Las marchas, manifestaciones o mítines son las muestras de apoyo o rechazo más significativas de la ciudadanía organizada. Algunas, espontáneas como los “cacerolazos” en Argentina, otras plenamente organizadas, con un fundamento ideológico sólido y un reclamo claro y conciso.

Este tipo de demostraciones de fuerza son, siempre y necesariamente, a favor o en contra de la Autoridad Constituida.

México ha tenido grandes marchas, la mayoría dignas y respetables. Verbi Gratia: ¿Qué más digno y respetable que la Marcha encabezada por Javier Barros Sierra, Rector de nuestra Máxima Casa de Estudios el 2 de agosto de 1968? ¿O la Marcha del Silencio el 13 de septiembre de ese mismo año? El Rector y los estudiantes universitarios impusieron el estándar de lo que a la fecha debería de ser una manifestación. Para ellos, mi admiración y mi respeto.

En 1988, Manuel Clouthier, Rosario Ibarra y Cuauhtémoc Cárdenas encabezaron mítines y varias manifestaciones posteriores a lo que más tarde se conocería como “La caída del sistema“. En el libro “Salinas en Proceso” se daría a conocer una anécdota en la que se comenta que el sistema de conteo de votos de pronto dejó de hacer ruido. Se cayó, de callarse, no de caerse.

El 24 de abril de 2005 se llevó a cabo una de las manifestaciones más grandes de la Historia moderna del país. La ciudadanía indignada por la determinación de la Cámara de Diputados de quitar el fuero al entonces Jefe de Gobierno de la Ciudad de México, Andrés Manuel López Obrador, congregó a más de 200 000 personas en la plancha del Zócalo y calles aledañas.

De la misma manera, el 9 de octubre de 2014 los ciudadanos se manifestaron por la aparición de los 43 estudiantes de Ayotzinapa. Los mítines se extendieron en todo el país y encontraron eco en Madrid, Londres, Berlín e Italia entre otros.

Sobre las marchas y manifestaciones actuales de FRENAAA ya he hablado en este espacio y no abundaré en el tema, salvo para comentar que son todo lo contrario a lo que se esperaría de una marcha: no tienen dignidad ni ideales.

Después de las manifestaciones de odio de FRENAAA, hubo en redes sociales varios llamados a manifestarse en favor del Presidente. Desde que se conoció de la organización de dichas movilizaciones, Andrés Manuel López Obrador enfatizó que no eran necesarias esas muestras de apoyo.

En más de una ocasión expresó que manifestarse sería caer en el juego de la oposición rancia y desarticulada. También, llamó a los posibles participantes a ser conscientes de la pandemia: las aglomeraciones y reuniones no indispensables siguen estando prohibidas.

Con todo y eso, se llevó a cabo una manifestación de respaldo al Presidente Andrés Manuel López Obrador. La oposición aglutinada en FRENAAA llenó el campamento (antes vacío) del Zócalo con gente acarreada de otros estados como consta en varios medios de comunicación. Si bien la marcha se desarrolló en paz, el peligro de una probable confrontación estuvo presente todo el tiempo.

El riesgo de caer en provocaciones –naturales o inducidas– puede descarrilar un movimiento democrático y pacífico y puede darle a la oposición una bandera de batalla. El Presidente siempre se ha enorgullecido de que nuestro movimiento es legal e inofensivo: “nunca hemos roto un vidrio”.

Tenemos que cuidar las formas al máximo. La oposición está esperando un solo pretexto para golpear políticamente a nuestro Presidente. No les demos la oportunidad que están esperando. No debemos de salir a las calles a mostrar nuestro apoyo. Hoy por hoy, nuestra batalla debe de ser por informarnos y evitar caer en especulaciones y noticias falsas. También, debemos de cuidarnos y protegernos para salir lo antes posible de la pandemia. Hoy somos Gobierno. Ya Ganamos. Ahora debemos de cuidar ese Triunfo Histórico. Es nuestra responsabilidad como Ciudadanos Conscientes.