¿Para qué sirven las campañas electorales y el enorme gasto que conllevan?

En este año, a pesar de la pandemia y de la imposibilidad de celebrar grandes actos públicos (donde se suelen repartir obsequios e incluso pagar acarreados) los recursos que se otorgaron a los partidos políticos no disminuyeron.

La campaña que hoy vivimos es especialmente en redes sociales, con propaganda en calles, revistas y periódicos, además de mensajes en radio y televisión. ¿Sirve de algo?

En las campañas tradicionales, con gente, el llenar plazas o estadios servía para que los candidatos presumieran músculo. Los candidatos se mostraban tranquilos, seguros, de buen humor, se ufanaban de lucirse ante un público; no importaba que supieran que en muchos casos los asistentes eran pagados con dinero en efectivo y a veces tan sólo con una torta y refresco.

Fueron las movilizaciones de la izquierda las que les dieron sentido a los mítines. La gente acudía a ellas por voluntad propia, no por acarreo. Recordemos los mítines de apoyo al ingeniero Cárdenas para llegar a jefe de gobierno y sus tres intentos como candidato presidencial. O los de Andrés Manuel López Obrador en cada una de las contiendas electorales en que participó.

Esas gigantescas concentraciones de cientos de miles de pobladores en las ciudades del país (y que siempre fueron minimizadas en su número por los medios de comunicación) crearon en cada momento un impulso social que fortalecía el ánimo del candidato. Estos mítines se diferenciaban de los de los actuales opositores, pues no precisaban grupos musicales ni acarreo ni parafernalia para allegarse de personas.

A los mítines de la izquierda asistían los partidarios y convencidos; a los de la derecha, los curiosos y acarreados; esa intencionalidad de reunión política tiene un símil en las redes sociales de esta campaña que estamos viviendo.

Quienes apoyan al movimiento de la Cuarta Transformación, en sus mensajes, aportan ideas, conceptos, hablan de las noticias recientes; con humor se ríen de los traspiés de los candidatos y con ironía comentan los “ofrecimientos” de aquellos rivales que parece que creen que nacimos ayer.  Mientras, en los mensajes de la derecha, lo que prevalece es el insulto, la difamación y el clasismo; no se escucha una propuesta de algo que no sea volver al pasado.

Las elecciones sirven para evaluar el desempeño de los políticos. Al partido en el gobierno se le puede ratificar el apoyo o quitárselo. A los que ya tuvieron oportunidad gobernar, se le revisa su desempeño como oposición y su relación con su actuar de cuando fueron gobierno.

La cuestión es que hoy, la oposición, en lugar de “renovarse”, presenta a candidatos que fueron causantes de la desgracia nacional. ¿Por qué?

Esto sucede porque la oposición carece de dos cosas:

  • Un proyecto que construya con ideas cómo avanzar en los temas fundamentales que requiere el país, como son seguridad, economía, salud y alimentación; y que a la vez le permita hacer un mea culpa del desastre ocasionado.
  • Candidatos preparados que no estén involucrados en corrupción u otros delitos.

La oposición es incapaz de regenerarse y formar nuevos liderazgos alejados de la corrupción y de viejos vicios. Por eso han tenido que recurrir a tristes figuras del pasado y a sacar de rancios clósets a ideólogos trasnochados y expresidentes impresentables. Apelan a la desmemoria y al olvido.

Y este país ya no está para olvidos.

Javier Cravioto