En los últimos meses se ha viralizado la serie “exponiendo infieles” del canal Badabun, de tal manera que, como sucede en el “mágico mundo de internet”, la popularidad de sus contenidos se ha traducido en millones de vistas…y de pesos.

El concepto principal de este programa consiste en que la conductora, Lizbeth Rodríguez, sale a las calles de Tijuana –y otras ciudades del norte– a recorrer restaurantes, parques o cualquier otro lugar frecuentado por parejas, a “premiar” la fidelidad -previa revisión exhaustiva de los teléfonos celulares de los enamorados-.

La mayoría de los capítulos terminan en el descubrimiento de alguna infidelidad por parte de los protagonistas –generalmente, de los dos-. Si a lo largo del capítulo hay golpes, drama o violencia… el éxito está garantizado.

No queda duda que a quien se le ocurrió esta versión millenial de “infieles”, es un genio –del mal– que ha entendido “la receta secreta” del entretenimiento en internet: cambió el medio pero los contenidos son los mismos que hemos visto desde hace décadas en la televisión. Es cierto, no hay nada nuevo bajo el sol, pero sí originales fórmulas para lucrar con él. 

Hay que confesar que es muy fácil “engancharse” en los videos de Badabun porque nos recompensan con el morbo, el goce de la venganza, la desgracia ajena, la identificación con la víctima o el victimario y, por supuesto, con la posibilidad de materializar aquella reflexión de Andy Warhol que dicta que “en un futuro, todos serán famosos mundialmente por 15 minutos”.

Ese futuro ha llegado… ya no hace falta ser una estrella de las novelas para ser el “escándalo” del chisme nacional, cualquiera puede convertirse en el video viral del internet, en un meme o en un hashtag, de manera voluntaria… o involuntaria.

A pesar de lo anterior, hay voces que han tratado de demostrar que, igual que con la añeja fórmula de la televisión de los noventas, se trata de casos ficticios y que Badabun no es real, como no lo eran los shows de “Hasta en las mejores familias” donde –de manera semejante a Badabun– había un tipo disfrazado de “seguridad” que mediaba los predecibles conflictos y agresiones físicas; la gran diferencia es que entre el público no hay personajes con máscaras de “hombres lobo” o “alienígenas” opinando, pero sí hay “mirones” que gritan frases emblemáticas de la cultura popular del internet, como por ejemplo: “amiga date cuenta”.

[“Hasta en las mejores familias” (Televisa, 2000) talk show conducido por, la después legisladora priista e icono del “cine de ficheras”, Carmelita Salinas. Nótese la seriedad del señor alienígena… ¿a quién se le ocurrió esa “genial” idea?]

Si me preguntaran acerca de mi opinión con respecto a la veracidad de los videos, la respuesta categórica sería: no lo sé. Hay veces en que hay serias inconsistencias, pero hay otras en las que sale todo muy natural. Pero de algo sí estoy seguro, preferiría que no fuera real.

Evidentemente, Badabun no premia la fidelidad, pero sí la desgracia, la confrontación y el morbo que produce ver la ruptura entre la vida privada y la vida pública. Para ejemplificar lo anterior, pensemos escatológicamente e imaginemos que Lizbeth Rodríguez nos preguntara si nos bañamos antes de salir, después nos comprometiera frente a las cámaras a demostrarlo y, finalmente, nos hiciera pruebas para respaldar nuestro dicho, revisando lo más profundo de nuestra intimidad para “premiar la limpieza” … así de nauseabundo sería y, de igual manera, habría miles de seguidores riendo a carcajadas por la gran iniciativa de “exponer cochinos”. Badabun representa la irrupción de la moral hipócrita en la intimidad ética.

Lizbeth Rodriguez y “Laura en America”. Foto Especial

“Exponer”, no “premiar”: ésa es la gran fórmula de Badabun, hacer notar la suciedad moral de la que todos –sin excepción- alguna vez nos hemos ensuciado bajo el señalamiento, el maniqueísmo de buenos y malos, o como dijera la emblemática “señorita Laura” (precursora del morbo televisivo por la vida privada) … “los desgraciados”.

Si verdaderamente se trata de casos reales, y los participantes firman un contrato para uso y cesión de imagen por los quinientos pesitos –sean infieles o no– venden su intimidad, reputación e incluso, integridad, a un precio risible, en comparación con las ganancias del programa.

En el mejor de los escenarios, la moraleja que deja este popular programa a sus espectadores es que hay que borrar los mensajes comprometedores del celular, pues al final del día la infidelidad es parte de la liquidez de nuestro contexto donde la tecnología nos dio el don de la ubiquidad, es decir, la capacidad de estar en varios lugares al mismo tiempo y vivir vidas simultáneas en el contexto de una moral contradictoria que asume que el amor es posesión.

A pesar de que hace unos días Lizbeth, la popular conductora, afirmó llorando que su conciencia le impide continuar con el programa (que en realidad parece ser una estrategia de marketing), este fenómeno de masas seguirá siendo el “hit” de la internet (con o sin Lizbeth y Badabun) hasta que llegue el próximo reciclaje de la televisión.

Y tú, ¿qué harías si un buen día escuchas a lo lejos “¿holamigos stedes son preja?” …