Alguien compartió en redes sociales la foto de Hugo López-Gatell en un restaurante en Huatulco, Oaxaca. Se hizo un “argüende” en redes sociales: “cómo es posible que salga a comer a un lugar público, cómo es posible que no esté trabajando, cómo es posible que esté en Huatulco”.

Hugo López-Gatell ha sido una figura principalísima en la lucha contra la pandemia y ha encabezado la reconversión hospitalaria en México. Su labor ha sido titánica. Desde enero de 2020 no ha parado. Su trabajo ha sido enorme: brutalmente enorme.

¿Acaso con acudir a un restaurante un día de asueto indica que “pierde su credibilidad”? ¿Acaso con eso se vuelve un “enemigo”? ¿Acaso eso indica que no trabaja y que no ha hecho una labor enorme para evitar el colapso del sistema de salud?

No, claro que no. La foto indica que Hugo López-Gatell acudió a un restaurante, sólo eso. Que los de oposición lo aprovechen y monten en ira es algo normal: lo han hecho con Gatell desde que éste se convirtió en la cara visible de la lucha de México contra el coronavirus.

El linchamiento ayer contra López-Gatell es parte de la estrategia electoral de la oposición. Tan es así que varios de sus “líderes de opinión” pedían, además de la renuncia del subsecretario de salud, que no se votara por Morena nunca más. Así de obvios.

López-Gatell ha estado prácticamente todas las noches informando de lo que sucede en el país con la pandemia. Ha hecho una labora titánica. Sin las acciones que ha emprendido, la situación de la pandemia que ataca a todo el mundo sería mucho peor en México.

López-Gatell se convirtió, pues, en una figura pública con amplias simpatías de la gente. Y eso no se lo perdonaron los de la oposición. Y por eso, durante 2020, se establecieron la labor de acabarlo. De destruirlo. Todo indica que en este 2021 nada va a cambiar con ellos: siguen con su obsesión.