Es verdad que frente a la violencia física, verbal y psicológica que han vivido las mujeres desde hace muchos años, la vandalización de la pintura de Francisco I. Madero por parte de las encapuchadas que han tomado la Comisión Nacional de los Derechos Humanos no es tan escandalosa.

Lo que asombra, en realidad, es que el puñado de mujeres que en este sexenio han elegido la violencia como forma de manifestación y a los monumentos y arte históricos como sus blancos a exterminar, pues no se dan cuenta de que por más que quemen, destrocen o pintarrajeen los bienes públicos, la situación de vulnerabilidad de las mujeres se mantiene igual.

¿Es que acaso, como por arte de magia, agreden menos a las mujeres en el país sólo por vandalizar una pintura, el Ángel de la Independencia o la puerta mariana de Palacio Nacional? Lamentablemente no.

Y es que, mientras un grupo reducido de mujeres logra atraer los reflectores de poderosos medios de comunicación con su explosividad y de cuyas acciones se sirven figuras políticas de derecha que quieren desacreditar al actual gobierno, aún existen millones de mujeres en todo el territorio nacional que no conocen sus derechos, que ni siquiera saben que están siendo violentadas en sus hogares, por sus parejas, en la calle o en su centros de trabajo y que no son conscientes de cómo culturalmente se ha controlado su libertad y el dominio elemental de su propio cuerpo.

De todas ellas, la falsa sororidad ni siquiera se acuerda hasta que se vuelven un número más de la estadística de feminicidios; cuando un activismo pacífico, pero constante, de información y solidaridad entre las mujeres sería mucho más efectivo para combatir la horrible violencia que sufren a diario.

Cubrirse la cara y destrozar, en la actualidad, bajo el gobierno de López Obrador que ha respetado por completo el derecho a la libre manifestación de las ideas (incluso si ésta ha tomado formas agresivas), ni siquiera tiene sentido si la causa es legítima y si no está siendo manipulada por intereses políticos que buscan desestabilizar a la 4T.

Las mujeres que hoy ocupan la CNDH y que llaman misógino al presidente están protestando con el ímpetu que se requería bajo los gobiernos sanguinarios de PRI y del PAN que se distinguieron por sus violaciones constantes a los derechos humanos, y no se percatan que por primera vez en la vida los esfuerzos institucionales están verdaderamente enfocados para que la justicia llegue a todas las víctimas, a sus familiares y a todos aquellos que fueron apaleados, olvidados y desdeñados por los gobiernos anteriores.

¿Es posible combatir a la violencia con más violencia? Los hechos han demostrado lo contrario.