Una vez más está en el debate público el tema de las “energías limpias” en México, pues como ya es costumbre los medios conservadores han tergiversado una declaración de Andrés Manuel López Obrador y se desgarran las vestiduras con encabezados amarillistas y malintencionados como “Para AMLO las energías limpias son un sofisma y prefiere utilizar carbón en México” o “¡Viva el carbón!, la energía verde es un sofisma”.

Sin embargo, el presidente en repetidas ocasiones ha dejado claro a qué se refiere con este y otros sofismas o engaños usados durante el periodo neoliberal para privatizar al sector energético mexicano, específicamente a la Comisión Federal de Electricidad (CFE) y a Petróleos Mexicanos (PEMEX).

El primer sofisma, que data del sexenio de Carlos Salinas de Gortari, fue que la CFE no sería autosuficiente para generar la energía eléctrica que el país necesitaría y que nos quedaríamos sin electricidad. La falta de autosuficiencia se fue “logrando” con el abandono y subutilización premeditados de las plantas hidroeléctricas y termoeléctricas de la CFE. Y es que la intención era que no pudieran competir con los proveedores particulares y así entregarle el mercado a estos últimos.

A partir de dicho sexenio, mediante la modificación de una ley secundaria, se comenzaron a entregar los primeros permisos a empresas extranjeras para la generación de la energía eléctrica, y posteriormente con la Reforma Energética en el gobierno de Peña Nieto, se llegó al punto en el que la CFE comprara la mitad de la energía a empresas privadas a precios muy elevados, con cargo a los recibos de luz del pueblo y al erario.

El segundo sofisma, comenzó con una campaña mediática de menosprecio a la CFE “porque no produce energías limpias” (lo cual es lógico si en décadas el Estado no ha invertido en el mantenimiento y modernización de sus plantas). Además, este sofisma incluye una campaña de desprestigio contra el gobierno encabezado por AMLO, y se le acusan mentirosamente de estar en contra de medio ambiente y que quiere contaminar el país por capricho.

Sin embargo, López Obrador ha dejado muy claro que de lo que se está en contra es de los abusos, del saqueo, de los contratos leoninos, de que se le haya quitado a México la autosuficiencia energética, la cual sería prácticamente posible si se permitiera que todas las plantas de la CFE estuvieran generando energía.

Lo ha dicho claro y lo ha dicho fuerte:

Vamos a revisar el marco legal para que no haya estos abusos. Imagínense cuánto invirtió el país, la nación, en la construcción de más de 60 hidroeléctricas para que estén paradas, subutilizadas, para que no les compitan a las empresas particulares, porque hay que entregarles el mercado de la electricidad a las particulares y para que vendan cara la energía. ¿En qué se beneficia el pueblo? … Las empresas privadas que producen “energías limpias” están subsidiadas, produzcan o no produzcan, la CFE -con presupuesto público, que es dinero de todo el pueblo- les tiene que comprar la energía eléctrica.

La misma fórmula privatizadora fue aplicada a PEMEX: abandonar la empresa nacional y consentir la corrupción para después tachar a la empresa estatal de insuficiente e inoperante, y así promover una supuesta necesidad de la inversión privada y extranjera para extraer petróleo de nuestro territorio.

Con la reforma energética se dieron decenas de concesiones a grandes empresas con la promesa de que la inversión y producción petrolera aumentarían exponencialmente. Pero esto no se dio. AMLO lo ha repetido varias veces “La mayoría [de las empresas privadas] ni siquiera está invirtiendo […] Se suponía que para este tiempo iban a estar produciendo muchísimo; nada, sólo produce una empresa, una empresa italiana”.

Los malacostumbrados del antiguo régimen se siguen quejando por el combate al huachicol, por la construcción de las refinerías, por el rescate de PEMEX, pues lo que les conviene es que no se alcance la autosuficiencia y que se siga comprando gasolina en el extranjero.

Empresas privadas y congresistas de otros países se quejan porque AMLO defiende a las empresas del Estado (CFE y PEMEX) y no a las particulares. Pero se olvidan que el presidente de México llegó al poder con la premisa clara y nítida de defender el interés público y no los negocios de particulares, como era antes.

Como es su costumbre, AMLO se remite a nuestra historia para explicar los debates actuales. En una conferencia matutina reciente leyó la carta del exmandatario Adolfo López Mateos dirigida al pueblo de México, cuando nacionalizó la industria eléctrica en 1960, destacando su vigencia y la gran visión del expresidente:

Les devuelvo la energía eléctrica, que es de la exclusiva propiedad de la Nación, pero no se confíen porque en años futuros algunos malos mexicanos identificados con las peores causas del país, intentarán por medios sutiles entregar de nuevo el petróleo y nuestros recursos a los inversionistas extranjeros.

Cada día continúan aflorando los ejemplos de cómo era “normal” en el antiguo régimen de privilegios hacer jugosos negocios al amparo del poder público.

Es el vergonzoso caso de Iberdrola, una de las mayores beneficiarias de las políticas privatizadoras: se llegó al descaro de otorgar incluso cargos al expresidente Felipe Calderón y a su exsecretaria de Energía, Georgina Kessel. Fue un negocio redondo.

Así entendemos por qué estas minorías que formaban el poder económico (políticos neoliberales y empresas, jueces y parte) no querían que AMLO llegara a la presidencia y ahora están tan inconformes con el rescate de la CFE y PEMEX: se acabó la era del abuso, del tráfico de influencias, del saqueo, de enriquecerse a costa del sufrimiento del pueblo. Ahora tenemos un presidente que vela por el interés de la Nación y no por el propio o el de sus allegados.