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Opinión

La Marcha del Pueblo con AMLO fue histórica

¿Por qué marchamos este domingo 27 de noviembre? ¿Por qué cientos de miles de mexicanas y mexicanos nos movilizamos desde todos los rincones del país para acompañar a Andrés Manuel López Obrador en una marcha más? Una respuesta es: para respaldar el proyecto de transformación.

La #MarchaDelPueblo, como la nombraron en redes sociales, fue histórica. Cientos de miles marcharon apoyando al presidente. No fue una marcha como otras, convocada ante la desesperación e indignación de un intento de desafuero, o por causa de un nuevo fraude electoral como el del 2006. No, en esta ocasión marchamos por el deseo de que el proyecto de transformación se mantenga vivo y fuerte, y que a pesar de todas las dificultades y retos que enfrenta, pueda seguir consolidándose con el transcurso de los años.

Se caminó también para dejarle en claro a un sector del poder económico, político y empresarial que México es un pueblo cada vez más consciente, capaz de movilizarse si el presidente convoca.

Por eso a la luz de esta marcha no se puede dejar de apreciar la sombra de la otra, de la que fue convocada por la oposición hace unas semanas. Qué gran diferencia entre una y otra, tanto en dimensión como en proporciones.

Pero no quiero recuperar el tema de las clases sociales o del nivel económico de las personas que asistieron, no quiero caer en ese ritual de odio en el cual nos quiere meter la derecha. Es mejor enfocarse en las convicciones, en los anhelos, en el cariño y en la idea política que debe haber por delante.

La marcha del domingo fue un encuentro nacional en donde se encontraron personas de todo el país, muchas de las cuales incluso nunca habían visitado la Ciudad de México. Una marcha única que se construyó desde la ilusión y el deseo de defender un proyecto nacional, pero también para demostrarle el apoyo incondicional a un hombre: al presidente.

Quizá por eso el presiente decidió prolongar su llegada al Zócalo por varias horas, para tener así la oportunidad de escuchar y agradecer a quienes vinieron de lejos y de cerca. Quizá por eso presentó un informe de gobierno más largo de lo habitual. Quizá por eso el presidente se atrevió a nombrar su corriente de pensamiento: el humanismo mexicano.

La transformación tiene realidades distintas en cada estado y latitud del país. No se avanza de la misma manera, no se encuentran los mismos problemas, no funcionan tampoco las mismas soluciones. Por eso encontrarnos en las calles históricas de este país fue una oportunidad también para que se vinculen nuestras realidades.

Mientras que la oposición marchó hace unas semanas sin propuesta, como lo compartí en mi anterior columna, la marcha de este domingo defendió el proyecto y las acciones del gobierno federal, lo cual ciertamente no deja de tener un tinte paradójico.

Empezaba esta columna preguntando “¿para qué marchar?” porque hasta hace poco no estamos acostumbrados a tomar las calles para apoyar a nuestros gobiernos. Seguramente desde el gobierno del General Lázaro Cárdenas no había un cariño así del pueblo por un presidente. Muy por el contrario, marchábamos para defendernos de ellos, para demandarles que cumplieran con su responsabilidad, para exigirles justicia. Y si bien existen marchas hoy en día que cuestionan al gobierno, lo cual es normal dentro de una democracia, estamos viviendo como país un hecho histórico en este sentido.

Y es que este domingo no solo acudieron las bases o los militantes de morena, sino también la ciudadanía que entiende que el país se está transformando.

Al marchar pudimos contemplar varias cosas que hoy parecen normales, pero hace unos años no lo eran. No había granaderos y no existía el miedo latente a que el gobierno infiltrará la movilización para desatar el miedo. No había periodistas corriendo y escapando de policías o soldados. Pero sobre todo había algo que era único, un presidente caminando seguido por cientos de miles de personas.

Era necesario marchar porque nuestro movimiento no puede desarticularse y desentenderse de las calles. Gobiernos de izquierda en América Latina, con sus propias características y momentos, han caído en el error de vaciar los movimientos que los llevaron al poder, concentrando a los cuadros políticos en la acción de gobierno a costa de descuidar la revolución de las conciencias en las calles. Este error les costó muy caro. No pudieron frenar golpes de estado blandos y duros, no pudieron contrarrestar la articulación política que se conforma a través del odio y la desinformación de las cúpulas económicas y políticas, así como de los principales medios de comunicación.

En México la derecha y la extrema derecha se comienzan a articular, si se quiere de una manera muy incipiente. No están pensando solo en la presidencial del 2024. No, están pensando en la presidencial del 2030, en el Estado de México en el 2023, en la ciudad de México y otras ciudades en el 2024.

No es casualidad que en estas semanas se hayan desarrollado en México de manera conjunta conciertos fascistas, marchas conservadoras y clasistas, así como la Convención Norteamericana de Grupos Ultraconservadores. Como tampoco es casual que el gobierno de la 4T las permita.

Más allá de la libertad política para reunirse que debe de estar garantizada siempre, el que la derecha fascista y conservadora se ventile y devele ante la sociedad es algo bueno para que el pueblo las vea sin máscaras, ya que cuando más fuertes han sido menos necesidad han tenido de mostrarse tal cual son. Pero de poco servirá darnos cuenta de la confesión de odio, sino no somos capaces de fortalecer un proyecto democrático y de justicia para todas y todos en el país.

No se debe de movilizar por movilizar: de movilizar para la foto pues. El objetivo debe ser más trascendente, debe recuperar lo que vimos este domingo en las calles que iban de Reforma al Zócalo. Debe recuperar la ilusión de construir un país más justo. El enojo y el coraje por tantos años de cinismo y de saqueo de parte de una cúpula, de unos cuantos a costa de la mayoría. Pero también debe de desarrollarse la formación política para impulsar la revolución de las conciencias, así como el compromiso de encontrar a las y los otros en el camino y convencerles para que nos acompañen.

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Diego Ilinich Matus
Escrito por

Militante de izquierda, integrante del INFP de morena, y convencido de la necesidad de una “revolución de las conciencias”. Licenciado en filosofía por la UABC. Maestro en ciencias sociales por la FLACSO-México. Con estudios en políticas públicas para la igualdad por CLACSO y el CIDE, así como candidato a doctor en política educativa por la UNAM.

2 Comentarios

2 Comentarios

  1. Avatar

    Alan

    28 noviembre, 2022 at 5:05 pm

    Buenas fotos!

  2. Avatar

    JUAN F CARRASCO MEJIA

    28 noviembre, 2022 at 5:27 pm

    Suscribo al 1000%,este contenido

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