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Proceso se ha derechizado, confirma el ex editor Alejandro Caballero

La revista Proceso se ha ‘derechizado’. Es una frase que se ha vuelto común en las redes sociales para explicar el giro editorial que ha dado el semanario con el arribo de Andrés Manuel López Obrador (AMLO) a la Presidencia de la República. Polemón lo había advertido desde la salida del periodista Álvaro Delgado Gómez, quien se fue en medio de suspicacias.

Pero con la publicación de la carta de renuncia del ex editor Alejandro Caballero, la “derechización” de Proceso no deja lugar a dudas.

El periodista hizo público este viernes mediante un escrito, los motivos de su renuncia, donde hace hace señalamientos muy duros en contra de los nuevos mandos de la revista que la han convertido, según él, en un “encarte dominical del Reforma”.

Al mando de Jorge Carrasco en la dirección editorial, José Gil Olmos como jefe de información y Santiago Igartúa Scherer, como jefe de la página digital, Caballero señala que el semanario ha cobrado “un acelerado desprestigio, una derechización de su línea editorial, y una crisis económica de la que no se informa a los trabajadores”.

Jorge Carrasco Araizaga, el nuevo director de Proceso.

En su opinión, estas condiciones “tienen a Proceso en quizá la más delicada situación desde que se fundó en 1976″.

Caballero advierte rasgos de esta “delicada situación” que se desprende, en su visión, del rumbo tomado por la revista: “orientación periodística e ideológica impuesta por los actuales mandos al semanario y que se refleja también en la página web, ya tiene sus consecuencias: una dramática caída en la venta de ejemplares, un derrumbe en las suscripciones y una caída preocupante en las visitas al espacio digital”.

Al director de Proceso Jorge Carrasco, Caballero lo califica  de “reportero gris”. Dice que es “un conservador, apenas conocido en las fuentes castrences y judiciales, sin mayor experiencia en tareas de dirección, en definición de portadas, cabeceo y línea editorial, ha logrado en apenas unos meses que a Proceso se le haya perdido el respeto”.

“Su más reciente desatino: asociarse en defensa de la “libertad de expresión” y del gremio periodístico, entre otros, con medios tan desprestigiados como El Universal de Juan Francisco Healy Ortiz, los Soles y Grupo Imagen, propiedad de miembros de la familia Vázquez Raña, y el portal politico.mx, ligado a Ricardo Salinas Pliego, quien por cierto tiene demandado a Proceso”, abunda.

A la izquierda con chamarra amarilla Santiago Igartúa. Fotografía tomada de Twitter.

Sobre Igartúa señala que es un sujeto que ha cobrado sin trabajar, y su apellido lo delata, pues aunque es sobrino de los dueños de la revista (Julio y María Scherer) “se confirma que la honestidad y el talento no se heredan”. 

“Pero el error en la designación de Carrasco no ha sido el único. El autonombramiento de Santiago Igartúa como jefe de la página digital es igual de grave. Su historial laboral es un insulto para la revista. Ingresó a Proceso desplazando sin pudor alguno a quien cumplía las labores de corresponsal en Argentina y de ahí pasó a la redacción nacional del semanario con el puesto de reportero, en donde se distinguió, no por sus textos, sino por cobrar sin trabajar”.

A José Gil Olmos, recientemente nombrado jefe de información, lo acusa de “inepto”, “incapaz de argumentar una orden de trabajo, negado para idear un reportaje, torpe para redactar un párrafo sin incurrir en problemas de sintaxis y faltas de ortografía”.

Sin embargo, reconoce la labor de Julio Scherer García, fundador del semanario en 1976.

“Cómo se le extraña. Cómo hace falta”, resalta.

Los periodistas Julio Scherer y Vicente Leñero. Foto: Internet

Caballero señala que Proceso está en una crisis editorial y no se vislumbra una mejoría. 

“En las manos de este trío sin luces está el indigno presente y el nebuloso futuro del querido Proceso. Desprestigiado, inmerso en una crisis editorial y financiera, no se vislumbra mejora. Cómo estarán de podridas las aguas entre los nuevos mandos que las apuestas que corren es sobre cuánto tardará Igartúa en deshacerse de Carrasco”.

Igartúa reaccionó en redes sociales, y aseguró que es falso el decrecimiento en el número de visitas que acusa Caballero. Incluso mostró algunas métricas, que asegura, demuestran un aumento en el número de consultas.

Por su parte, José Gil Olmos se limitó a retuitear una sentencia del escritor español Fernando Savater, sin mencionar el nombre de Caballero.

Al corte de esta edición, Carrasco no se había pronunciado al respecto. La carta de renuncia de Caballero, quien colaboró en la revista durante casi 22 años, motivó a Ricardo Ravelo, —otro periodista que también hizo una carrera exitosa en Proceso— a compartir sus impresiones en una columna para el portal Sin Embargo.

Ravelo descarga la responsabilidad que atribuye Caballero a  los nuevos mandos del semanario y refiere que en todo caso, el declive de Proceso comenzó en 1996 cuando Julio Scherer García dejó la dirección de la revista que él mismo fundó, pero no quiso nombrar de inmediato a un director sustituto, y prefirió crear un equipo editorial integrado por Carlos Puig, Gerardo Galarza, Salvador Corro y Francisco Ortiz que operaba en coordinación con Rodríguez Castañeda.

“El ensayo no funcionó. Pronto empezaron a notarse las deficiencias, no obstante la calidad periodística de sus miembros. El resultado: Bajó la calidad informativa, algunas portadas no se sostenían con la fuerza periodística necesaria y surgieron diferencias; el relajamiento en la cobertura de fuentes empezó a ser evidente y Rodríguez Castañeda, con frecuencia, se quejaba respecto de problemas para cerrar una edición contundente con una portada excepcional”, señala.

Y expone que el ensayo no funcionó en buena medida porque las piezas centrales de la revista se enfrascaron en una pelea por llegar a la dirección y a presionar a Scherer para que tomara una decisión para nombrar un director, hasta que en marzo de 1999, el fundador se decantó por Rafael Rodríguez Castañeda.

Julio Scherer.

Con esa decisión, Carlos Marín, quien también disputaba la dirección, renunció a su cargo, y lo secundó Froylán López Narváez.

“Ambos cobraron una liquidación cuantiosa, dejando a Proceso en crisis. Con Marín se fueron algunos reporteros aliados suyos que luego tuvieron cabida en Milenio, por suerte”, señala Ravelo.

Sin embargo, dice Ravelo, Scherer nunca se retiró de la dirección y se volvió una sombra para Castañeda, pues frecuentemente visitaba la redacción y “saludaba a los reporteros y se reunía con Rodríguez Castañeda para delinear temas, hablar del país, sugerir enfoques, asuntos, entre otras cosas”.

“Esto quizá incomodaba al nuevo director, pero también ayudaba en la buena marcha de la revista. Era una autoridad moral y se le veía como el padre de una familia que, él mismo, asumía porque, ante cualquier riesgo, acudíamos a Scherer”, menciona.

El maltrato hacia los reporteros y las injusticias laborales, detalla, se sucedieron a partir de la muerte de Scherer. Pero también el rigor de las publicaciones comenzó a mermar.

“Comenzaron las injusticias laborales, el mal trato en algunos casos, algunos despidos fueron calificados como injustos y, paulatinamente, la parte editorial empezó a mermar. El rigor se había relajado. La revista se sostenía sólo en los anclajes de su historia, pero ese recurso se agotó. El archivo –por cierto muy rico– también lo agotaron en publicaciones de números especiales y libros. Todo se ceñía a una historia de gloria, pero hacia adelante no había nuevos temas. La pasión estaba agotada, muerta la cabeza de una dirección sin ímpetu. Ya no se podía vivir del pasado”.

Ricardo Ravelo. Foto: Especial.

Ravelo señala que Proceso sigue anclado a “un romanticismo periodístico insostenible e inexistente”, que explican en gran medida la crisis editorial que actualmente padece, amén de su tardía resistencia a dar el paso a lo digital.

“El actual Proceso jamás podrá volver a ser lo que fue con Scherer ni con Rodríguez Castañeda, en su etapa previa a la muerte de Scherer. No se puede seguir viviendo del pasado. Aquello ya fue. Lo que continúa jamás se renueva. Algo debe morir para volver a surgir. Y este es el proceso que debe seguir Proceso: morir para ser otra cosa”, comenta.

Y continúa: “Lo que surja de esos escombros o lo que quede estará en la justa medida de lo que son sus actuales directivos en lo moral, ético y profesional. Es otra generación, otra visión de las cosas. Lo otro ha muerto. Ojalá lo entiendan algún día. No es posible ser el pasado y el presente al mismo tiempo”.

Algo que no menciona Caballero en su carta, ni Ravelo en su columna de opinión, es la relación estrecha que tiene la familia Scherer con los grupos conservadores de oposición al gobierno de AMLO. Con excepción de Julio Scherer Ibarra, quien hasta hace poco fue consejero jurídico de la Presidencia de la República, su hermana María está casada con Juan Ignacio Zavala, quien a su vez es hermano de la panista Margarita Zavala, esposa de Felipe Calderón.

Fernando Rivera Calderón, Carlos Puig, Juan Ignacio Zavala, María Scherer y Beto Tavira. FOTO: Quién.com

María Scherer es una de las socias mayoritarias de Proceso —y al igual que su padre— ejerce una carrera periodística, pero decidió hacerlo desde medios de comunicación afines a los grupos de derecha que desean retomar el poder. El año pasado, por ejemplo, se integró a Latinus, el medio abiertamente anti-AMLO, cuya cara visible es el periodista Carlos Loret de Mola. 

María se habría estrenado a mediados de mayo con una mesa de análisis en la que participaron Alexandra Zapata, Claudia Maldonado y Lorena Becerra, para hablar entre otros temas de la pandemia del Covid-19.

En agosto del año 2019,  Proceso decidió prescindir de las colaboraciones del académico de la UNAM, John Ackerman, el escritor Fabrizio Mejía Madrid y el caricaturista Rocha.

Fue el propio John Ackerman quien dio a conocer la noticia a través de una publicación en sus redes sociales, en la cual narró lo sucedido. Dijo que el despido no tiene nada que ver con la crisis financiera que sufre la revista Proceso, pues él ofreció seguir colaborando con la revista de manera gratuita y “solidaria”.

Por su parte el escritor Fabrizio Mejía Madrid secundó lo publicado por John Ackerman en un mensaje en la red social Twitter en el que se quejó de la poca pluralidad que hoy tiene la revista Proceso.

Y aunque el maltrato hacia los reporteros que denuncia Caballero no deja de sorprender, en realidad no es un fenómeno nuevo ni reciente al interior de Proceso. Los ejecutivos de la revista aplicaron medidas implacables en contra de la base de periodistas que escribía en el suplemento de Proceso en Jalisco.

Primero presionaron al periodista Felipe Cobián Rosales, quien encabezaba la edición jalisciense, para que presentara su solicitud de jubilación, y poco después de un año le asestaron un golpe a la plantilla que durante poco más de 11 años trabajó en la edición tapatía. Sin aviso previo, la dirección ordenó el cierre de la plaza sin liquidar a sus colaboradores, entre los que participaban fotógrafos, columnistas y el destacado monero jalisciense Saúl Herrera, conocido con el pseudónimo de Qucho.

Al extremo de lado derecho el periodista Alberto Osorio Méndez. En el extremo izquierdo, el monero Saúl Herrera.

El periodista Alberto Osorio Méndez fue uno de los más perjudicados, pues a pesar de que en viva voz de Rodríguez Castañeda, el semanario se comprometió a indemnizar conforme a la ley, casi cinco años después no le ha pagado nada.

La empresa aún se niega a pagarle lo correspondiente por la rescisión del contrato.

 

Jorge Covarrubias
Escrito por

Reportero. Estudió sociología. Aún cree que la función del periodismo es eminentemente social y no un simple intercambio de mensajes entre la clase política.

4 Comentarios

4 Comentarios

  1. Avatar

    Eduardo Dardon

    19 septiembre, 2021 at 8:15 pm

    Proceso otro medio impreso que va a la quiebra esperen y veran

  2. Avatar

    Miguel Merino

    19 septiembre, 2021 at 8:31 pm

    El de maría Scherer es una de esas futilezas que en ocasiones se convierte en importante, o cómo la debilidad de género y conyugal y el derecho de alcoba, o la ideologización de alcoba, y no sé si la falta de una educación en principios y valores, degenera en la contraposición a la conducta del padre, en este caso don Julio. Ya había ocurrido en menor escala con Clara Scherer, casada con el criminal y corrupto ex gobernador de Oaxaca, Diódoro Carrasco Altamirano.

  3. Avatar

    Israel Jarquín

    19 septiembre, 2021 at 9:14 pm

    Que les quede clara, el l mercado de la revista Proceso son lectores de izquierda, los derechangos leen otras revistas como Hola, Tvnotas, revistas del corazón. Pero los nuevos dueños PRIANISTAS no lo entienden, pero veremos, al tiempo…!!!

  4. Avatar

    Vladimir Armendáriz

    22 septiembre, 2021 at 3:55 pm

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