Lo más fácil es hacer una revolución vía Facebook: compartir enlaces, decir que qué mal, que qué feo, que no puede ser, que es indignante. Quizá “postear” un bello mensaje, lleno de ira e impotencia, acerca de un acontecimiento. La “revolución”, pues, comienza cuando apretamos el botón de encendido de la computadora, y, algo muy importante: podemos mirar cómo se desenvuelve “nuestra revolución” dependiendo del número de “likes” o “share” que lleven nuestras publicaciones.

Uno puede pelearse en Facebook, y mencionar que no entiende por qué unos se indignan ante, por ejemplo, lo que sucedió en París y no se indignan ante, por ejemplo, lo que sucede en México o en Siria o en cualquier lugar donde hay sufrimiento o muerte. Otros se indignan ante la no indignación, por ejemplo, de quienes piensan que París está muy lejos y que sus guerras no son las guerras de todos los demás.

A veces el alcance de las redes sociales es sobredimensionado y a veces menospreciado. Hay quienes piensan que subiendo una foto y un texto de unas cuantas líneas, el mundo va a cambiar. Y hay quienes piensan que subir una foto y unas cuantas líneas no sirve de nada.

Todavía no sabemos, a ciencia cierta, qué impactos tienen las redes sociales. Sin duda los tienen, pero, ¿cuánto? ¿Qué fuerza poseen? A veces algo se vuelve viral, y a veces no. ¿Son caprichos. Circunstancias. Contextos?

 Un ejemplo:

Hace dos semanas o tres, en Guadalajara dos hombres subidos en una moto le robaron un celular a una persona. Ésta los persiguió en su auto e hizo que los ladrones perdieran el control y murieran al estrellarse a alta velocidad en un árbol.

En redes sociales, la gente celebró la sangre y alabó al “héroe anónimo” que actuó en defensa propia: que maten a los ladrones, que eso se merecen, que les corten la cabeza y las exhiban en una plaza pública, que les saquen las tripas y las esparzan por la ciudad para que ya nadie lo haga, que los maten, que los maten, que los asesinen.

Días después, la gente, nada más mirar una moto, se asustaba: “ahí vienen los motoladrones”, decían. Y muchos conductores de motos sintieron miedo de andar en ese vehículo. Eran como ladrones en potencia y también eran blancos fáciles de personas que los miraran con sospecha.

El impacto de las redes sociales (o de la viralidad de ésta) fue evidente. Pero no es que las redes sociales fueran o actuaran, sino que la forma en cómo piensa una sociedad encontró en las redes sociales un canal de información que estableció ideas muy claras acerca de nuestra forma de reflexionar de entender los problemas que nos aquejan.

Ahora bien, ¿las redes sociales son realmente el ejemplo de lo que piensa la gente o son, en realidad, instrumentos que en muchos casos pueden llegar a ser manipulados?.

Que Facebook dé la opción a sus usuarios, en un momento coyuntural, de poner una banderita de Francia como muestra del rechazo a los atentados sucedidos ahí el viernes pasado, ¿es manipulación?

En el mundo suceden hechos lamentables todos el tiempo. Y la indignación, sin embargo, es muy variable en las redes sociales. Hay casos en que un hecho se transforma en “trend topic” y hay caso en que no. ¿A qué se debe esto? Pueden ser muchas las variables, pero hay una que es importantísima: las redes sociales, y especialmente Facebook (la más concurrida a nivel mundial) tienen algoritmos que permiten que una persona pueda ver lo que le interesa, y también que una persona pueda ser bombardeada con información que interesa a otras personas.

Esto es, las redes sociales no son neutras, no son canales que no tienen manipulación. Al contrario. Las redes sociales pueden servir para establecer tendencias que son planeadas desde un lugar específico con fines muy específicos. O pueden servir para que quien tiene dinero para pagar publicidad, pueda inocular las ideas que le vengan en gana.

Uno tiene el derecho de indignarse por lo que sea, y ese derecho debe ser respetado. Sin embargo, hoy, las redes sociales son el canal más importante de distribución de la información, y pensar que son “neutrales”, que “no hay manipulación” en ellas y que son imparciales, es ser ingenuo.

¿Qué es lo importante en este mundo? ¿Qué vale más? ¿Qué debe ser comentado más? ¿Qué un actor de Hollywood haga público que tiene VIH o que haya muerte en París y que el gobierno de Francia responda con más muerte o que en Guerrero, en México, todos los días haya matazón?

Uno tiene el derecho a decir, comentar y pensar lo que le dé la gana. Es libre de hacer eso. Pero aquí hay algo que se debe mencionar: las redes sociales, el canal de comunicación más importante hoy, también actúa para que la gente piense no con completa libertad, sino con manipulación. Y de eso hay que ser consciente.

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