Hace unos días, la Secretaría de Salud aclaró que la muerte de la pequeña Mariana, ocurrida el pasado 5 de julio, en el Hospital Infantil de México Federico Gómez, se produjo a causa de una “hipertensión intracraneal, enfermedad cerebrovascular” no especificada y no debido a alguna “circunstancia particular relacionada con la falta de insumos, fármacos o de tratamiento apropiado”.

Dos meses atrás –el 26 de junio–, Raymundo Riva Palacio, en su columna “Estrictamente Personal”, de El Financiero, ya advertía que “Los intereses en el sector de la medicina se comenzaron a golpear desde que se rompió el encadenamiento entre los laboratorios y los distribuidores”, y sostenía que el gobierno federal había decidido enfrentarse a un monstruo de formidables dimensiones al haber consolidado las compras en el sector.

En efecto, se trata de un negocio de 70 mil millones de pesos anuales que, desde luego, tiene avasallantes intereses económicos. Ciro Gómez Leyva, siguiendo la línea editorial –y empresarial– de sus jefes: los Olegarios Vázquez (Raña y Aldir), quienes son dueños de Imagen, –pero también del grupo de hospitales Ángeles– fue el encargado de confeccionar un reportaje sensacionalista al estilo de los montajes que suele armar Jorge Garralda, agregándole para mayor efectismo algunas imágenes artificiosas y, sin la menor pizca de objetividad, un par de escenas lacrimosas con el fin de epatar a las audiencias que, como todo mundo sabe, gustan tanto de las tramas silviapinalescas.

La adhesión a las causas más infames por parte de Ciro no es nueva y siempre le ha granjeado enormes dividendos. Pero que Krauze le haya dictado a su Community Manager un tuit tan irresponsable como el que aparece en la cuenta del –supuesto– historiador, que ha demostrado mejores dotes en la ingeniería propagandística de sí mismo, es una muestra más de la estulticia que anima la pluma de este intelectual pagado por los gobiernos anteriores.

El tema del Hospital Infantil –y lo saben muy bien Krauze, Ciro, los Héctores (Aguilar Camín y De Mauleón)– tiene una entraña mucho más profunda que, en todo caso, apunta más hacia la relación que sostienen las empresas Dimesa-Pisa, y que no sólo va más allá de la propia compra consolidada, sino con la insuficiencia del medicamento en las farmacias subrogadas, donde la distribuidora Dimesa, hay que decirlo, debió entregar oportunamente los medicamentos y no lo hizo.

Pero la derecha facciosa –ya con su maquillaje liberal cada vez más embarrado en su viejo rostro conservador– seguirá elaborando –y difundiendo– series maniqueas que, en un sólo esfuerzo, engloban el poco talento de los libretistas de Clío, las desfachatadas dotes actorales de Ciro y el melodrama –bien pagado– de los intelectuales panistas que dirigen Nexos y Letras Libres, revistas anquilosadas y que ya nadie usa ni para envolver papayas.