El 8 de septiembre de 2020, en un artículo publicado en El Universal (titulado “Las elecciones del 2021”), Lorenzo Córdova escribió:

Es muy importante recordar que nadie encarna por sí mismo a la democracia. La democracia la conformamos todas y todos en nuestra diversidad y diferencia. Los tiempos en los que muchos se autoproclamaban como encarnación de la democracia deben quedar en el pasado. Frente al discurso y la postura que desde un extremo y otro pretenden imponer la idea de ‘”la democracia soy yo”, hay que reivindicar el hecho real de que la democracia somos todas y todos; la democracia la hacemos todas y todos y nadie debe estar excluido de ella. En la democracia cabemos todos.

Este mensaje iba dirigido, de forma velada, a Andrés Manuel López Obrador. Sin embargo, la cuestión es que ese mensaje debe estar dirigido a él mismo, a Lorenzo Córdova, y a su compañero del Consejo del Instituto Nacional Electoral (INE), Ciro Murayama. Ellos, parece ser, se han adueñado del concepto de democracia y sienten que son los únicos representantes de ella en México.

Sin ir más lejos, ayer, durante una presentación de libro, Ciro Murayama afirmó que hay una enfermedad “autoinmune de la democracia, es decir, que desde dentro surgen los movimientos que en nombre de la democracia pueden acabarla asfixiando y negando”. Y agregó, haciendo referencia a AMLO y a Morena:

El discurso populista tiene una vena profunda y autoritaria cuando no conceden ninguna legitimidad a sus adversarios, cuando los satanizan, cuando se burla de ellos, cuando los persigue, y se sale de los controles democráticos. El gobierno populista no se hace cargo ni siquiera de las cuentas que entrega, como el líder solo es líder del pueblo y no tiene voluntad propia, deben ser las cosas que el pueblo le pidió, y si no logra los resultados, la culpa debe caer en manos de los enemigos del pueblo.

Ciro Murayama y Lorenzo Córdova le están haciendo mucho daño a la democracia. Sólo enconan. Generan controversia y ésa no es la labor de los árbitros. Además, es evidente que ellos tienen un odio contra uno de los partidos (Morena) que hoy compite en la elección.

Ellos se sienten dueños de la democracia, de lo que sí es viable y lo que no. Eso es lo que tanto ellos mismos criticaron. Ellos no son dueños de la democracia, ni si quiera la representan. Y si están ahí donde están no es por ser demócratas, sino porque ahí los impusieron los que, durante años, hicieron fraudes y trampas.

Ya basta de estos señores que lo que están haciendo es descarrillar el actual proceso electoral. No se merecen ser consejeros. Le están haciendo mucho daño a la democracia en México.