Nuevo Orden, de Michel Franco, es una película donde un grupo de andrajosos y malévolos pobres irrumpe en una boda de la alta sociedad. Los pobres ⎼todos asesinos, delincuentes y malagradecidos⎼ masacran, animados por un invencible resentimiento social, a un grupo de buenos ricos que se la estaban pasando bien en su lujosa residencia del Pedregal.

Incluso vemos una escena donde los juniors están drogándose en buena onda. ¿Qué mal estaban haciendo estos jóvenes oferentes y bien vestidos para ser asesinados tan brutalmente por aquellas bestias desheredadas? ¡Ninguno! Su única falta, de acuerdo con esta trama, es ser millonarios. Y bonachones. Y funcionarios que reciben mordidas (que reciben en sobres y guardan en una caja fuerte).

Michel Franco ⎼que es el guionista, director y el mejor publirrelacionista de su propia película⎼ nos hace un mural de gente rica que, sin hacer caso a las distancias sociales, se muestran alegres, compasivos y bienhechores. En algún momento, la madre de la novia (y dueña de la residencia) incluso sale a regalarle dinero a uno de sus exempleados para que lleve a su mujer al hospital. Pero el pobre quiere más porque no le alcanza (o quizá porque, como dice el viejo cliché, los pobres no tienen llenadera). No por nada, en una de las escenas iniciales vemos a los malvados menesterosos irrumpiendo en un hospital (y no cualquier hospital, sino uno del IMSS, que el director no tuvo empacho en representar con siglas y todo) para sacar a patadas a unos ancianos enfermos y sustituirlos con sus propios heridos. ¡Ay, cuánta crueldad anida en el corazón de la gente pobretona!, según vemos aquí.

Los pobres, según la película de Michel Franco.

Ahora mal, la trama de esta película ⎼que ha ganado cualquier cantidad de premios internacionales (ya aburre enumerarlos), y también supo meterse su buena lanita del Fidecine⎼ fastidia por su incesante estigmatización contra los pobres, “esos salvajes ante el espejo”, que tanto detesta y caricaturiza el sociólogo Roger Bartra.

Esta cinta, que algunos críticos pazguatos han querido ver como una pieza “reveladoramente futurista”, se ha empeñado en retratar al ejército mexicano como una institución corrompida e infestada de violadores, secuestradores, indígenas (y pobres).

Otra de las delirantes viñetas que Franco nos obsequia aquí incluye a un grupo de sirvientas ladronas, resentidas (y pobres), que sólo se encargan de saquear la residencia, entre insultos y disparos a quemarropa. Una más de estas estampas nos revela a una legión de pobres que, salidos de quién sabe qué barrios hediondos (ah, sí, son de Nezahualcóyotl, como puede apreciarse en el puente de Cabeza de Juárez), aparecen armados hasta los dientes en esa residencia y, sin ton ni son, se ponen a matar ricos (que son buena onda y no entienden por qué esos mugrientos menesterosos comienzan a matarlos). Los pobres de Franco ⎼que una y otra vez repite los consabidos lugares comunes hasta la náusea⎼ utilizan un lenguaje soez y lacerante: “Putos ricos”, “Chinguen a su madre [los ricos], es por toda la lana que nos deben”.

El director de cine, Michel Franco

El director de cine, Michel Franco

Para conferirle mayor sensacionalismo a su producto, Franco decidió mostrarnos a una caterva de pobres que, una vez que han matado suficientes ricos, comienzan a asesinar y esclavizar a otros pobres, que se dejan tiranizar porque, claro, son pobres, y otra de sus taras es que no saben defenderse de otros pobres (ya ven que entre pobre y pobre siempre los hay más abusivos). De acuerdo con esta película, la gente que menos tiene, los grupos vulnerables -los pobres, pues- son rencorosos, violentos y crueles, como todo (buen) rico sabe.  Ah, porque los personajes de Franco no son simples menesterosos, sino cazadores implacables, ávidos de sangre (burguesa) y todo lo asolan a su paso.

Michel Franco, que siempre ha utilizado recursos manidos, efectistas y telenoveleros en sus cintas ⎼recordemos que En Daniel & Ana (2009) zanjó la cinta con un forzado incesto y en Después de Lucía (2012) intentó epatar a la audiencia con el acoso escolar que la protagonista sufre sordamente⎼ decidió retratar en su Nuevo Orden a una burguesía paralizada frente a una caterva de gente (de rasgos indígenas) que, como suelen representarse los “indios salvajes” en los más estólidos westerns gringos, llevan la cara pintada.

Cuando vemos en una escena el Ángel de la Independencia teñido de grafitis, como ocurrió en una marcha feminista del año pasado (donde las mujeres vestían precisamente de verde), vemos que los temores de Franco, al parecer, son los mismos de los ultraderechistas de FRENAAA, ese fanático movimiento que, mediante una serie de declaraciones sectarias que complacerían a tipejos como Hitler, Mussolini o Claudio X. González, han declarado que son una corriente que “sí ama a MÉXICO, y sí respeta a los ciudadanos que lo habitan”. ¡Cuidado con la dictadura del proletariado!, parece advertirnos esta delirante película, cuyo discurso parece apuntalar las fobias de FRENAAA.

Michel Franco nos hace un mural de gente rica que, sin hacer caso a las distancias sociales, se muestran alegres, compasivos y bienhechores.

En su trasfondo, la película de Michel Franco ⎼que carece del humor negro que Bong Joon-ho supo imprimirle a Parásitos y adolece de la violencia cinematográfica (y al mismo tiempo desquiciadamente poética) de las piezas de Gaspar Noé⎼ no pasa de ser un intento (fallido) por materializar la violencia extrema en el cine. En ningún momento de esta cinta nos sentimos sumergidos en la violencia natural (y destructora) del ser humano en su máxima expresión de realidad. Es decir: es una película fatua que carece de cualquier hondura psicológica.

Lejos de mostrar la decadencia de un grupo social (los pobres), el director jamás ahonda en la génesis de la violencia racial, discriminatoria y sexual que anida en el corazón de estos personajes. En el fondo, la pieza de Franco no pretende ser una alegoría, sino una denuncia de clase. Lo peor de todo es que ha sido incapaz de analizar a profundidad una situación de tanta relevancia como la desigualdad y se ha contentado con caricaturizar y menospreciar movimientos sociales tan importantes como el comunismo o el feminismo. En ese sentido, Nuevo Orden no es más que una hipérbole burguesa, una trastornada pesadilla, de lo que, según las alucinaciones del propio Franco, podría sobrevenirle a la élite mexicana cuando la clase trabajadora llegue al poder.