Ayer hubo elecciones en dos entidades del país: Coahuila e Hidalgo. En la primera se eligieron sólo diputados locales; en la segunda, nada más alcaldías.

Esas entidades tienen características muy singulares. Coahuila es tierra una mafia muy ladrona y terrible que ha dominado en los últimos años el estado: el clan de los Moreira. Por otro lado, Hidalgo, a nivel estatal, no ha conocido la alternancia: ahí siempre ha ganado el PRI.

Es decir, ambos son bastiones del tricolor.

Muchos pensaban que, con el triunfo de AMLO en el 2018 y los resultados obtenidos en dichas entidades, hoy habría un contundente triunfo de Morena. Eso era un error de cálculo y de análisis.

En principio, porque una elección presidencial es muy distinta a otras elecciones, y más a éstas donde no hubo ni candidato a presidente ni a gobernador.

Por ello, las mafias locales (a las que les interesa ejercer el poder local, no el nacional) juegan en estos procesos electorales con garra, con corrupción, con mañas, trampas, en fin, con todo.

Morena, según resultados preliminares, logró colocarse como segunda fuerza en Coahuila, desbancando al PAN. Esto es un hecho que no se veía. El norte siempre ha sido muy complicado para agrupaciones de izquierda. En las últimas elecciones en Coahuila (sin elección presidencial), las del 2017, el PRI y sus aliados obtuvieron el 38% de los votos; el PAN, el 36%; y Morena el 11.99%.

Para el caso de Hidalgo, según resultados preliminares, muchas alcaldías quedaron en poder del PRI, otras de Morena y algunas del PRD. Resalta que las más pobladas alcaldías las está ganando Morena. Esto contrasta con las elecciones de 2016, cuando Morena no logró ni el 10% en los municipios que hoy pelea.

Es decir, las elecciones no fueron una derrota para Morena. Sin embargo, sí demuestra que la aprobación de Andrés Manuel no es suficiente para ganar elecciones, y si no se soluciona el problema interno de Morena y se deja de dar el espectáculo lamentable que sus liderazgos han dado, será muy complicado ser competitivo en todo el país, como es lo que se espera en 2021.

Además, vimos en ambos procesos electorales que el PRI continúa con sus artimañas, y que las autoridades electorales, tanto locales como federales, se hacen de la vista gorda con dichas irregularidades y delitos.

Así, las elecciones de ayer no fueron una “rotunda derrota” para Morena, como es la narrativa que los de oposición buscan imponer. Pero sí es un mensaje claro: o Morena se pone a trabajar y comienza a recuperar la fuerza ciudadana que tenían en 2018, o será complicado que en 2021 se lleven el carro completo, y lo más importante, la capacidad para que el proyecto de AMLO continúe con mayoría en el Congreso hasta 2024.

Lo que sí es que el PAN está muy alicaído: no pinta. Y eso parece ser que no es privativo de Coahuila e Hidalgo, sino que sucede en todo el país.