En colaboración con David Toriz

Hablar de “mitos” de la historia y contraponerlos a una especie de suprema verdad ha sido uno de los recursos ideológicos preferidos para descalificar la historia de los vencidos e imponer la visión de los vencedores.

Si la verdad es una sola, los mitos sólo son aproximaciones, relatos no científicos, leyendas de la gente o creencias “premodernas” que se oponen a la versión única que el pensamiento colonial impone como “sentido común”.

Tenemos un ejemplo reciente: las descalificaciones a la petición del gobierno mexicano al de Austria para que sea restituido el Penacho de Moctezuma como parte de nuestro patrimonio cultural, y cuyo planteamiento ha sido caracterizado por el conservadurismo como la pretensión de alimentar “los mitos del pasado”.

Detalle del penacho de Moctezuma.

Se ha argumentado la imposibilidad “técnica” de transportar o mover la pieza en cuestión. “Tal vez en diez años la tecnología lo permita”, declararon los especialistas austriacos con la acotación en tono sarcástico: “si se teletransporta, como en Star Trek.

Historiadores mexicanos de tufo positivista secundan el argumento tecnicista. Han referido las supuestas ventajas que el preciado plumaje tuvo en su trayectoria histórica al aparecer en propiedad de un príncipe extranjero, que porque en México -afirman- “no se conservó ninguno así”.

Lo que dichas voces valoran de su idea del pasado también lo aplican para el presente, pues consideran que la demanda de restitución sólo es una petición simbólica y política, cuyas dimensiones carecen de la importancia o contundencia de los argumentos científicos y académicos: de su verdad que enarbolan.

Pero fueron los propios estudiosos europeos quienes crearon la narrativa acerca de que este ejemplar único del arte de la plumería mesoamericana perteneció al tlatoani mexica Moctezuma Xocoyotzin, y que fue él mismo, subrayando: el mismo Moctezuma quien lo obsequió al conquistador español Hernán Cortés entre 1519 y 1520. Un “regalo” con propósitos diplomáticos, que justificaría una manera legal de haberlo obtenido para quienes hoy lo detentan.

La versión del “regalo” es la que prevalece para legitimar la propiedad de la pieza que han mantenido los europeos desde el siglo XVI: así lo obtuvo Hernán Cortés, y a su vez él decidió “regalarlo” al mismo emperador Carlos V, miembro de la casa de los Habsburgo, quienes terminaron llevándolo a uno de sus castillos.

En Austria, el Penacho ha sido una pieza de la colección particular del archiduque Fernando de Tirol, formado parte de su gabinete de curiosidades en el castillo de Ambras, cerca de Insbruck; un tipo de colecciones que la vieja nobleza europea, y más tarde la burguesía, atesoraron como objetos “exóticos”.

El Penacho se mantuvo como parte de colecciones particulares hasta el siglo XIX, en que pasó a posesión del Imperio Austrohúngaro, también como parte de un gabinete en el Imperial y Real Museo de Historia Natural, ya que la ciencia de ese tiempo acostumbraba catalogar a los pueblos no occidentales como una rama más de la naturaleza a clasificar. Bajo esta concepción de peculiaridad y exotismo se conformó la colección etnográfica que significó la base para el Museo de Etnología de Viena, donde se exhibió al público por primera vez en 1961.

Vale la pena replantear la pregunta y no quedarnos solo en la ruta por las manos que siguió el Penacho: ¿por qué llegó a Europa este emblema mexica?

Frecuentemente se ha citado la primera carta-relación escrita por el cabildo de la Villa Rica de la Vera Cruz en 1519, que encabezaba Hernán Cortes, documento donde se anexó un recuento del Quinto Real que enviaban como tributo por derecho de conquista.

Encuentro entre Hernán Cortés y Moctezuma, código Durán.

Ahí vienen enlistadas varias piezas de plumería, casi siempre acompañadas de oro, por ejemplo: “una pieza grande de plumaje de colores que se ponen en la cabeza, en que hay a la redonda de ellas sesenta y ocho piezas pequeñas de oro, que será cada una como medio cuarto, y debajo de ellas veinte torrecitas de oro” (Hernán Cortés, Cartas de Relación, México: Editorial Porrúa, 2002 pág. 31)

En esta breve descripción se ha pretendido reconocer el penacho en cuestión y usarla como prueba de regalo que recibió Cortés, aunque no corresponda con la pieza que se conserva en el actual Weltmuseum Wien (Museo del Mundo)

Aun así, se han utilizado las cartas de relación de Cortés para sostener esta versión, y al mismo tiempo explicar cómo llegaron otros objetos preciosos a las colecciones europeas. Pero se hace poco caso a un detalle que el mismo conquistador describió, pues cuando recibió los presentes que enviaron los emisarios de Moctezuma, éstos venían acompañados de una petición explícita: que el invasor no siguiera avanzando y regresara al oriente a cambio del tributo que le estaban entregando.

Ahora ponemos poca atención al hecho que los “regalos” de Moctezuma Xocoyotzin y los dones tributados nunca fueron correspondidos. A la concepción de reciprocidad de los pueblos mesoamericanos se antepuso la avaricia por el oro que esos obsequios despertaron en la tropa española, y que los animó a avanzar territorialmente a pesar de la incertidumbre legal y las amenazas desconocidas. Este avance rápidamente pasó a incursiones violentas con intenciones colonizadoras que siempre fueron concebidas por sus autores como campañas de conquista.

La restitución de los bienes expoliados a los pueblos sujetos a invasiones es parte de los derechos reconocidos por instancias internacionales como la UNESCO, y de las reivindicaciones políticas para descolonizar las actuales relaciones.

En el proceso histórico de la Cuarta Transformación de México, la restitución del llamado Penacho de Moctezuma se ha inscrito en la ruta de construir desde abajo y entre todos el 2021 como el año de la Independencia y la Grandeza de México, con una serie de actos culturales que resalten la importancia del cambio cultural y de mentalidades, y no sólo de los cambios económicos y sociales promovidos por el régimen que está naciendo.

La descolonización como motor del cambio cultural significa desterrar el racismo y el clasismo heredados por décadas de negación del México profundo, bajo el enfoque de redimir y restañar las heridas hechas a los pueblos originarios, que superaron el exterminio y son el fundamento de valores éticos y morales que poseemos todos los mexicanos.

El complejo de superioridad del colonizador frente a los colonizados se ha expresado históricamente en negar el derecho de los pueblos indígenas a recuperar las evidencias de su pasado, que fueron violentamente arrebatadas, ocultadas o destruidas.

Por ello, la demanda que ha encabezado el presidente AMLO de recuperar el Penacho, algunos códices y otras piezas mesoamericanas ha recibido un irracional desprecio de los conservadores que, en su mentalidad, se sienten herederos de esos reyes, nobles y conquistadores.

 

Para salvar la discusión y dar una salida diplomática, el presidente Andrés Manuel López Obrador, publicó el pasado jueves 3 de diciembre un decreto en el Diario Oficial que modifica el artículo 37 del Reglamento de la Ley Federal sobre Monumentos y Zonas Arqueológicos, Artísticos e Históricos, lo que permitirá a la Secretaría de Cultura celebrar acuerdos con órganos de gobiernos o instituciones extranjeras para el traslado temporal de monumentos arqueológicos, artísticos o históricos que se encuentren en instalaciones de gobiernos o institutos culturales y científicos extranjeros. El decreto señala que dicho traslado deberá llevarse a cabo de conformidad con los instrumentos y disposiciones jurídicas aplicables en la materia.

Esto posibilita una salida justa, digna y jurídica ante la negativa para la devolución permanente del Penacho y de otras piezas, y en adelante no hay justificación para que en Europa se insista en la versión de que la pieza llegó como regalo y no fue parte del saqueo colonial, y que por ello ni siquiera puede prestarse temporalmente.

Bajo esta nueva lógica, una comisión técnica podría definir aspectos científicos y tiempos del traslado del Penacho, y en su caso el gobierno de Austria podría dar una muestra de voluntad favoreciendo este nuevo camino, pues aunque el proceso técnico tarde años, se darían muestras claras de que no se pretende mantener de manera soterrada la mentalidad colonial para ni siquiera exhibir la pieza a su lugar de origen.

El 25 de marzo de 2021 se celebrará el día de la resistencia de los pueblos originarios en Champotón, Campeche, como “una forma de resignificar también el proceso de conquista”. El 3 de mayo se realizará la Ceremonia de la Cruz Parlante y fin de la Guerra de Castas en Felipe Carrillo Puerto, Quintana Roo, como acto de perdón a los pueblos mayas y otras culturas originarias. El 12 de mayo se recordarán los 700 años de la Fundación de México-Tenochtitlán con la recuperación del Lago de Texcoco, que tiene la función de legado fundacional que en otro sentido también tiene el penacho y los códices históricos. El 13 de agosto se recordarán los 500 años de la memoria histórica de Tenochtitlán. Y el 28 de septiembre la ceremonia del perdón al pueblo yaqui y otros pueblos originarios.

El penacho de Moctezuma en el Muso de Etnología de Viena.

Con la premisa de poner en el centro la Grandeza de México, se vislumbran estos actos no como fechas coyunturales, sino como el trazo de un cambio cultural de largo aliento, donde algún día mujeres, hombres, niñas y niños de la Patria puedan ver y leer con sus propios ojos el Penacho, cuya ficha técnica que hoy yace allende el océano y que a la letra dice:

Está confeccionado con más de 400 plumas de quetzal, martín pescador, pájaro vaquero, espátula, charlador turquesa y otras aves no identificadas, anudadas a una estructura en forma de abanico de 27 varillas y está adornado con botones de latón con chapa de oro. Tiene una altura máxima de 116 cm, un ancho de 178 cm y pesa alrededor de un kilo. Data de por lo menos 1520.

Hace quinientos años que se lo llevaron como tributo, hoy debe regresar como memoria.

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