Parte II

En la primera parte de esta reflexión terminamos señalando la necesidad de un proceso de democratización económica de la sociedad, a este proceso le denominamos sociocracia, es decir, el poder de la sociedad para frenar el poder desmedido de la plutocracia económica.

El neoliberalismo es, pues, el periodo en el cual la plutocracia no encuentra ningún límite a su poder y las políticas de liberalización económica son las medidas que permiten la libre circulación del capital a través de las bolsas de valores del mundo.

Este periodo neoliberal nos educó a confiar en los indicadores macroeconómicos como la prueba irrefutable de que la economía avanza. No obstante, es importante recordar que el desarrollo de una economía nacional no puede ser juzgado por uno sólo o un grupo limitado de indicadores técnicos.

Haciendo piso de estas ideas: el informe sobre desigualdad extrema en México que publica OXFAM ilustra cómo la tasa de crecimiento del peso de los multimillonarios en el PIB mexicano pasó de 2% en 2002 al 9% en 2014, mientras que el salario mínimo perdió casi 75% de su valor en su pico más alto en 1976.

Otro dato revelador es la evolución de la distribución del producto nacional entre los factores de la producción. Mientras hace poco más de 40 años el trabajo se llevaba el 40% de la riqueza producida y el capital se llevaba el 60%, en el presente año, el 2019, esa relación se modificó así:  26% del trabajo contra el 74% al capital.

El “libre mercado” produjo una radicalización de la desigualdad, por lo tanto, es necesario transformar el tipo de economía que construyeron 36 años de políticas neoliberales.

Santa Fe, Mexico City, Mexico. Foto: Johnny Miller/Thomson Reuters Foundation

México ha crecido apenas encima del 1% promedio durante el periodo comprendido de 1996 a 2014 –lo más crudo del modelo neoliberal– y ese crecimiento sólo ha servido para multiplicar la riqueza de un número estable de multimillonarios. Esto significa que juzgar la evolución de la economía por medio de los indicadores macroeconómicos tradicionales no nos dice nada sobre el tipo de distribución.

De lo que se trata es de abandonar la ideología que se encuentra detrás: el trickle down effect (o efecto de goteo) en el cual se postula que si a los de arriba les va bien, entonces a todos les va bien. Dicho de otra manera, se hizo común el prejuicio de que los primeros que se tienen que salvar en una economía son los multimillonarios.

En suma, lo que tenemos que considerar es que la Cuarta Transformación está interesada en la transformación cualitativa de las condiciones de distribución estructural, pues no sirve de nada presumir una cifra de crecimiento si esta significa, como nos señalan los datos, una concentración acelerada de la riqueza en pocas manos. En un mar de desigualdad es una frivolidad concentrarse en el crecimiento cuantitativo.

Para mi, el programa económico del gobierno de Andrés Manuel López Obrador se trata de privilegiar el cambio de estructura económica para alcanzar un cambio en la trayectoria de la distribución de la riqueza producida colectivamente. La perspectiva es abrir la discusión sobre la estructura económica, no sobre la velocidad de su crecimiento.

La Cuarta Transformación, desde esta perspectiva, puede ser vista como un proceso de democratización económica de la sociedad. Este es el primer paso para generar un piso parejo para poder utilizar los activos del país en un sentido diferente al de la liberalización de los mercados a ultranza. Es necesario poner la calidad de vida de la sociedad al centro y enfocarse en la reestructuración de la forma de distribución de la economía mexicana.