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Opinión

Los cisnes negros que golpearon a México y a AMLO

Nassim Taleb es un filósofo americano/libanés que cuando estalló la burbuja inmobiliaria de Estados Unidos, en 2009, acuñó el término “cisnes negros” para los sucesos imprevistos de potencia desproporcionada.

Una peculiaridad de estos “cisnes negros” es que hacia atrás, es relativamente fácil explicar que eran inevitables, pero no antes de que ocurran.

México está siendo golpeado desde el exterior por al menos cinco factores que todos más o menos hemos escuchado:

1) La caída de los precios del petróleo.

2) El coronavirus.

3) La guerra comercial de Estados Unidos contra China, que impacta los balances comerciales y de inversión de “economía real”.

4) Las tasas de interés negativas en Estados Unidos por una política monetaria expansiva, después de un estornudo en los mercados bursátiles en 2018 seguidos del empuje de una burbuja durante 2019.

5) El plan de rescate del gobierno y del banco central de Estados Unidos, que contempla imprimir seis millones de millones de dólares (moneda de reserva global), lo cuál en el corto plazo está fortaleciendo a su moneda.

Probablemente hay otros “cisnes” que no hemos visto que ya nacieron y que están por surgir. Pero de aquellos que enumero, ni siquiera conocemos cuáles serán sus efectos en los siguientes meses.

Pero examinemos. Las economías las conformamos las familias. En las familias algunos somos trabajadores, empresarios, empleados, burócratas, amas de casa, inversionistas, estudiantes y maestros. Somos las familias, y no tanto como individuos, quienes conformamos los patrones del consumo.

Luego están las corporaciones, que son los mismos padres de familia, empleados y empresarios, quienes se organizan en grupos para resolver problemas de forma sistemática aplicando tecnologías como el capital para formar negocios. Si agregamos a las corporaciones, le llamamos la “industria”.

Esta industria no son las “cámaras políticas de empresarios” con las opiniones de un líder que busca posicionarse en la política, sino en realidad los negocios compitiendo, produciendo o comerciando, pero también importando o exportando con el fin de extender su alcance para solucionar problemas.

Luego existe un participante económico importante que es el gobierno (poder político estructurado), que en el caso de México, recibe ingresos de manera relativamente diversa: empresas paraestatales, impuestos sobre la renta de la industria y de los empleados e impuestos al consumo, pero que además toma decisiones de política fiscal gastando ese dinero para sostener su estructura y cubrir con sus objetivos políticos.

Un cuarto gremio muy importante del ecosistema económico es el sistema bancario/financiero, cuyo núcleo depende de un organismo autónomo que es el banco central (Banxico), que toma decisiones coordinadas a nivel global e independientes del gobierno federal, acerca de la política monetaria. Sus decisiones de “dinero de banco central” impactan la cantidad de “dinero de banco comercial” que circulan en la economía para financiar a consumidores o productores con créditos.

El sistema económico mexicano en realidad desde hace treinta o cuarenta años era/es hiperdependiente del gasto público.

Nuestro sistema bancario es relativamente estrecho y somero (no es profundo) y no tenemos otros canales de financiamiento abundantes como mercados de dinero.

Nuestras empresas (en la gran mayoría en el segmento de las “grandes”) dependen de empresas extranjeras con financiamiento internacional muy amplio, como las armadoras de automóviles, las cerveceras e inclusive las compañías mineras.

La mayoría de las empresas mexicanas grandes se caracterizan por la producción de materias primas sin ventajas competitivas claras que estén basadas en la tecnología o la creatividad, y en el tema de las empresas medianas y pequeñas no contamos con desarrollo tecnológico abundante, sino más bien son comerciantes o importadores en lo general.

Además, por lo general, las empresas mexicanas son ordeñadas por sus dueños para mantener estilos de vida que no corresponden a las capacidades reales de los negocios. No es el caso de todas, pero puedo generalizar diciendo que muchísimas empresas familiares mexicanas están descapitalizadas con poco capital acumulado. Esto lo dejo al debate, porque no es el punto central de esta reflexión.

Finalmente hay un elemento muy importante relacionado con la tecnología. No es la primera vez que el mundo sufre una pandemia. Hay mucha más información para comunicar medidas de prevención, pero al mismo tiempo hay mucha más facilidad de esparcir la ansiedad y la ignorancia a través de medios de comunicación y redes sociales, lo que hace más fuerte el efecto de “parvada” de las acciones colectivas.

El problema central es que nos nacieron al menos cinco “cisnes negros” imprevistos de una parvada de cisnes blancos y no sabemos lo que esto significa.

Se trata de situaciones inesperadas que nos disgustan. La pregunta económica más importante en el mundo hace un par de meses era qué efectos tendría la tasa de interés negativa de Estados Unidos en nuestra economía. Vamos, ni siquiera Warren Buffett conoce la respuesta de lo que eso significa para los norteamericanos.

El filósofo Nassim Taleb. Foto: Especial

Esto no es todo. La autoridad sanitaria nos pide que hasta final de abril nos quedemos en casa quienes podamos, para reducir los efectos de la enfermedad coronavirus. No sabemos quiénes están haciendo caso, y quiénes se contagiarán.

No sabemos qué impacto tendrá esto en la economía porque no tenemos datos suficientes, ni siquiera es normal que las brigadas de INEGI no puedan salir a tomar datos de campo. ¿Qué efectos tendrá en los ingresos de las empresas o en el desempleo de los trabajadores? Aún no lo sabemos.

Sí. Hay unas medidas que implementarán todos los gobiernos en el mundo, que básicamente consisten en aprovechar la baja en las tasas de interés para imprimir millones de dólares y distribuirlos a la gente a manera de créditos.

En México, el plan es continuar con el plan de la transformación, ahorrar en gastos innecesarios para usar ese dinero en aumentar los apoyos a la gente más vulnerable con el fin de reactivar la economía. Eso es neo-keynesianismo puro, que podemos discutir en otra entrega.

Pero esto es insuficiente porque aunque a nosotros un presupuesto de 6 millones de millones de pesos nos parece enorme, en realidad es dinero muy limitado para 128 millones de personas.

Además es absurdo pensar que todas las personas pueden trabajar desde su casa. Las minas están en las minas. Los molinos están en los molinos. Los tráilers y las grúas están en los tráilers y las grúas, no en las recámaras o en las salas de nuestros hogares.

De tal manera que la pregunta no es si podemos comprender todo lo que está pasando o cómo se originaron estos cisnes negros. De hecho, tampoco se trata de predecir qué otra cosa pudiera venirnos (como alguna plaga o una catástrofe natural). Tampoco la pregunta importante es “¿cuándo acabará la pandemia?” o “¿cuántos puntos del PIB se van a perder este trimestre?”

En realidad, la pregunta en la que debemos concentrarnos es “¿cómo aseguramos que nuestra vida continúe?”.

Precisamente Taleb acuñó el término en otro libro llamado “antifragilidad”, donde explica que existen sistemas que se benefician del caos y que salen mejores del desorden de cómo estaban antes.

Podemos también preguntarnos qué tan vulnerables somos actualmente ante los “cisnes negros”, y qué podemos hacer en este momento que ya están aquí para adaptarnos.

¿Cómo vamos a enfrentar como sociedad el enorme impacto estructural que dos o tres meses pueden generar a la naturaleza de los empleos? ¿cómo nos vamos a organizar como familias para cuidar a nuestros seres queridos más frágiles y vulnerables? ¿Qué acuerdos vamos a hacer dentro de nuestras familias? ¿Se van a adquirir deudas? ¿Quiénes van a cubrir cuestiones básicas como la alimentación?

No quisiera extenderme mucho. Mejor dejar esta reflexión y leer los comentarios de quienes estén interesados en opinar de forma inteligente para que juntos construyamos ideas que provienen de la organización.

En síntesis, si podemos organizarnos en eventos locales como un terremoto, con un gobierno como aliado es seguro que nos organizaremos como una gran familia para enfrentar todos estos eventos de escala global.

Guillermo Estefani Monárrez

Cursé la carrera en Negocios Internacionales y una Maestría en Finanzas en la Universidad Panamericana en Guadalajara, México. Soy analista de negocios. Diseño y construyo portafolios de inversión privados en México.

6 Comentarios

6 Comentarios

  1. Avatar

    Alejandro Rivera

    9 abril, 2020 at 12:24 pm

    El peor de todos los “Cisnes Negros” se llama Felipe de Jesús Calderón Hinojosa. Si dejara de creer que es el salvador del país y cerrara la boca de una vez por todas, todos los otros cisnes se enfrentarían con mayores posibilidades de éxito.

  2. Avatar

    maria lilia paz y puente lopez

    9 abril, 2020 at 1:26 pm

    ¿”CISNES? NO….. Esa ave es hermosa del color de que sean. son BIUTRES,ZOPILOTES, ZANATES. Que por su ambición han golpeado a quien se les ponga enfrente por su ambición de poder y dinero.Y se llevan entres las patas a seres que nada tenemos que ver en sus asquerosos negocios de dinero y poder… por que esos asquerosos animales solo quieren vivir ellos solo ellos creen ser DIOSES para decir quienes deben vivir y quienes deben morir. Mejor que se suban a un rín y que gane el mejor, PERO ELLOS, no el pueblo que vivimos de nuestros esfuerzos y trabajo.

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    Felipe Camargo Tovar

    9 abril, 2020 at 4:06 pm

    Tenemos el mejor presidente para enfrentar los desafíos, ….

  4. Avatar

    Carlos Guzmán Soto

    9 abril, 2020 at 4:29 pm

    Supongamos que estamos a 31 de Julio de 2020. “México es un país que ha sido ejemplo a nivel mundial en solidaridad y apoyo colectivo una vez más. Recordemos que ante una crisis humanitaria detonada por una catástrofe natural como el terremoto ocurrido en la Ciudad de México y estados circunvecinos en Septiembre de 2019, ante un Gobierno poco preparado en recursos económicos, humanitarios y equipos de emergencia para dar atención oportuna ante una crisis como ésta, fueron los ciudadanos comunes, del barrio, ricos, pobres, albañiles, estudiantes, amas de casa, empresarios, ingenieros, etc., quienes salieron a las calles a realizar labores de rescate y de todas partes del país se organizaron para acopiar víveres y mandar en apoyo a los damnificados. Incluso, las instituciones del gobierno encargadas de dar respuesta a esta emergencia utilizaron a las redes de ciudadanos auto-organizados para hacer llegar la ayuda necesaria y de manera eficaz se logró dar pronta solución en los primeros días y posteriores semanas de dicha catástrofe. Esta capacidad de reacción y organización ciudadana solo se ha visto en México.

    México, país mágico, multicultural, multi diverso, indígena, opulente, grande geográficamente, dividido socialmente, clasista y hasta racista, machista, desigual económicamente, polarizado políticamente, con heridas profundas debido a la violencia y la pobreza, hoy vuelve a ser ejemplo a nivel internacional por la capacidad de organización y reacción ante la crisis del COVID-19, en especial en la que corresponde a los temas económicos.

    Y es que ante la crisis provocada por la pandemia, el gobierno en turno decidió no seguir la misma línea de rescate de la economía con fórmulas aplicadas en prácticamente todos los países del orbe como son el diferir el pago de impuestos o la condonación de los mismos y la no adquisición de deuda para apoyar a grandes y medianos empresarios, siendo consecuente en su política fiscal superavitaria a pesar de los duros golpes externos a la frágil economía mexicana, muy bien resumidos en el artículo “los 5 Cisnes Negros” de Guillermo Estefani. Sino que apostó por un modelo de apoyo a las clases mas vulnerables y necesitadas a través del fortalecimiento de programas sociales, la continuidad de los cuatro grandes proyectos del sexenio como son “Dos Bocas, “Santa Lucía”, “el Istmo” y “el tren maya”.

    Estas medidas generaron un malestar en las cúpulas empresariales de este país, las cuales cabe recordar que han sido favorecidas en el pasado por los gobiernos del antiguo régimen: como ejemplo el Fobaproa/IPAB o la condonación e impuestos cada tres años por cientos de miles de millones de pesos a las 400 empresas mas grandes del país. Y haciendo uso de su poder económico y de facto, ya que tienen a su favor el control de los medios de comunicación mas importantes del país, la llamada “prenda opositora”, esa misma que vio reducidos sus ingresos hasta por mas de un 50% con el actual gobierno debido a la política de cero gasto en publicidad gubernamental y dejar de pagar los miles de millones de pesos que gobiernos anteriores venían gastando en para el control de la información, esconder errores del gobierno, atacar a los adversarios políticos un día si y el otro también, desviar la atención de los problemas de fondo que aquejan a la sociedad, apostar por el olvido de las masas, sembrar caos, miedo e incertidumbre, tener el control de la opinión pública, la de el llamado “pueblo”, el ignorante por opción y no por decisión, el olvidado, el que ha resistido la opresión por el sistema poítico-económico encumbrado desde la época de La Madrid y enraízalo desde el Salinas de Gortari, a esa época a la que siempre recordaremos como “el Salinato”, que comienza su decadencia en 2018 con la llegada al poder de Andrés Manuel López Obrador.

    Con lo anterior expuesto y ante la crisis económica generada por el COVID-19, fue nuevamente el pueblo mexicano el que sacó la casta, el mismo que salió al rescate en el terremoto, hoy salió a dar la batalla ante la crisis económica. Y es que fueron los micro y PyMES principalmente, los mismos que dan trabajo al 81% de la población, formales o informales, quienes decidieron sostener los embates de la crisis al no realizar despidos de sus empleados, a pesar que estaban bien justificados, logrando llegar a acuerdos entre patrones y trabajadores en la reducción del salario durante los meses fuertes de la crisis, se lograron acuerdos entre arrendatarios y arrendadores al reducir, suspender o diferir del pago de renta de locales de establecimientos que se vieron forzados a cerrar sus puertas al público. Los micro negocios que se vieron obligados a cerrar decidieron volver a invertir y abrir sus puertas una vez terminada la parte dura de la crisis, algunos con apoyos gubernamentales, otros con recursos propios de sus ahorros de ganancias de años de vacas gordas y muchos otros haciendo usos de los productos crediticios de las instituciones financieras, las cuales lanzaron créditos a tasas jamás vistas con la finalidad de favorecer el dinamismo de la economía.

    Vale la pena señalar que hubo empresas grandes que decidieron no despedir a ni un solo trabajador, absorbiendo los costos de forma directa que esto implicó y haciendo uso de estrategias de reducción de sueldos de los altos directivos, pero no de los empleados cuyo sueldo oscila entre 1 y 5 salarios mínimos, siguiendo el ejemplo de reducción de sueldos y eliminación de aguinaldos anunciado por el gobierno federal para los trabajadores de confianza de niveles de sub directivos, directores de área para arriba, ahorrando con ello una cantidad de recursos que fueron inyectarlos a la economía para hacer frente a esta crisis. (Ya tendremos tiempo para estudiar y hacer una lista de todas las medidas que se tomaron en todos los sectores económicos del país durante estos meses de crisis económica generada por el COVID-19).

    Y fue así que una vez mas el pueblo de México volvió a dejar atrás sus diferencias, su divisionismo y mostró al mundo que la unión hace la fuerza, que una sociedad unida aunque polarizada es más que un gobierno en turno, o que un minúsculo grupo de empresarios oligarcas millonarios. Demostró que unirse ante una tragedia como esta es la mejor democracia que existe. El poder de México esta en su gente, en sus valores y costumbres ancestrales arraigados en el sub consciente colectivo, en los valores espirituales únicos en el mundo y en la sabiduría del pueblo indígena, humilde, cuyo propósito en la vida no es la acumulación de dinero o recursos materiales, sino en la preservación de sus costumbres y tradiciones, las cuales van de la mando del vivir en armonía y equilibrio con la madre de todas las madres, nuestra Madre Tierra, para que siempre haya recursos naturales abundantes y limpios para los niños y niñas del mundo entero por miles y miles de generaciones.

  5. Avatar

    Ernesto Encinas

    9 abril, 2020 at 5:27 pm

    Muy interesante tu reflexión, Carlos. Gracias por aportarla.

  6. Avatar

    Jesús Cauich

    9 abril, 2020 at 8:37 pm

    Pues, como en su momento el pueblo apoyo a Cardenas, “ la patria espera a sus hijos para pasar lista de presentes” si somos nosotros esta gran patria.

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