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Polemon | 13 diciembre, 2017

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Sismos y oportunismos

Sismos y oportunismos

Por: Francisco Félix Cárdenas

Es inevitable hablar del tema en boga en los últimos días en todos los espacios de la prensa nacional y las redes sociales. Es inevitable también disentir de la opinión mayoritaria por las razones que se expondrán. El contexto es por todos conocido: el pasado 7 de septiembre un primer sismo con epicentro en Pijijiapan, Chiapas causó enormes destrozos en dicha entidad y en Oaxaca.

Pasaron algunos días y cuando parecía “normalizarse” el siniestro, justamente el 19 de septiembre, en el aniversario del mítico sismo de 1985, ocurrió un nuevo sismo, esta vez con epicentro en Axochiapan, Morelos, que causó enormes destrozos en la capital del país, Puebla, Morelos y el Estado de México.

A partir de entonces el país ha estado envuelto en una atmósfera de rabia, dolor, pero también solidaridad, entrega y compañerismo. Decenas, cientos de publicaciones de Facebook, Twitter; videos de destrucción de edificios e historias de rescates heroicos o simulados; crónicas de “Frida”, la perrita rescatista; rostros de gente humilde que va y entrega lo poco que tiene con tal de ayudar; números de emergencia; domicilios de centros de acopio; llamadas y mensajes constantes para estar en contacto con familiares y amigos… Pero no es de todo esto de lo que quiero ocuparme, sino de una iniciativa que surgió con fuerza, sobretodo a raíz del sismo del 19 de septiembre y que tiene que ver con el financiamiento público a los partidos políticos, misma que ha motivado el oportunismo de diversos actores y que puede tener implicaciones gravísimas no dimensionadas por la opinión pública. Vayamos por partes.

Voluntarios buscan entre los escombros en un edificio que colapsó en la colonia Roma en Ciudad de México, el martes. Foto: Eduardo Verdugo/Associated Press

Tras el sismo del 7 de septiembre, Andrés Manuel López Obrador propuso destinar el 20% de las prerrogativas que recibiría MORENA para gastos de campaña en 2018 a la ayuda de los damnificados. De inmediato surgieron las acusaciones en su contra tachándolo de “oportunista”, y es que es bien sabido que cualquier cosa que haga, no haga, diga o no diga el dirigente nacional de Morena, siempre es motivo de descalificación de parte de la opinión pública y diversos sectores que ven amenazados sus intereses por el Proyecto de Nación que encabeza.

El propio INE se apresuró también a calificar de “ilegal” la propuesta, aduciendo que la normatividad no permitía el desvío de los fondos destinados para las campañas de políticas. Parecía que ahí quedaría el debate. Pero todo resurgió tras el sismo del 19 de septiembre. La escala fue inusitada. De inmediato se sumaron voces en redes sociales exigiendo que los partidos políticos entregaran todo su financiamiento. Se creó una petición en el portal “change.org” y se invitó a la ciudadanía a suscribirla. La presión se incrementó.

Nuevamente los partidos políticos aparecieron como la “piñata de moda” de la opinión pública para ser culpados y exhibidos como los “culpables de todas y cada una de las desgracias del pueblo mexicano”. Aprovechando el enorme desprestigio de los partidos (bien ganado en general, aunque no en todos los casos), los medios de comunicación, los organismos empresariales disfrazados dizque de “sociedad civil”, personajes de la vida pública nacional, artistas y demás, insistieron en que los partidos debían donar sus fondos de campaña del 2018 para ayudar a los damnificados.

La presión se incrementó. López Obrador subió su ofrecimiento al 50% de la prerrogativa de campaña. Luego, el viernes 21 los dirigentes de los partidos que conforman el dizque Frente Ciudadano (PAN, PRD y MC), sintiéndose acorralados, salieron a ofrecer desprenderse del 100% de la prerrogativa de campaña. Ese mismo día en la noche, López Obrador salió a tomarles la palabra y al día siguiente Morena en su Consejo Nacional aprobó la medida. El PRI, el Verde y el PANAL también se han pronunciado a favor. ¿Triunfo ciudadano? ¿Por fin se hizo justicia? ¿La “sociedad civil organizada” derrotó a los partidos políticos? Vamos con calma.

El 99% de la población mexicana que se enteró de los sismos seguramente celebrará la donación del 100% del financiamiento público a los partidos para los damnificados. Yo, sin embargo, no me cuento entre ellos e intentaré explicar por qué. No es la primera vez que, ante una situación de emergencia o crisis nacional, se busca exhibir a los partidos políticos como los “culpables únicos u originales” de todos los males que aquejan al pueblo mexicano.

Insisto: en parte muchos de ellos se lo tienen bien ganado pues sistemáticamente han demostrado gobernar sólo para la defensa de sus intereses y privilegios, olvidando en todo momento al pueblo, y burlándose de él. Eso es innegable. No obstante, debe advertirse lo “fácil” que resulta para los actores políticos (gobernantes, artistas, empresarios, columnistas, líderes de opinión), encontrar a un culpable, etiquetarlo, señalarlo y lavarse las manos. Es como si de pronto los partidos fueran los únicos culpables de todo y el resto no tuviera nada qué ver.

Recordemos la inconformidad suscitada por el gasolinazo en enero de este año que llevó a miles a protestar y movilizarse en las calles. ¿Qué hizo Aristóteles Sandoval, Gobernador de Jalisco? Salió de forma oportunista a proponer la eliminación del financiamiento público a los partidos políticos. (Sobre ello he hablado ya en otro momento) Gravísimo. Se olvida que el financiamiento público a los partidos es un logro histórico del pueblo en su lucha por lograr una sociedad democrática. Se dice, sin embargo, que dicho financiamiento es excesivo. Cierto. Que debe reducirse. Cierto. Que se han cometido abusos. Cierto. Pero la solución a todo esto no es quitar de tajo el financiamiento.

Recordemos su esencia: evitar que la política esté controlada por los dueños del dinero y que sean ellos los que decidan e inclinen la balanza de uno u otro lado. Seguramente en este punto, los lectores dirán: “pero eso ya sucede de todas formas”. Quizá, pero sería aún peor si no hubiera financiamiento público. Es tan absurdo como decir: “ya ocurre el asesinato, entonces hay que legalizarlo”. ¡Claro que no! Debe combatirse. Con esa misma lógica, el PRI y el PAN aprobaron en 2012 una reforma laboral que favoreció a los patrones y disminuyó los derechos de los trabajadores.

Decían, por ejemplo, “es que la subcontratación (conocida como outscourcing) ya existe, entonces hay que legalizarla y regularla”. ¡Por supuesto que no! ¡Lo que había que hacer no era regularla, sino diseñar medidas que la sancionaran de manera ejemplar hasta erradicarla! Pero es más fácil tomar el otro camino que ir al fondo del problema. Así pasó con la reforma laboral y así parece estar pasando también con el tema del financiamiento público a los partidos políticos.

Es importante que la ciudadanía exija reformas legales que reduzcan de manera notable el gasto en las campañas, lo cual no toca solamente a los partidos políticos, sino también al INE y a otras instituciones electorales. Quien se oponga a ello, sería un obstinado. Sin embargo, eliminar por completo el financiamiento público a los partidos políticos va contra toda lógica: ¿de dónde se espera que se financien las actividades tendientes a la obtención del voto? ¿Del narco, de empresarios corruptos? Por supuesto que no. ¿De la militancia? Quizá. Pero eso no ajusta. No al menos en partidos conformados en su inmensa mayoría por personas humildes y con serias dificultades económicas.

¿Quién se beneficia con todo esto? ¿Los ciudadanos? ¡Por supuesto que no! Los partidos de siempre que tanto daño le han hecho a México y que son los culpables, precisamente, del hartazgo ciudadano con la política: PRI, PAN, PRD, Verde y demás partidos parásitos. Esos partidos no tendrán empacho en recurrir a mecanismos ilegales de financiamiento privado (narco, empresarios corruptos) o público (desvío de recursos del erario), con la connivencia de la corrupta autoridad electoral. Mientras tanto, la ciudadanía cree que con eliminar el financiamiento público ya se resolvió el problema. Falso: eso es sólo optar por la demagogia sin ir a la raíz.

Muchos de quienes festinan la eliminación del financiamiento público a los partidos son los mismos que quisieran que éstos no existieran. Dicen que son corruptos, que han engañado al pueblo y vivido a sus costillas. Otra vez, esto es parcialmente cierto.

Primero, porque no todos los partidos son iguales. Quien sostenga esto nuevamente es un obstinado y no alcanza a ver la realidad pues Morena se ha diferenciado tanto en la práctica como en el discurso de otros institutos políticos.

Segundo porque, aunque les pese mucho, les tengo una mala noticia: se requieren partidos políticos para gobernar. Ningún país, salvo aquellos aún ridículamente gobernados por sultanes o reyes, carece de partidos políticos. La debacle del partido político como forma privilegiada de organización política es una tendencia innegable a nivel mundial. Sin embargo, por mucho que se hable del “auge de los independientes” u otras formas de organización “ciudadana”, ninguna ha logrado erigirse como un método de organización política más eficaz que los partidos. Quienes reniegan de los partidos y quisieran verlos desaparecer desconocen la historia política y pretenden, sin saberlo, una involución de 150 años, cuando no existían los partidos y los ciudadanos se iban agrupando como podían en pequeños grupos de notables con ideas similares. Era la época de los “protopartidos”, en la Europa de la segunda mitad del siglo XIX.

Aquí de nuevo la solución de raíz no es acabar con los partidos porque sean corruptos o estén mal. Los partidos son necesarios. La solución es que la ciudadanía se movilice para exigir mecanismos que conviertan realmente a los partidos en entidades de interés público, como se supone deberían serlo de acuerdo a la Constitución Federal. Fiscalizar a los partidos. Exigirles cuentas. Penetrar los partidos. Tomar los partidos. Pero no: lo que se propone pareciera, es su disolución y en este deseo va arraigada de manera implícita una concepción errónea de una falsa dicotomía entre ciudadanos y política, tan en boga en estos tiempos de posmodernidad, redes sociales, falta de profundización en todo y flojera a pensar.

Según esta concepción, los políticos son corruptos, falsos, rateros y deben ser combatidos. Los ciudadanos, en cambio, son creativos, inteligentes, honestos. Error otra vez. Quienes postulan esta falsa dicotomía se olvidan de que los políticos también son ciudadanos y de que éstos hacen política casi todo el tiempo. Entonces, más que ciudadanizar la política, lo que deberíamos buscar es la politización de la ciudadanía. Entender que la política no es mala per se; que en el fondo es una actividad noble para lograr el bien común y que ello depende del tipo de ciudadanos que se involucren en ella. Que necesitamos estar conscientes, informados, ser críticos, participativos y activos en los distintos espacios de debate público y toma de decisiones, lo cual implica participar en política.

Además del debate anterior, respecto a lo político y los partidos, hay otro factor que debe señalarse en torno al debate sobre la eliminación del financiamiento público para gastos de campaña en 2018. Se trata de una suma de 7 mil millones de pesos. Parece un dineral, pero no lo es. Se trata de menos del 1% del presupuesto público federal. ¡Menos del 1%! ¿Por qué mejor no se propone que los 16 mexicanos multimillonarios que concentran fortunas de 143,000 millones de dólares paguen sus impuestos? Prácticamente todos estos personajes han hecho sus fortunas a costillas del pueblo de México, con negocios fraudulentos, en colusión con actores políticos. No pagan impuestos o, en el mejor de los casos, pagan una miseria o les devuelven parte de lo que pagan.

¿Acaso es justo que el pueblo sea contribuyente cautivo del fisco y deba aportar alrededor del 30% de sus ingresos en impuestos, mientras Slim, Salinas Pliego, Bailleres, Larrea y demás poderosos paguen cantidades ridículas? ¿Por qué la gente no se lanza contra ellos con la misma beligerancia que contra los partidos? ¿O es que los empresarios sí son honestos, honrados, impolutos? De nuevo, los partidos políticos aparecen como los villanos favoritos.

Los dueños de México. Ilustración: Internet

¿Y qué decir del Gobierno Federal, que gastó más de 34 mil millones de pesos en comunicación durante los primeros 4 años de la presente administración? Se trata de más de 4 veces lo que se destinaría a los partidos políticos el próximo año 2018. ¿Se queja contra ello el pueblo? No he visto iniciativas de “change.org” contra dicho gasto; tampoco coléricos posicionamientos al respecto en Facebook o Twitter. De nueva cuenta, los partidos políticos aparecen como los villanos favoritos.

Frente a lo ya dicho, debe destacarse la aprobación, este sábado 23, del Plan de Apoyo a Damnificados por parte del Consejo Nacional de MORENA pues dicho plan ataca de manera simultánea distintas aristas del problema al proponer políticas de austeridad, reducción de los salarios de altos funcionarios, cancelación del proyecto del nuevo aeropuerto, venta del aeropuerto presidencial, entre otras medidas encomiables que sí van al fondo del problema. Por desgracia, entre lo aprobado por MORENA, se incluye la propuesta de eliminar el financiamiento público a los partidos.

Al respecto, me ha sorprendido negativamente la casi absoluta unanimidad con que se ha aprobado esta medida entre los compañeros y compañeras del Partido. Creo, respetuosamente, que muchos no se dan cuenta de lo grave que resulta dicha medida. Alegan que en Morena siempre hemos hecho campaña sin dinero. De nueva cuenta: verdad a medias.

AMLO en el Consejo Nacional de Morena. Foto: Especial

Está claro que la gran mayoría de quienes participamos en Morena, lo hacemos con una convicción por transformar a México y lograr la regeneración nacional. No nos mueve la ambición por cargos ni dinero. Cierto. Sin embargo, siempre hemos requerido de dinero para hacer campaña, así sea para cuestiones meramente materiales o logísticas. Dos elementos nos han faltado para derrotar al fraude electoral en 2006 y 2012: recursos y organización.

Quienes creen que la militancia puede aportar lo suficiente para subsanar la totalidad de las necesidades de gastos de campaña se equivocan: o pecan de ingenuos o no han estado en la calle. Una cosa es pensar en nuestra colonia urbana, de clase media, en la que podemos salir con un grupo de amigos a hacer brigada y repartir periódico Regeneración, lo cual se puede hacer sin recursos. Bien hasta ahí. Pero muy diferente es hacer campaña, por ejemplo, en la Zona Norte de Jalisco, donde se requieren al menos 300 o 400 pesos de gasolina para visitar una comunidad en la sierra wixárika. ¡Carajo! ¡¿Es que acaso ese dinero va a salir de la militancia en todos los casos?!

Quienes hemos estado en campaña en dichas circunstancias sabemos que la realidad es mucho más compleja que los planteamientos idílicos que se hacen en la teoría. Necesitamos recursos para la campaña, al menos para cuestiones elementales y básicas, como la gasolina. ¿Qué va a pasar si renunciamos al 100% del presupuesto de campaña para 2018? ¿De dónde se va a sacar ese dinero? A mí me preocupa muchísimo este tema. Insisto: no nos mueve el dinero. No va por ahí. No se confundan. Pero todo cuesta y se requieren recursos.

Consejo Nacional de Morena. Foto: Especial

Compañeros y compañeras de clase media urbana que tienen sus necesidades básicas resueltas parecen olvidarse de esta cuestión. Para ellos, todo es fácil pues tienen cierta solvencia económica, al menos en lo básico. Pero no se ponen a pensar en que en muchas comunidades, sobre todo rurales de alta marginación, comprar hasta lo básico es toda una odisea. ¿Qué le vamos a decir a la militancia de esas zonas? ¿Qué pongan de su bolsillo para gasolina o que si no tienen, no se muevan? ¿Todo por regalar menos del 1% del presupuesto para los damnificados y quedar bien ante la opinión pública? Caray. Qué grave. Realmente no dimensionan las implicaciones que puede llegar a tener esta medida. En el peor de los casos, incluso, podría llegar a costarnos la elección. Como nunca, espero estar exagerando y plenamente equivocado, pero sin duda es grave el derrotero que están tomado los acontecimientos en el escenario político nacional.

En conclusión, es evidente que deben reducirse los recursos destinados a partidos, campañas e instituciones electorales, pero de ninguna manera desaparecerse. También es urgente apoyar a los damnificados por los sismos y para ello se debe recortar los salarios de altos funcionarios, aplicar una estricta política de austeridad (como bien lo propone Morena), erradicar la corrupción y, sobre todo, hacer que los multimillonarios paguen los impuestos que deben. Reducir el tema a desaparecer el financiamiento público a los partidos es cortedad de miras, búsqueda de oportunismo y de quedar bien, sin ir al fondo del problema.

Comentarios

  1. EL PUNTO ES QUE NADIE HA PEDIDO LA DESAPARICION DE LOS PARTIDOS POLITICOS , SE TRATA DE UNA EMERGENCIA , EN LO DEMAS TIENE USTED RAZON

    • Jorge Villalobos Gómez

      Mmmmh… Me perdona don Carlos, pero la inopia informativa-formativa y cultural que prevalece en la mayoría de los mexicanos, subyace el grito constante de que los partidos y los políticos son los únicos causantes de nuestra desgracia social, cosa que los poderosos alientan subrepticia o descaradamente de múltiples formas desde hace años, lo cual ha permeado en toda la sociedad, resultando esto en una atroz despolitización y en una ingente apatía en la participación política organizada.

  2. Gonzalo Ramos

    FRANCISCO FELIX CÁRDENAS: HAS DADO UN PASEO EXTRAORDINARIO POR TODOS LOS ESCENARIOS NEGATIVOS QUE PUEDE TENER ESTE RECLAMO UNÁNIME; LA RESPUESTA LA DAS TU MISMO EN LOS ÚLTIMOS RENGLONES DE TU BRILLANTE EXPOSICIÓN: TRABAJEN CON LOS MILLONETAS DE ESTE PAIS, OFREZCAN SU PROPUESTA POLITICA DE MANERA NOBLE, DECENTE, HONESTA Y TRANSPARENTE Y TENDRÁN EL APOYO FINANCIERO QUE NECESITAN. SI NO LO LOGRAN, NO MERECEN LLEGAR AL PODER, PUES AUNQUE SEA MUY LOABLE SU INTENCIÓN DE “AYUDAR” AL PUEBLO, EN NINGÚN PAIS SE PUEDE GOBERNAR EXCLUYENDO A LAS CLASES PUDIENTES. SALUDOS.

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