La presidenta de Bolivia, Jeanine Áñez, que llegó a ese cargo sin haber recibido un sólo voto y gracias al apoyo de los militares (es decir, a un golpe de estado), tenía como labor principal convocar a unas elecciones para elegir al próximo mandatario de ese país.

No lo ha hecho, y al contrario, ha buscado detener la publicación de la convocatoria y, por ende, la fecha de los comicios.

Y es que el gobierno nacido del golpe de Estado sabe que no son competitivos, y que por más recursos que desvían del erario público, no podrán ganar las elecciones como ellos prometen: con una supuesta “fiesta” democrática.

Por eso han elaborado una argucia que les permita, por un lado, exaltar a su gobierno como “defensor” de la soberanía, y por el otro, captar simpatías ante un enemigo común. Y ese enemigo lo buscaron en México.

Sí, México asiló a Evo Morales, y eso indignó a los golpistas de Bolivia. Pero ese asilo debió ser en realidad un trámite: algo que se acostumbra en las relaciones internacionales.

En aras de crear al enemigo “México”, el actual gobierno de Bolivia no sólo ha mostrado un talante autoritario, sino violador de los principios básicos de las relaciones entre naciones.

Lo que han hecho los golpistas con los bolivianos asilados en la embajada de México es una agresión que preocupa a buena parte del mundo: debieron otorgar salvoconductos, y punto. Pero en aras de “legitimarse” ante el mayor número de bolivianos, pretenden encarcelar a los anteriores funcionarios públicos sin juicios justos y violando derechos humanos y todo lo posible.

México bien pudo ceder, dejar que Bolivia hiciera lo que quisiera y evitarse problemas.

Pero la política exterior que reivindica la administración de Andrés Manuel López Obrador ha mostrado que es una de las políticas más valientes y dignas que hoy en día existen en el orbe, y ha evidenciado de forma clara la naturaleza autoritaria y dictatorial del régimen que se está instaurando en Bolivia.

La actitud de México, sin necesidad de agresiones y con sólo la postura que da la dignidad y la hermandad entre los pueblos, mostró cómo el régimen golpista en Bolivia acosa a embajadas, cómo las espía. Es decir, evidenció que el actual régimen en Bolivia debe ser considerado un problema para el mundo.

Además, con las postura mexicana, hoy se muestra a una presidente de facto de Bolivia desesperada, que nombró persona no grata a la embajadora mexicana María Teresa Mercado, y que le dio 72 horas para salir, sin ésta haber violado ninguna norma.

Hoy el mundo mira a Bolivia no sólo como un régimen que surgió de un golpe de Estado, sino como uno que no respeta los principios básicos de las relaciones entre las naciones.

Hoy, pues, el actual gobierno golpista convirtió a Bolivia es un foco rojo. No sólo por su talante autoritario, sino porque es todo lo que un mundo en paz no quiere.

Y eso, sin duda, lo evidenció el gobierno de AMLO con una política exterior valiente y digna que hoy es más respetada que nunca.