Parte I

América Latina se ha puesto de pie, en las calles ha brotado un movimiento inédito en nuestra historia: el pueblo ha salido en tanto pueblo, lo que quiere decir es que la movilización ya no corresponde a algún sector en específico, sino que se puede hablar ahora de una combinación global que cruza transversalmente generaciones (han salido por igual jóvenes, adultos y abuelos) a la vez que se ha roto la división campo-ciudad (han salido igual mestizos que comunidades originarias).

La protesta es ahora universal y demuestra tener una capacidad de resistencia nueva. El mensaje es el mismo: las políticas que hasta ahora han sido dominantes en la economía mundial han demostrado ser un fraude y un fracaso. En suma, el neoliberalismo ha agotado su poder de convencimiento y es momento de buscar alternativas.

El primer elemento a considerar es que el neoliberalismo es una expresión de un fenómeno a escala global: el dominio del dólar y el poder militar de facto del país hegemónico (Estados Unidos) como una super economía que esquilma sistemáticamente a los países que se encuentran en su área de influencia.

Esta estructura de dominio cívico-militar es la que ha estado oculta tras la propaganda del libre mercado. Esta estrategia de ocultamiento es lo que ha permitido que los procesos económicos sean prácticamente ininteligibles puesto que se acostumbra juzgar el desempeño de los países por sí mismos, es decir, como aislados de su condición dentro de la estructura de dominio mundial.

Uno de los mecanismos de mayor éxito fue colocar el principio de la democracia como el espíritu del mercado. Pero democracia e imperialismo no se llevan, ¿cómo hablar de justicia electoral si existen relaciones de dominio económico tan fuertes que pueden someter a los países a una crisis económica o política profunda? La llamada democracia es, en realidad, una plutocracia. Dicho de otra manera, la plutocracia en el control del Estado es expresión de la autocracia del poder económico del capital.

¿Quién representa esta autocracia? El Capital financiero. El neoliberalismo es la política que permite consolidar esta autonomía para el movimiento libre del capital en su proceso de acumulación. Así de simple y así de vacío es el objetivo de este modelo económico.

La verdadera democracia, según sus raíces griegas, es cuando los productores reales (en este caso toda la sociedad) ganan terreno contra la plutocracia y rompen el poder de las oligarquías. El principio democrático es esencialmente anti-oligárquico sino es tan solo una simulación, un simulacro democrático.

La realidad nos ha alcanzado y hoy hay levantamientos de la sociedad en su conjunto en distintas partes del mundo. Latinoamérica ha tenido un despertar crudo frente a los resultados evidentes de una gestión neoliberal que ha sido exitosa en desvalorizar y pauperizar a la sociedad.

La sociedad chilena exige una nueva constitución, el pueblo boliviano busca defender un modelo económico plurinacional e incluyente frente al regreso del pensamiento único y el uso oligárquico de la biblia; la sociedad argentina le ha dicho no al macrismo, la sociedad colombiana se resiste a las políticas de Iván Duque. La sociedad haitiana no se resigna a la pobreza sistemática; México –con el respaldo popular– lleva ya un año acelerando transformaciones en su estructura para reorganizar el sentido de la producción social.

La región latinoamericana ha tomado conciencia de que no se puede seguir transitando por la misma vía, por tanto, es de medular importancia clarificar los términos ideológicos que ha usado la élite neoliberal del mundo y resignificar los conceptos con los que comprendemos nuestra realidad mundial.

El neoliberalismo ha puesto el énfasis en el crecimiento pues sú único objetivo son las tasas de crecimiento aceleradas para acumular más capital. La contabilidad social se limitó a medir el éxito de los capitales, no de la gente; en contraste, ahora el énfasis debe ser en el desarrollo puesto que lo que necesitamos son tasas de transformación cualitativa acelerada sobre las estructuras económicas y sociales que necesitamos cambiar.

Tenemos ahí los estudios de Thomas Piketty en los cuales queda de manifiesto cómo el sistema capitalista es una máquina concentradora de riqueza a costa del aumento de la pobreza mundial. Por ello, el enfoque del desarrollo significa avanzar en la constitución de una estructura económica democrática (no simuladamente democrática) donde los productores reales (trabajadores y emprendedores privados) puedan participar equitativamente en las condiciones generales de producción.

El economista Thomas Piketty. Foto: Especial

Superar el neoliberalismo significa superar la monopolización del acceso al crédito y el derecho a participar de las fuerzas productivas realizadas colectivamente. El desarrollo significa garantizar condiciones mínimas para la eliminación de las oligarquías económicas y dar paso a la democratización de la economía en beneficio de la sociedad como un conjunto. De ahí que para comenzar a distinguir esta primera aproximación crítica le denominemos al proceso, la democratización económica de la sociedad o la sociocracia.