Nada más se anunció su lanzamiento y los “muy intelectuales” lo recomendaron. Dijeron de él que era lo máximo. Lo alabaron y lisonjearon. Lo ovacionaron. Y el líder de esos “muy intelectuales”, Enrique Krauze, decretó lo que debía pensarse del libro Un daño irreparable: “La prueba de que la verdad importa, la crítica importa, mover conciencias importa”.

¿Qué más campaña publicitaria se le podía hacer al libro de Laurie Ann Ximénez-Fyvie? Héctor Aguilar Camín. Carlos Loret de Mola. Héctor de Mauleón. Ricardo Raphael. Sergio Sarmiento. José Ramón Cossío. Hasta Ricardo Rocha. Todos emocionados. Alguno, incluso lo colocó como una especie de obra maestra: “será argumento principal en los textos de la historia médica nacional”.

Pero, ¿realmente este libro es un buen libro? ¿Realmente es un análisis serio sobre la gestión de la pandemia en México? ¿Realmente tiene sustento?

Cuando vi el libro por primera vez hubo una sospecha inmediata: ¿por qué los editores decidieron colocar en la portada el grado académico de la autora y una especie de síntesis curricular?: “Jefa del Laboratorio de Genética Molecular de la UNAM. Doctora en Ciencias Médicas por la Universidad de Harvard”. ¿Qué pretendían con eso? ¿Justificar que era un libro válido y serio porque quien lo escribió es “jefa” de un laboratorio “de genética molecular” y porque además es egresada de un doctorado en Harvard?

Quedé intrigado.

Así pues, leí detenidamente el libro y puedo decir -sin temor a equivocarme- que es un documento que concentra citas descontextualizadas, ideas inconexas, argumentos endebles, fantasías y una cantidad mínima de datos grotescamente manipulada.

Ximénez-Fyvie afirma que ella escribe desde su labor profesional, académica y científica. Pero en realidad, Un daño irreparable nace del odio y tiene la intención de usar una tragedia mundial (la pandemia del Covid-19) para desprestigiar a una persona: Hugo López-Gatell; y a un gobierno: el de Andrés Manuel López Obrador.

Pero vayamos por puntos.

No por tener pocos datos un libro es malo. Sin embargo, Un daño irreparable está lleno de aseveraciones contundentes donde la carencia de datos es imperdonable. Esto es un problema que cualquier persona puede detectar en el documento: para expresar frases categóricas, como lo hace la autora, se precisa tener un mínimo de sustento. Pero no. La doctora Ximénez-Fyvie realiza muchísimas sentencias que no puede demostrar. Una y otra vez lo hace. Y en un tema como la gestión de una pandemia, hacerlo resulta poco profesional. Y poco ético.

Laurie Ann Ximénez-Fyvie Foto: Especial.

Otro gran problema que tiene el libro es que juzga con ojos del presente lo sucedido en el pasado reciente. En esta pandemia el conocimiento sobre el coronavirus ha aumentado de forma radical al pasar los días, las semanas y los meses. Nunca la ciencia estuvo enfocada en un solo tema con tanta intensidad. Esto produjo una rápida acumulación de conocimiento y también hipótesis, hallazgos, nuevos hallazgos, evidencias, controversias, polémicas, cambios de perspectivas y contradicciones entre las investigaciones científicas.

Quien busque analizar la gestión de la pandemia en cualquier país precisa, forzosamente, tener esta perspectiva de historia reciente para que su análisis sea mínimamente serio. En su libro, Laurie Ann juzga no sólo a México, sino a todo el mundo, con el conocimiento de su presente. Sus juicios no tienen contexto histórico y por ende no ayudan a comprender a cabalidad lo que sucedió con la gestión de la pandemia.

Este problema hace que las aseveraciones que emite Laurie Ann en su libro tiendan al engaño, a la imprecisión y a la controversia. Caer en esto, para una académica egresada de Harvard y con las credenciales de Ximénez-Fyvie, es una cuestión, más que de impericia, de poca ética.

Laurie Ann Ximénez-Fyvie. Foto: EFE

El argumento central de Un daño irreparable es que Hugo López Gatell le apostó, desde un principio, a la inmunidad de rebaño, esto es -según la interpretación de la autora- a que 70% de los mexicanos se infectara de Covid-19. Hasta se atreve a afirmar que las autoridades querían que “la gente se contagiara lo más rápido posible”. La autora no incluye ninguna frase, declaración o aseveración donde quede clara esa intención ni muestra evidencia de dicho deseo en Hugo López-Gatell. Y aunque ella reconoce que no tiene elementos para afirmar eso (“la estrategia de la inmunidad de rebaño no ha sido nombrada así de forma explícita por las autoridades”), dice que así fue porque su fuente son sus propias creencias e interpretaciones.

Lo único que posee para sostener su “argumento” central es una explicación de lo que es la inmunidad de rebaño dada por López-Gatell (lo hizo el funcionario con un ejemplo de una escuela el 14 de marzo de 2020). La cuestión es que la cita que hace del subsecretario de salud está sacada completamente de contexto. O no escuchó bien lo que dijo López-Gatell, o lo acomodó a sus intereses.

A partir de este argumento falaz, Ximénez-Fyvie va realizando una serie de aseveraciones que carecen de verdad. Afirma que Hugo López-Gatell, al apostarle a la inmunidad de rebaño, le apostó a la muerte (ella llama “sacrificio”) de 3.5 millones de personas. Y aunque no lo llama “genocida”, indica que el subsecretario permitió los decesos de millones de mexicanos porque quiso “afianzar su posición política”, agradar a su jefe y potenciar sus aspiraciones “presidenciales”.

Hugo López-Gatell. Foto: Presidencia de la República.

El argumento central del libro y lo que se desprende de él es, pues, una fantasía. Una mentira. Y así, a partir de esa falsedad, se entrelazan otras falacias e imprecisiones.

La doctora egresada de Harvard potencia el risible argumento de que Hugo López-Gatell estuvo en contra del uso del cubrebocas. Esta afirmación le sirve a Laurie Ann para responsabilizar al subsecretario de salud de la mayoría de los lamentables fallecimientos por Covid-19 que ha habido en el país. El problema con las apreciaciones de la autora de Un daño irreparable sobre este tema es que son engañosas y mentirosas. Pero vayamos por partes.

La efectividad del uso del cubrebocas para combatir la transmisión del Covid-19 estuvo a debate en el mundo durante varias semanas, incluso meses. La Organización Mundial de la Salud (OMS) no lo recomendó ampliamente hasta junio de 2020. López-Gatell, desde un principio, indicó que era importante usarlo en caso de presentar síntomas de Covid-19. Eso sí, resaltó que no se debía pensar que, al usar un cubrebocas, se impedía al 100% ser contagiado.

En una conferencia celebrada el 27 de abril, habló de la eficacia y de la efectividad del cubrebocas, y de la necesidad de usarlo adecuadamente. Con ello se apegó a los lineamientos de la OMS. Siempre recomendó que lo óptimo era seguir el mayor número de medidas de protección, como lavarse las manos constantemente, guardar sana distancia, etcétera.

La oposición a AMLO hizo del cubrebocas un símbolo político y lo transformó en una bandera de golpeteo hacia la actual administración. Para ello, descontextualizó declaraciones de Hugo López-Gatell y afirmó que el gobierno estaba en contra del cubrebocas, una aseveración mentirosa.

López-Gatell, basándose en evidencias científicas y en las recomendaciones de la OMS, repitió muchísimas veces que el cubrebocas, por sí solo, no lograba proporcionar la protección total a una persona. Pero esto a la autora de Un daño irreparable no le importa, y le dedica varias páginas a mentir y decir que López-Gatell no dijo lo que dijo.

Casi final del libro, sin darse cuenta, Ximénez-Fyvie le da la razón al subsecretario de salud, pues escribe: “Tampoco son perfectos los cubrebocas. Usarlos no los exime de guardar distancia de otros, de lavarse las manos, de no tocarse la cara, etc. Es solo una medida preventiva adicional, una que no sustituye alguna otra”.

El libro de Laurie Ann es una colección de afirmaciones sin sustento. Menciona, por ejemplo, que en México ha muerto mucha gente pobre, pero no hace referencia a estudios científicos ni a datos ni análisis. Compara naciones, pero no especifica las cifras de forma amplia y con viabilidad para compararse. Parecería que la autora se hizo una idea de lo que fue la pandemia, y sin sustento, la planteó en poco más de 200 páginas. Y aunque al final del documento hay más de 100 referencias, uno encuentra que la mayoría de ellas son de periódicos. Poquísimas de artículos científicos.

Un daño irreparable es un libro petulante y, en algunos casos, agresivo. Me explico: la autora insulta a quien lo está leyendo. Hay un pasaje que demuestra esto. Cuando Ximénez-Fyvie habla de las ventajas de usar cubrebocas, termina diciendo: “si después les queda alguna duda de lo que opino sobre el uso generalizado del cubrebocas por parte de toda la población que deambula fuera de sus hogares, entonces mándame un mensaje para que se los explique con dibujitos”.

Un libro serio, de un tema serio, que se presume escrito desde una perspectiva científica, académica y profesional, debe ante todo guardar respeto al lector.

Quien lea Un daño irreparable se dará cuenta del evidente resentimiento de la autora hacia Hugo López-Gatell. Es clarísimo que hay un odio hacia él, y se muestra en frases que son indignas ya no de un libro académico o científico, sino de un texto mínimamente serio.

Las frases de verdadero odio y poca seriedad son muchas, aquí algunas: “¿Necesitan que papá López-Gatell les dé luz verde…?” “La verborrea del máximo funcionario encargado de la gestión de la COVID-19 es florida y confusa”. O “Usinas lópez-gatellianas”. O cuando escribe: “Ay, Hugo, ni tú ni nadie puede resistir un archivo”. También está: “El niño mimado del presidente López Obrador” y “volvió a declarar con su soberbia de siempre”. Y hay frases pocos serias: “De modo que, si te gana el patógeno, te lleva el tren”.

Llega a tanto el odio enfermizo de Laurie Ann que afirma que López-Gatell se cree rockstar o sex symbol. Además, le reclama que sea “guapo” y que las “amas de casa” lo “admiren”.

Pero Laurie no sólo demuestra resentimiento, carencia de profesionalismo y una tendencia a la manipulación, sino también un amplio desconocimiento. En un pasaje afirma: “En nuestro país, los grandes avances científicos siempre han llegado gracias a esfuerzos personales, rara vez concentrados en un nivel institucional como parte de un proyecto serio y a largo plazo”. ¿O sea que las universidades, el Conacyt y la inversión en la academia no sirve de nada ni han posibilitado esos “esfuerzos personales”? Parece que la autora no entiende cómo se financia y construye la ciencia en el país.

Uno, conforme va leyendo el libro, se da cuenta que no mejorará en ningún momento. Que no se volverá serio. Que no es un análisis, sino una colección mínima de datos engañosamente interpretados, odios, argumentos burdos y falacias.

Y hay una tendencia a mentir de forma descarada. Por ejemplo, la autora afirma: “La revista médica The Lancet denunciaba”, y uno queda con la idea de que la prestigiosa publicación académica británica denunció al gobierno mexicano por contagios entre el personal de salud. Pero eso que afirma Laurie es una imprecisión. La revista The Lancet no “denunció”. El artículo al que hace referencia la autora es una nota (o un “artículo informativo”, como le llaman en The Lancet), no un texto científico. Es de una cuartilla y documenta una opinión de Amnistía Internacional. No es la postura de The Lancet. La nota informativa la escribió David Agren, un periodista que, al menos en su cuenta de Twitter, muestra furibundo desprecio a la gestión de AMLO.

Así pues, la doctora engaña a sus lectores afirmando que The Lancet “denunció” al gobierno mexicano, cuando lo que muestra la nota informativa es que una organización de la sociedad civil (no especializada en salud) piensa tal cosa de una acción de un gobierno.

Esta tendencia al engaño de Laurie Ann se repite una y otra vez en sus aseveraciones.

Para evidenciar la carencia de argumentos del libro Un daño irreparable, la incapacidad de análisis y la desaforada imaginación y fantasía de la autora, transcribo un pasaje de lo que el lector encontrará en esta obra que se ha presentado como profesional, académica y científica. Es un diálogo que se inventa Ximénez-Fyvie para “demostrar” su argumento central:

«A ver, Hugo, dime cómo le hacemos», habrá dicho López Obrador. Ahí, el subsecretario habrá esbozado una solución a medio camino entre dejar morir a todos y mantener a raya la pandemia. «No, Hugo, es mucho dinero», le espetaría nuestro presidente. Entonces, al subsecretario se le ocurriría la maravillosa idea de la inmunidad del rebaño. «Los suecos y Reino Unido lo están haciendo así, señor presidente. Así van a morir menos personas que con la influenza». «Ándale, pues. Y vas tú, Hugo, que tienes buen porte, pareces rockstar y las chavas mueren por ti. Tú darás las conferencias diarias sobre coronavirus». El presidente, que a costa de la muerte de la gente a la que tanto juró proteger, prefirió seguir invirtiendo en una refinería, un tren y un aeropuerto en medio de la peor crisis sanitaria que el mundo ha visto en el último siglo, zanjó así lo que terminó por definir la suerte de los 134 638 mexicanos que hasta el 11 de enero de 2021 han muerto por COVID-19.

¿De verdad esto se puede mencionar como un libro serio? ¿Profesional, académico, científico? ¿De verdad esto puede tomarse como argumento para afirmar que la culpa de las muertes de Covid-19 en México es de Hugo López-Gatell y de Andrés Manuel López Obrador? ¿De verdad?

Sorprende que este libro, caracterizado por su falta de ética, su carencia de documentación, su odio y su grotesca manipulación, haya sido celebrado por no pocos “intelectuales”. ¿Tan bajo han caído como para alabar un documento con tan poca seriedad y calidad? ¿De verdad lo recomendaron? ¿De verdad les pareció una obra digna de mencionar y colocar como la “verdad” sobre la pandemia, como la guía para los libros médicos de México?

¿De verdad?