Después de años de letargo en los que la derecha hizo lo que quiso en el gobierno, Colombia despertó. Los colombianos no han dejado de salir a las calles desde hace una semana para protestar por diversos temas económicos y sociales que parecían olvidados y excluidos de las agendas políticas de los gobernantes.

En medio de marchas, paros nacionales y cacerolazos, así han transcurrido los últimos días en Colombia, como si la ola de protestas vividas en los países vecinos hubiera contagiado a los jóvenes que en su mayoría han decidido tomar las calles frente a un gobierno de derecha que lo único que ha hecho es reprimir las protestas.

¿Por qué iniciaron las protestas?

El presidente Iván Duque, conservador social, llegó al poder en agosto de 2018 y hoy enfrenta un gran descontento social generalizado debido al aumento del desempleo, las reformas económicas y el deterioro de la seguridad.

Luego, a principios de noviembre se dio a conocer en redes sociales la muerte de al menos ocho niños en un bombardeo del Ejército contra organizaciones criminales, ocurrido en agosto, en el departamento de Caquetá, en el suroccidente del país.

La suma de motivos ocasionó que este jueves, 21 de noviembre, varias organizaciones sindicales colombianas convocaran a un paro nacional, al cual se sumaron también sectores como los estudiantes, profesores, líderes sociales, entre otros.

A esta multitudinaria marcha pacífica asistieron -según las cifras gubernamentales- 250 mil personas, aunque hay quienes afirman que se trató de más de un millón de personas.

La movilización estuvo caracterizada por cacerolazos, una forma de manifestación que también ha acompañado los recientes movimientos en Chile, Argentina y Venezuela.

El Ejército a las calles

La represión también ha sido protagonista en esta movilización. En la ciudad de Bogotá se decretó toque de queda el pasado 22 de noviembre, algo que no sucedía desde 1977. Esta medida fue levantada la madrugada del sábado.

El toque de queda se activó ante la reunión de miles de personas en la Plaza Bolívar, pero la multitud fue dispersada por las autoridades con gases lacrimógenos.

No obstante, testigos aseguran que algunos manifestantes se reagruparon en las calles cercanas para seguir cantando.

Según las autoridades de la ciudad, se reportaron algunos actos vandálicos, mismos que dejaron afectadas 76 estaciones y 79 autobuses del servicio de transporte conocido como Transmilenio, además de varios supermercados.

“Esta no es una marcha democrática. Aquí lo que tenemos es una minoría de delincuentes que destruye los bienes”, declaró en conferencia el alcalde de la ciudad, Enrique Peñalosa.

Por ello, indicó que el toque de queda abarcaría las zonas de Bosa, Kennedy y Ciudad Bolívar, pero luego anunció que sería para toda la capital, desde el viernes a las 21:00 horas  hasta las 05:00 del sábado.

Aún así, al ser levantada esta medida, el Ejército no abandonó las calles y siguen ejerciendo una fuerte represión.

Los agentes antidisturbios han disparado bombas lacrimógenas en varios puntos de la ciudad.

Un ejemplo del uso excesivo de la fuerza policial es el caso de Dilan Cruz, un joven de 18 años que sufrió un traumatismo craneoencefálico y se encuentra gravemente herido tras ser impactado con una bomba lacrimógena.

Ante la indignación de estos hechos, decenas de estudiantes pasaron la noche en vela frente al Hospital San Ignacio de Bogotá, acompañados de pancartas en las que se lee el mensaje “Todos somos Dilan”.

La indignación no le dejó alternativa a Iván Duque que pronunciarse ante los hechos y lamentar lo sucedido:

“He ordenado la investigación urgente de este caso para esclarecer rápidamente lo sucedido y determinar responsabilidades. Nuestra solidaridad con su familia”, escribió en su cuenta de Twitter.

Por este caso, al igual que el de “un significativo número de personas detenidas arbitrariamente y heridas gravemente”, ya han ocasionado que se advirtiera a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos de la gravedad de la situación que se vive en Colombia.

Los senadores Iván Cepeda y Antonio Sanguino indicaron que ninguna de las intervenciones de los agentes antidisturbios del sábado estaba justificada.

Pese a la represión y los toques de queda, los colombianos han perdido el miedo y pareciera, no dejarán de tomar las calles hasta transformar su país.