Dos marionetas de los dueños del país —Enrique Peña Nieto y Joaquín López Dóriga— protagonizaron un infomercial en un jardín de Los Pinos para mandar un mensaje en tono de súplica a sus amos: cuando se agote el “espacio de diálogo” con la CNTE intervendrá la fuerza pública (¿el ejército?) para aplastar la justa y necesaria rebelión del magisterio contra la reforma laboral, punitiva, impulsada por los Claudios X González, propietarios de Kimberly Clark, y su títere de guante —esos muñecos de trapo que se manipulan metiéndoles los dedos por abajo—, Aurelio Nuño.

Peña habló con desenvoltura, además, de la Casa Blanca y el departamento de su esposa en Florida. Lamentó que la operación para adueñarse ilegalmente de la primera se haya cancelado —lo que está por verse— y reconoció que el empresario Ricardo Pierdant pagó 23 mil dólares de impuestos por la guarida en Miami donde La Gaviota y sus niñas ocultan todo lo que se compran con nuestros impuestos. En un país tan macho como este, a cualquiera que permite que “un vecino” le dé tanto dinero a su mujer sólo cabe etiquetarlo de cornudo o proxeneta. Pero aquí no se trata de esto.

Uno de los componentes psicológicos del cinismo —y no hablo de la corriente filosófica inventada por los antiguos griegos— es la falta de autoestima. Peña Nieto no se respeta a sí mismo, no respeta su investidura pero, sobre todo, nos falta al respeto a nosotros, la ciudadanía, la sociedad civil, el pueblo. El gobierno (ya inexistente) del “nuevo PRI” es una constante y absoluta falta de respeto.

Mexico Financial Reforms

“Con la reforma energética no volverá a aumentar las gasolinas ni la electricidad”, aseguró EPN. ¿No? Desde el mes pasado regresaron los aumentos, y son más grandes que los anteriores. “La reforma energética no es privatizadora.” ¿No? Petróleos Mexicanos fue destripado, los dueños del país y los figurones del gabinete, así como las transnacionales del mundo entero se apropiaron de los mejores yacimientos y por doquier empiezan a erigirse gasolineras de firmas privadas.

“Los mexicanos deben acostumbrarse a los aumentos de los combustibles”, dijo la semana pasada Pedro Joaquín Coldwell, secretario de Energía y magnate petrolero, sin que se le cayera la cara de vergüenza, pues la consigna es faltarnos permanentemente al respeto.

La reforma laboral “permitirá que se dé de manera más fácil la contratación entre mexicanos, especialmente los sectores que se habían visto más márginados, las mujeres embarazadas y los jóvenes sin experiencia”, dijo EPN en octubre de 2012 como presidente electo. El 11 de diciembre de 2014 la revista Forbes publicó: “…bastaron sólo 24 meses para apreciar que el ritmo de crecimiento del empleo que se tenía antes de la Reforma Laboral se ha desacelerado”.

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Durante el baño de sangre del Felipato, “el promedio anual de crecimiento de empleos formales fue de 4.49 por ciento”, agrega Forbes, en tanto el que se registró en 2013 y 2014 fue de 3.36 por ciento. Dos años después, es decir, hoy, estas cifras no han mejorado, pues Peña y los diputados del Pacto por México —PRI, PAN, PRD y Verde— sólo propiciaron que los negreros ofrezcan contratos de 28 días, sin prestaciones, para “jóvenes sin experiencia” sobre todo.

Si los perredistas promovieron la reforma hacendaria, haciéndose eco de las palabras de EPN, que según ellos permitiría “detonar el crecimiento económico y hacer efectivos los derechos sociales de los mexicanos”, aparte de lograr que “los que ganan más paguen más impuestos”, en los hechos, la aplicación del IVA de 16 por ciento a las zonas fronterizas acabó de arruinar la economía de los estados del norte, así como de la región del Caribe, y por lo que respecta a la recaudación “igualitaria”, hasta la semana pasada las grandes empresas adeudaban 142 mil millones de pesos al fisco.

Todo ha sido una patraña. La reforma hacendaria fue concebida como un mecanismo de compensación para tapar, con más y más impuestos, el hoyo del dinero que el país dejó de recibir tras la privatización de Pemex. Pero no les alcanzó para eso. Hoy, como en los dos años finales del sexenio de López Portillo, nuestra principal fuente de “ingresos” es el endeudamiento externo.

Calderon riendose

En 2012, último año del Felipato, la deuda equivalió a 43.17 por ciento del Producto Interno Bruto (PIB), en 2013, ya con Peña, aumentó a 43.36, en 2014 a 49.51 y en 2015 a 54.00. La gasolina mexicana, es Estados Unidos, es 40 por ciento más barata que en México. No hay una sola de las “reformas estructurales” que no sea un fracaso, que no haya producido resultados contrarios a lo que se ofreció y que no haya redundado en beneficios exclusivos para los dueños de todo. Con estos antecedentes, ¿por qué debe prevalecer la mal llamada “reforma educativa” que no pretende sino destruir al movimiento magisterial?

Todas las reformas deben ser abrogadas, empezando por esta última, que nació muerta y no tiene futuro, a menos que, tal como Peña le prometió a los dueños de todo a través de López Dóriga, el “gobierno” más ineficiente que se recuerde, y el más corrupto de los corruptos, cambie las balas de goma (que no son de goma sino de madera) por las balas de plomo y dispare a matar como en Nochixtlán y de una vez le declare la guerra a los maestros y al país.

A propósito de Nochixtlán, otra que no tiene el más mínimo sentido del respeto a la sociedad es la “procuradora” Arely Gómez. A casi dos meses de la matanza del 19 de junio, que a todas luces fue ordenada por Miguel Ángel Osorio Chong, la PGR todavía no ha podido atraer la investigación porque los pobladores de esa ciudad, atacada con armas de alto calibre por soldados de la Policía Federal, “no nos dejan entrar”.

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Osorio Chong, un farolito decorativo comprado al parecer en la calle de Dolores, es la viva imagen de la impotencia ante la ingobernabilidad que se extiende por todas partes. El gobernador asesino de Veracruz, Javier Duarte de Ochoa, a tres meses y medio de perder el poder, auspicia la peor matazón de su infausto sexenio: balaceras y secuestros son el preludio cotidiano de los cadáveres que aparecen en las calles y carreteras de ese estado. ¿Y Chong, supuesto “jefe de la política interior”? En la luna.

Violencia imparable en Guerrero, Michoacán, Tamaulipas, Jalisco, el estado de México, Morelos, Chiapas, Colima, el DF, Baja California Sur (otrora tan tranquila) son lagos de sangre y de lágrimas, en donde la evidente complicidad de los cárteles con los gobernadores y con las policías y los militares confirma que Felipe Calderón y su política de impunidad garantizada a todas las expresiones de la delincuencia, no sólo no se fue de Los Pinos en diciembre de 2012, pues se ha mantenido idéntica a sí misma hasta hoy, sino que aspira a perpetuarse, de 2018 a 2024, con la mujer-monigote en que ha accedido a convertirse la indecencia y la hipocrecía personificadas en Margarita Zavala, quien, según Reforma, es la única y la última ficha con que cuenta la dictadura para no desmoronarse como un montón de piedras.

A estas alturas, sale sobrando el tema Alfredo Castillo, nuestra máxima “autoridad” en materia de deporte, que invitó a su novia a las Olimpiadas de Río, pero olvidó llevar masajistas y médicos para los atletas competidores, ni evitó que algunos fueran echados de los hoteles donde se hospedaban, ni se cansa, como el resto del gabinete, en faltarle al respeto, soezmente, a todo el país.

Alfredo Castillo y su novia en Río 2016. Foto: Especial

Alfredo Castillo y su novia en Río 2016. Foto: Especial

En mi columna anterior me referí al famoso artículo llamado El dedo en el culo. Hoy, antes de escribir estas líneas, compruebo que fue publicado en Buenos Aires el primero de diciembre de 2001. Y recuerdo, porque estuve ahí como reportero, que sólo 17 días después el pueblo argentino se levantó pacíficamente contra el gobierno de De la Rúa y lo derribó, antes de que cinco presidentes más se sucedieran en la Casa Rosada en el curso de una semana.

Este comentario final viene a cuento porque ayer, a nombre de un Frente Amplio que ha logrado aliar a todos los sectores descontentos contra el perredista Graco Ramírez, decenas de miles de personas se manifestaron en Cuernavaca, Cuautla, Temixco, Zacatepec y otras ciudades de Morelos con una sola consigna: no desmovilizarse hasta que caiga el “gobernador”. Quizá no esté lejos el día de que repliquemos su ejemplo, a menos que nos guste, y disfrutemos, que Peña, Chong, Arely, Castillo, Videgaray y demás nos sigan faltando al respeto para siempre.