Se llaman Claudio los dos, y los dos tienen una X después de su nombre que precede al apellido González.

Hoy conocemos a este clan más por el hijo que por el padre, aunque el padre sigue activo.

Son empresarios los dos. Uno es hijo de papá. Y el otro está orgulloso de su hijo. Se han presentado siempre como “empresarios”. El primero no se presumía honesto. Porque además no lo era. Fue presidente del Consejo de Administración de Kimberly Clark de México y fue además parte del Consejo Mexicano de Negocios. Y especialmente, uno de los mayores méritos de Claudio X. González Laporte fue haber sido cercanísmo a Carlos Salinas de Gortari.

En 2006 encabezó un golpe de estado preventivo (así lo definió el inigualable Jaime Avilés) contra Andrés Manuel López Obrador.  Organizó a los empresarios, les sacó dinero y lo invirtió en guerra sucia. Si Felipe Calderón es un delincuente electora, Claudio X González Laporte también lo es.

Su hijo, Claudito, sí se presume como honesto. Y con eso ha hecho política. Ha fundado organizaciones que supuestamente “combaten” la corrupción o “apoyan la educación”, pero en realidad opera para beneficiarse él mismo, y también cumplir los deseos de su padre: acabara con Andrés Manuel López Obrador.

Creó Mexicanos contra la Corrupción y la Impunidad en tiempos de uno de los sexenios más corruptos que haya vivido México (el de Peña Nieto), y de ahí se hizo un nombre de “persona honesta”.

Pero nada más alejado de la realidad. Claudio X. González bebé es un monstruo…, de corrupción. Y también de odio.

Hoy maneja al PRI, al PAN y al PRD. Claudio representa a los integrantes de una élite empresarial muy molesta con AMLO, ya que éste les quitó privilegios y les impidió ser corruptos.

Claudio tiene la encomienda de golpear a AMLO siempre y en tdoo momento. La cuestión es que, por más dinero que invierten, nomás no obtienen buenos resultados.

Pero los Claudios no se detienen: papá e hijo apuestan a que AMLO pronto se vaya, al golpismo. Y lo hacen como si fueran unos empresarios ejemplares, pero en realidad son unos simples corruptos. Unos, eso sí, llenos de odio.