Después de las elecciones, nuestro país se enfila a vivir el segundo tramo del actual gobierno de transformación. Se ha superado la zona peligrosa de inmovilidad que hubiera provocado que el partido en el poder perdiera su fuerza en el congreso. Para fortuna de nuestra historia, este no es el caso y ahora se podrá avanzar en seguir transformando la estructura económica de este país.

Y es que debemos empezar por no confundir entre estabilidad macroeconómica como fin en sí mismo y una visión de medio e instrumento para alcanzar los objetivos emanados del mandato popular: Por el bien de todos, primero los pobres.

Toda la primera parte del gobierno ha ido avanzando lento (pero sin pausa) rompiendo ortodoxias y generando condiciones de transformación sin provocar desequilibrios sorpresivos que descarrilaran el proyecto. Para ejemplo de esto, tenemos que, contrario a lo que pregonaron los neoliberales por años, el aumento de salarios no impactó en un aumento desquiciado de la inflación.

Es preciso señalar también que la llamada austeridad republicana, lejos de significar ahorros ciegos que pusieran en peligro cualquier operación gubernamental, presentó resultados importantes de ahorros, pues México ha podido transitar la pandemia sin deuda adicional, lo que significa que el grado de soberanía frente a los mares de las fuerzas trasnacionales, se mantiene al alza.

No quiero dejar de mencionar la importante de la inversión que también sigue su curso en el sur del país, abonando otro tanto en materia de soberanía energética y de preparación para el desarrollo social (un caldo que se cocina a fuego lento), tal es el caso de la refinería Dos Bocas, el tren maya, el cruce transístmico y sembrando vida, por mencionar las más importantes.

Tengo la confianza en que Rogelio Ramírez de la O aporte su experiencia en Hacienda, para seguir fortaleciendo los trabajos rumbo a la justicia fiscal y tocando las cuerdas más sensibles de una inercia tecnocrática que no termina de disiparse del todo.

Ahora, de cara a este segundo tramo del sexenio, se tocará uno de los puntos más interesantes: la ortodoxia en el Banco Central. Siendo esta la cuna de la política monetaria es la puerta de conexión con los ríspidos mercados globales. Sepa el lector que los poderes de los grandes capitales financieros dependen de distintas estaciones a lo largo y ancho del planeta para poder ejercer su poder.

Es por esto por lo que el Banco de México siempre busca defender su “autonomía”, no por razones técnicas, sino porque sus relaciones y compromisos se encuentran con poderes extraterritoriales dentro de la geopolítica mundial.

Así, será de gran interés para el análisis el que podamos plantear ahora el tema de la soberanía monetaria, es decir, que la política con perspectivas sociales también pueda volverse de influencia estratégica en una institución tan importante como el Banco Central.

Hace pocos días que el gran filósofo Enrique Dussel señaló que lo que se jugaba en estas elecciones era parte del proceso de independencia, pero ahora con respecto a EUA. El campo monetario será un buen escenario para abonar a esta discusión.