“Siéntese, señor”, refiere la mujer que ocupa el lugar reservado a un adulto mayor que utiliza aparatos electrónicos para mejorar su escucha, mientras se levanta del asiento y se prepara para bajar del trolebús en la próxima estación.
Él, seguro de mantenerse de pie —o quizá por la cordialidad de esa generación que hoy representa tan solo el 13% de la población capitalina—, invita a otra mujer más joven a sentarse. Esta segunda mujer agradece el gesto; sin embargo, al observar a mi hijo de 6 años, le cede el asiento.
Ante dichas acciones, solo intercambiamos miradas de gratitud entre ella, el adulto mayor y yo.
Mi hijo se sienta. Mientras tanto, un poco avergonzado, intento congeniar con el adulto que ha hecho posible que mi hijo tome su lugar. Una gorra tipo italiana dorada, con ese puma creado en el 68 por el alemán Lutz Backes, resulta el motivo perfecto para provocarlo…
Pumas recibió esta noche en el juego de vuelta de la semifinal de la Liguilla de la Liga MX, el marcado global favorece a los tuzos, quien van ganando por un gol a cero. Foto: Daniel Augusto / Cuartoscuro
—¿Ahora sí se la lleva Pumas? —le cuestiono, haciendo alusión a la copa del futbol mexicano que está por disputarse el próximo fin de semana.
Solo se dibuja una sonrisa en su rostro y me voltea a ver con cierta empatía.
—Sí, ya nos toca verlos ganar—.
Confirma su interés en el tema que pongo sobre la mesa.
—Se la lleva Cruz Azul —irrumpe la otra pasajera.
Aficionados del Cruz Azul, esperan la salida de jugadores en la Noria, tras su entrenamiento, para mostrar su apoyo y lograr alguna fotografía con ellos, esto previo al juego de la final de la Liga Mx, frente a los Pumas. Fotos: Rogelio Morales / Cuartoscuro
Sonreímos los tres, mientras mi hijo mira por la ventana y, de reojo, nos observa con cierta extrañeza: la misma que le provoca ver a su padre en una plática con personas que, hasta hace unos minutos, le eran perfectos desconocidos, como en cada mañana en que hacemos este trayecto a la escuela.
Pienso en las afinidades que nos da hablar de ese deporte que ha marcado generaciones durante los fines de semana, en los que el encuentro de futbol era, es y ha sido una invitación indirecta o el pretexto perfecto para el encuentro de familias, amigos… y adversarios, que esperaban ansiosos para hablarle y gritarle al televisor —hoy, pantalla—, reclamándole a los jugadores, a través del cristal, sobre las múltiples posibilidades de construir un triunfo y, con él, un recuerdo entre la afición de cementeros y pumas, u otros tantos equipos de la liguilla mexicana.
Eso lo vivía desde casa, pero otras memorias irrumpen en mi compañero de viaje en el trolebús de esta mañana…
—Ya están muy caros los boletos para ir al estadio; hasta dos mil pesos quieren cobrar. Ya todo es un negocio, dicen que ya está arreglado—.
—¿Usted cree? — le cuestiono, motivándolo a continuar el diálogo sobre un tema que, al parecer, le resulta muy familiar.
—Sí, nada que ver con los años de los buenos jugadores —me refiere.
—¿Llegó a ver jugar a Maradona?
—Sí, claro, muy bueno —confirmo.
—¿Y a Pelé? —continúa el diálogo.
—Ese sí era el mago, ¿no cree? —le digo, recordando los videos que solían ponerme mi padre acerca del mito del balompié brasileño.
Pumas recibió esta noche en el juego de vuelta de la semifinal de la Liguilla de la Liga MX, el marcado global favorece a los tuzos, quien van ganando por un gol a cero. Foto: Daniel Augusto / Cuartoscuro
—Sí, caray, Brasil es lo mejor del fútbol en el mundo; los argentinos son unos payasos… en todo, unos payasos. En cambio, los brasileños hacen magia, como usted ha dicho. Ronaldo, ¡qué barbaridad!, eso sí era ver fútbol.
—Yo llegué a ir al estadio en Ciudad Universitaria durante muchos años; ya no. Me gustaba ir a ver a Hugo Sánchez. Lo llegué a ver hasta en España. Oh, sí, al principio nadie lo quería, le decían “indio”, y ve: era un espectáculo en la cancha —prosigue, con cierta nostalgia en su narrativa.
—Usted sí que ha sido un aficionado de corazón, entonces… —confirmo en voz alta.
—Sí, hasta tengo una playera de Hugo. Lo voy a ir a ver a Zumpango, porque, ¿sí sabes que allá entrena equipos de diversas edades, no? —me comenta, con cierta familiaridad, acerca de uno de los derroteros del ídolo del balompié mexicano.
—No sabía —le contesto tímidamente, porque a estas alturas debo reconocer que no sé mucho de fútbol, y menos del actual. Aunque bien inicié la charla como forma de gratitud por la generosidad del señor ante los demás: primero para con la mujer y luego, de forma indirecta, para con mi hijo.
La Rebel, porra local, desplegó la palabra “Garra” cuando el equipo de los Pumas salió al partido donde se enfrentará al América en el duelo de vuelta de la Liguilla. Foto: Daniel Augusto / Cuartoscuro
—¿A qué hora va a ser el partido?, ¿a las 7 p. m. o a las 8 p. m.? —me pregunta, ya entrado en la plática del campeonato que está en puerta.
—A las 8 p. m. —le digo, fingiendo saber del tema; pero agrego que se anunció desde las 7 p. m. para hacerla de emoción una hora.
—Sí, siempre hacen eso para generar expectativa, pero cuando estás ahí —en las gradas del estadio— ya estás ansioso porque empiece —me confirma, con gran expectativa de ver a su equipo favorito, a juzgar por su narrativa provocada por su gorra azul y oro.
El trolebús avanza de manera parsimoniosa, como cada mañana capitalina…
—¿Dónde se bajan? —me cuestiona a la altura de metro Hidalgo.
—En Amajac, jefe —le confirmo—; de ahí nos vamos caminando a la escuela de mi hijo.
—Ah, yo igual, voy al doctor a mi chequeo general.
—Vámonos —agrega, una vez que timbra y nos hacen la parada.
Una mujer de aproximadamente setenta años le alcanza y lo toma del brazo para ayudarlo a bajar. “Agárrate bien”, le dice, mientras ambos nos regalan una sonrisa de despedida, antes de perderse entre la gente que desciende y camina cada uno hacia su rumbo.
Y así tiene lugar un diálogo futbolero a partir de un gesto, una frase y la pasión que anda entre generaciones de uno de los deportes más queridos en nuestro país.
