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Opinión

Doble cara en la Feria del Caballo en Texcoco

La política, dicen los que saben, es el arte de tragar sapos sin hacer gestos. Sin embargo, lo vivido el pasado sábado en la inauguración de la Feria Internacional del Caballo 2026 cruzó la frontera de la diplomacia para instalarse en el terreno del cinismo.

El escenario era inmejorable: Texcoco, la cuna del grupo político que hoy gobierna el Estado de México. Pero el gran ausente fue el senador Higinio Martínez. En su lugar, el alcalde Nazario Gutiérrez fungió como mensajero de una paz que se siente tan artificial como el confeti de la inauguración. Gutiérrez llevó un “sincero saludo” del senador para la gobernadora Delfina Gómez, asegurando que en Texcoco se le sigue queriendo.

La respuesta de la Maestra fue la de una estadista: templanza, una sonrisa institucional y la frase de cortesía sobre el “trabajo en equipo”. Pero bajo ese intercambio de cortesías, late una memoria que no se borra con un saludo de feria.

Habría que tener una amnesia muy conveniente para olvidar que el senador Martínez no ha escatimado en descalificaciones hacia la mujer que hoy conduce el destino de los mexiquenses. Fue él quien, no hace mucho, lanzó dardos cargados de veneno: que si la gobernadora no salía al territorio, que si se escondía en Toluca, que si solo aparecía en las tragedias para la foto y el sueño reparador. Declaraciones falsas, sí, pero sobre todo rastreras, diseñadas para minar la figura de quien, por mérito propio y voto popular, hoy ocupa la silla que él siempre anheló.

¿De qué sirve el saludo cordial cuando los agravios han sido públicos y constantes? En política, la forma es fondo, pero el fondo de Higinio ha sido el de la resistencia pasiva y la crítica maledicente. Verlo ahora intentar una “reconciliación administrada” a través de un intermediario es, por decir lo menos, un ejercicio de doble cara que los texcocanos y los mexiquenses no deberían pasar por alto.

Delfina Gómez, con esa serenidad que sus detractores confunden con debilidad, devolvió el gesto. Pero la cortesía no es confianza. La confianza se construye con respeto sostenido, no con mensajes de ocasión enviados desde la comodidad de una ausencia calculada.

En la Feria del Caballo se repartieron sonrisas, pero la realidad es otra: las palabras de Higinio han dejado cicatrices. Y aunque la gobernadora camine con elegancia sobre el fango de la grilla interna, la memoria política es larga. Un saludo no borra una traición discursiva, y el respeto se demuestra trabajando al lado de la gente, no lanzando piedras desde el Senado para luego mandar flores con el alcalde de turno.

Entre el saludo de Higinio y la confianza de la Maestra hay un abismo que un simple mensaje no puede cruzar. Al tiempo.

Escrito por

Reportero. Antropólogo en formación. Me gusta escuchar a las personas y contar sus historias. Interesado en los movimientos sociales, los derechos humanos y la investigación del futbol desde una perspectiva social.

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