El golpe político y militar ejecutado en la madrugada de este sábado en Caracas por el gobierno de Donald Trump tuvo un objetivo central y explícito: el control del petróleo venezolano.
Venezuela es el país con las mayores reservas probadas de crudo del mundo, estimadas en 303 mil millones de barriles, una cifra que supera en más de seis veces las reservas de Estados Unidos, calculadas en 45 mil millones.
Ese dato explica la centralidad del petróleo en el discurso de Trump y la narrativa con la que justificó la intervención.
“Vamos a hacer que nuestras muy grandes compañías petroleras estadounidenses, las más grandes de cualquier parte del mundo, entren, gasten miles de millones de dólares, arreglen la maltrecha infraestructura petrolera, y empiecen a ganar dinero para el país… también irá a EU en forma de reembolso por los daños que ese país nos causó”, dijo Trump en conferencia al explicar el operativo para secuestrar al presidente Nicolás Maduro.
Horas después, Trump afirmó que Estados Unidos invadió Venezuela, capturó a Maduro y anunció que tomará control de lo que Hugo Chávez expropió hace dos décadas: la industria petrolera. Según su versión, fuerzas especiales estadounidenses sacaron al mandatario venezolano y a su esposa, Cilia Flores, de su dormitorio en Caracas durante una operación nocturna.
En conferencia, Trump fue explícito sobre el control territorial:
“Vamos a administrar el país hasta que podamos hacer una transición segura, adecuada y juiciosa”, aunque no detalló bajo qué marco legal ni quién ejercerá el poder tras la remoción forzada de Maduro. Incluso deslizó que la vicepresidenta Delcy Rodríguez, aliada del mandatario depuesto, podría asumir parte del mando.
Estados Unidos acusa a Maduro y a funcionarios y exfuncionarios venezolanos de narcoterrorismo, corrupción y otros delitos, con procesos abiertos en cortes de Nueva York, Washington y Miami.
El propio Trump afirmó que el ataque ocurrió en la madrugada, cuando fuerzas estadounidenses apagaron “casi todas las luces” en Caracas, mientras se ejecutaba la extracción del presidente venezolano.
El general Dan Caine, jefe del Estado Mayor Conjunto, aseguró que el operativo fue planeado durante meses, con información detallada sobre los hábitos personales de Maduro, incluyendo su alimentación, mascotas y vestimenta, y que contó con apoyo de agentes de la CIA infiltrados en su entorno cercano. El despliegue, dijo, duró menos de 30 minutos.
Reportes en Venezuela indican al menos 40 personas muertas, entre civiles y soldados, aunque esas cifras no han sido confirmadas de manera independiente.
El control estadounidense de las reservas petroleras venezolanas abre un nuevo frente de tensión internacional. El oligarca ruso Oleg Deripaska advirtió que, si Washington consolida su presencia en los yacimientos de Venezuela —y ya lo ha hecho en Guyana—, podría controlar más de la mitad de las reservas mundiales de petróleo y forzar una caída del precio del barril por debajo de los 50 dólares, afectando a potencias como Rusia y China.
Tras su captura, Maduro y su esposa fueron trasladados primero al buque USS Iwo Jima. Posteriormente, un avión que se presume los transportaba aterrizó en Nueva York, donde enfrentarán cargos por narcoterrorismo en el Distrito Sur.




































