Por: Jorge Gómez Naredo (@jgnaredo)

22 de abril de 2018. El debate bien se pudo haber llamado “Todos contra Andrés Manuel”. Margarita Zavala, Ricardo Anaya, José Antonio Meade y Jaime Rodríguez “El Bronco”, todos tratando de “pegarle” a Andrés Manuel.

Querían descarrilarlo: y no les salió.

El Bronco, como es: un tipo sin chispa, machista, mentiroso, sintiéndose del “populacho”. Margarita Zavala, acartonada, sin ideas, mencionando puros lugares comunes. José Antonio Meade parecía que no había salido aún del set de televisión donde ha filmado sus spots de televisión. Y Ricardo Anaya como un robot, sin encanto, con todo memorizado.

AMLO en el debate presidencial. Foto. Especial

Andrés Manuel estuvo tranquilo, fue directo, respondió los ataques de sus adversarios cuando quiso y como quiso. Miró cómo se peleaban entre ellos, debatiéndose quién era más corrupto. Fue fácil el debate para él.

Ahora bien, las propuestas: ¿se puede explicar cómo rescatar al país en dos horas?  ¿Se puede hablar de corrupción, violencia, carencias educativas, marginación, inequidad, etcétera, en unos cuantos minutos? ¿Se pueden agotar los temas? Evidentemente no. Por ello, un debate no es para explicar todas las “propuestas”, sino para mencionarlas y especialmente para observar cómo reaccionan los candidatos.

Así pues, el debate no es para armar un plan de trabajo, sino para establecer pautas y observar si los candidatos conocen de lo que hablan. No se puede, en un debate, conocer de fondo un proyecto de nación. Ni tampoco se puede saber en un debate si una propuesta se va a cumplir.

Margarita Zavala, Ricardo Anaya, José Antonio Meade, Andrés Manuel López Obrador y Jaime Rodríguez previo al inicio del debate presidencial. Foto: Especial

A partir de esto, lo que hubo en el debate fueron ideas generales y no planteamientos profundos, porque eso es imposible en 120 minutos. Ahora bien, en este debate, quien se vio más seguro, más claro en sus planteamientos, más capaz, ése fue Andrés Manuel.

Los demás lo atacaron: si hablaban de pobreza, decían que AMLO era malo; si hablaba de corrupción, decían que AMLO era malo; si de hablaba de educación, decían que AMLO era malo; si se hablaba de economía, decían que AMLO era malo.

Así fue el debate, todos contra AMLO. Querían descarrilarlo: y no les salió. Y es que, cómo, desde la corrupción del PAN y el PRI, desde el cinismo del PAN y el PRI, desde el desastre económico del PAN y el PRI, se puede descarrilar a alguien que plantea algo diferente.

Pues no, no se puede.