Eduardo Medina Mora tuvo una larga y exitosa trayectoria en los gobiernos del PRIAN, esas administraciones que comenzaron con un supuesto “cambio democrático”, pero que en realidad fue la creación de un monstruo de dos cabezas conformado por el PAN y por el PRI.

Cuando Vicente Fox llegó al gobierno con un bono democrático impresionante, Eduardo Medina Mora fue designado director del Centro de Investigaciones y Seguridad Nacional. Ahí duró cinco años: de 2000 a 2005. Posteriormente, fue Secretario de Seguridad Pública en la última parte del sexenio de Fox.

En esos dos puestos se enteró de todos lo que sucedía en materia de seguridad en el país. Y en esos puestos también realizó las acciones que parecía estaban desterradas con el “cambio democrático” de 2000: vigiló y espió a opositores (el caso desafuero de AMLO, por ejemplo) y reprimió a movimientos sociales (recordar la brutal represión con los habitantes de San Salvador Atenco).

Eduardo Medina Mora y Vicente Fox.

Con Felipe Calderón fue Procurador General de la República (PGR), y desde ahí participó en la estrategia que hizo de este país una tragedia. Sus problemas (seguramente de corrupción) fueron tan grandes, que Calderón en 2009 lo mandó de embajador a Reino Unido para que allá se “recuperar” políticamente.

Ya con el priísta Enrique Peña Nieto, Medina Mora fue designado ni más ni menos que embajador de México en Estados Unidos.

Dos años después, con casi 10 en el extranjero y sin capacidades académicas necesarias, fue nombrado ministro de la Suprema Corte de la Nación con el apoyo de los senadores del PAN y del PRI, es decir, del PRIAN.

Eduardo Medina Mora y Felipe Calderón

Así pues, Eduardo Medina Mora es la representación del PRIAN. Un funcionario público que comenzó a despuntar con “la alternancia” y que disfrutó de ella. Que se adaptó al PAN y al PRI porque, en realidad, ambos partidos, en los últimos 19 años, han sido lo mismo.

Pero no lo representa sólo por haber sido un funcionario que pasó de un partido a otro como si fueran lo mismo, sino que también por sus actos de corrupción y por su debilidad por el enriquecimiento ilícito y grosero.

Sí, Eduardo Medina Mora representa de forma nítida a los funcionarios de los gobiernos del PRIAN, los cuales buscaron enriquecerse al amparo del poder, mover influencias y lograr siempre impunidad. A estos funcionarios nunca se les castigaba y siempre se les buscaba un puesto donde lograran impunidad permanente.

Por eso la renuncia de Eduardo Medina Mora es tan simbólica: representa que en este gobierno que encabeza Andrés Manuel López Obrador, el de la Cuarta Transformación, los que eran “impunes” (y el caso de Medina Mora es emblemático, pues le habían regalado un espacio -asegurado hasta 2030- como ministro en la Suprema Corte de Justicia de la Nación) ya no lo son; y que lucha contra los actos de corrupción van en serio, se trate de quien se trate.

Eduardo Medina Mora y Enrique Peña Nieto.

La renuncia de Medina Mora indica que las evidencias de corrupción en su contra en los últimos 18 años del PRIAN son tan amplias y contundentes que tuvo que salir de la Suprema Corte. Un hecho insólito.

Esto es un duro golpe no sólo a un personaje corrupto, sino a los miembros de régimen que hicieron del país su propiedad privada, y que usaron los espacios de poder para enriquecerse y ser impunes.

Hoy, esto ha cambiado. Y el PRIAN, por fin, se desmorona no sólo electoralmente, sino en toda su estructura.

Y eso es una muy buena noticia.