Esta semana, un puñado de periodistas “lanzó”, desde las páginas de El Universal, un mensaje de solidaridad para respaldar a “colegas e intelectuales que son agredidos por el presidente, [esta estorbosa coma es cortesía de ese periódico] Andrés Manuel López Obrador”.

¿Y quiénes son los protagonistas de este mensaje? Pascal Beltrán, Carlos Marín, Macario Schettino, Paola Rojas y Héctor de Mauleón, entre otros. Y es que estos periodistas que se autoproclama solidarios, en efecto, han demostrado ser muy solidarios y amigables con algunos personajes. Sobre todo si esos individuos (que pueden apellidares Calderón y haber sido presidentes de México, por ejemplo) los invitan a viajar ⎼y mejor si es en avión⎼ con todas las comodidades.

Pascal Beltrán del Río, acompañando a Felipe Calderón en el avión presidencial.

Esos periodistas solidarios, que a veces no sonríen tanto porque un día descubren que sus patrones han decidido sustituirlos por personajes menos aburridos y más virulentos, son también periodistas estoicos porque, haciendo de tripas corazón, demuestran que son capaces de recibir, incluso con elogios y aplausos, a quien está destinado a suplantarlos (y que jamás deja de sonreír, engreído, mientras el desplazado yace con la mirada extraviada en el frío abismo de una mesa de radio).

Pascal Beltrán del Río y Ciro Gómez Leyva.

Pero a veces la solidaridad de estos periodistas se topa con el cochambroso muro de la manipulación y, por defender al viejo régimen que otrora tanto les pagaba, se permiten, ahí como no queriendo la cosa, adulterar los argumentos y conceptos intelectuales de algún colaborador subversivo con tal de agradar a sus jefes (aunque esos señores malagradecidos los hayan sustituido sólo por ser locutores grises y soporíferos). Y es ahí cuando el colaborador afectado, con menos tolerancia que el periodista solidario, en un acto inesperado, decide renunciar desde las benditas redes sociales a un espacio que, liderado por un periodista solidario, reprime y coarta la libertad de expresión.

Luego, intentando contener un poco el repudio generalizado, estos periodistas solidarios ofrecen una hipócrita disculpa, no muy bien redactada, pero, básicamente echándole la culpa a “un editor” y sin mover un dedo para resarcir el daño ni tratar de salvar la poca credibilidad que les queda.

Otros periodistas solidarios ⎼tristemente célebres por haber traicionado a sus maestros, pero que ya no recuerdan sus perjurios porque tienen la mente (y la estatura) corta⎼ un día tienen la desvergüenza de aparecer inopinadamente en el funeral de algún maestro traicionado, pero sólo para encontrarse con que la familia y los auténticos amigos quieren sacarlo a patadas.

Otros periodistas solidarios, que gustan mucho de pegar gritos (particularmente en los foros empresariales donde, por alguna sin razón, pagan bien sus actuaciones), un día tienen la ocurrencia de unir fuerzas con personajes afines e iniciar una cruzada que, rebasando los desvaríos de cualquier mundo bizarro, mezcla tópicos políticos con ovnis, cabezas calvas con tupidas barbas canosas y monólogos en vivo que terminan con un emocionante arresto policiaco por intoxicación.

La familia Ferriz más Macario Schettino.

El hijo de Pedro Ferriz, Pedro Ferriz Híjar.

Por otro lado, también hay periodistas solidarias que, un minuto después de ofrecer al público información muy seria desde los estudios de cierta empresa televisiva, se conceden tiempo para salir a presumirle al mundo que, luego de algunos sin sabores (que incluyen a un exesposo futbolista que se solaza tomándose pequeños videos sicalípticos), por fin, ha encontrado el amor. ¡Un amor viajero! ¡Un romance empresarial! Y digno, por supuesto, de aparecer en una portada de Tvnotas.

La conductora Paola Rojas, por fin enamorada.

Finalmente, hay periodistas solidarios que se presumen como bravíos denunciantes del poder político y como arriesgados cronistas del narcotráfico, pero que, paradójicamente, sólo son capaces de esbozar una tímida sonrisa cuando, luego de participar en un foro que colma de panegíricos y adulaciones al sector privado, se encuentran en medio de aquellos empresarios que pagan sus servicios de vocería. ¡Qué revelador resulta observar, justo en ese momento, a estos periodistas solidarios! ¡Resulta un poco enternecedor mirarlos ahí, anclados como floreros, sin atreverse a participar (ni a interrumpir) la amena charla de sus patrones!

Héctor de Mauleón, sonriente.

Y ellos son, como pueden ver, los periodistas solidarios. Los intelectuales libres que, más allá de traicionar, tergiversar o manipular, denuncian maltrato.