rosales, un suplemento que sobrevivió poco más de una década hasta que la dirección que encabeza Rodríguez Castañeda decidió cerrarlo en agosto del 2017, argumentando inviabilidad financiera.

Lo que no se dijo es  que el cierre de Proceso Jalisco (como se llamaba la edición) fue brutal  —salvo algunas excepciones— para los reporteros y colaboradores que ahí escribieron, pues no sólo se quedaron sin empleo, sino que además  dejó huérfana a la sociedad tapatía del periodismo crítico que ejercían estos.

Según lo comentado en ese entonces por algunos de los colaboradores de Proceso Jalisco, el cierre de la edición jalisciense les tomó por sorpresa pues ningún ejecutivo —comenzando por Rodríguez Castañeda— se ofreció a dar explicaciones de forma anticipada, quizás para evitar una demanda de orden laboral. 

Cuando hizo el anuncio del cierre (vía telefónica) Rodríguez Castañeda prometió indemnizar al cien por ciento a Alberto Osorio Méndez, uno de los dos últimos periodistas que quedaba en la edición Jalisco. Sin embargo, en lugar de hacer el depósito en la cuenta del periodista y analista político, el directivo turnó el caso con el subdirector administrativo de Proceso Alejandro Rivera para impedir que se expidiera el cheque de indemnización.

A casi tres años del cierre de la edición Jalisco, el periodista Osorio Méndez aún no cobra su liquidación, y pelea por ella ante la Junta de Conciliación y Arbitraje. 

Sobre el cierre de Proceso Jalisco existen pocas referencias, sin embargo el exreportero Jorge Covarrubias, quien trabajó en ese suplemento se dio a la tarea de develar algunos de los entresijos del semanario en un extenso artículo que publicó el portal Reverso.