Hay mucha gente que no quiere a Andrés Manuel López Obrador.

Muchos que, cuando ganó de forma contundente, comenzaron a planear la forma mas eficaz de derrocarlo.

A nadie le debe asustar que hoy se hablen de palabras como “golpe blando” o “derrocar” o “descarrilar”. La derecha mexicana, que se presume como “democrática” y “liberal”, ha usado esos conceptos, aunque les ha colocado otros nombres. Y los ha puesto en marcha.

En 2004, el desafuero en contra de AMLO fue, en realidad, un “golpe de estado preventivo” (como lo definió magistralmente Jaime Avilés). Igual sucedió en 2006, cuando le hicieron fraude e impusieron a Felipe Calderón.

Desde 2006, la derecha decidió ya no dejar nada al “ahí se va”, y comenzaron a invertir cantidades groseras de dinero en Enrique Peña Nieto. Gastaron una fortuna en él. Y en 2012, como ni así fue suficiente, organizaron fraudes y pusieron a Ciro Gómez Leyva a decirnos que Peña Nieto jamás perdería porque las encuestas así lo mandataban.

La derecha ha jugado siempre con formas anti-democráticas, pero las ha llamado de muchas formas y las ha disfrazado. Pero es su modus oprendi: el golpeteo, el derrocar, la no democracia.

Desde el 1 de julio de 2018, o quizás antes (porque sabían que AMLO ganaría de forma contundente), comenzaron a construir una estrategia para impedir que Andrés Manuel concluyera su sexenio.

La idearon detenidamente. Y con muchas acciones.

La cuestión es que: nada les ha salido. Ni los bots que les cuestan un dineral. Tampoco el haber echado adelante a Felipe Calderón. Ni poner a Claudio X González y sus Mexicanos Contra la Corrupción y la Impunidad

Nada les ha funcionado.

Por eso, cuando vieron que venía una pandemia, algo que como humanidad no nos había pasado desde hace muchísimos años, se frotaron las manos.

Sabían que era su oportunidad.

Pensaron en hacer su estrategia vía los partidos políticos de oposición, pero éstos, en realidad, son como cadáveres políticos que apenas respiran. Por eso, hablaron con varios gobernadores y convencieron a algunos. Éstos, pues, se convirtieron en la punta de lanza de la estrategia golpista.

La intención para ellos ha sido siempre convencer a la gente que, la forma en cómo el gobierno de Andrés Manuel López Obrador ha enfrentado el coronavirus, es un fracaso.

Como un guion de telenovela, los gobernadores comenzaron a criticar a AMLO, y varios medios hicieron lo mismo. Mentiras, mentira y más mentiras. Y millones de bots en redes sociales. E historias falsas en periódicos y radios y en la tele, y todo con la intención de convencernos que todo va muy mal con AMLO.

Lo que no se esperaban es que, Andrés Manuel, dejara la labor de enfrentar la pandemia en Hugo López-Gatell, un médico especialista que, además de ser científico, es un gran comunicador.

Pensaron que la guerra sería contra AMLO, y tuvieron que variar. Enrique Alfaro, el gobernador más adelantado de este grupo de derecha y empresarial, quiso confrontarlo, y salió chamuscado.

Por eso, ya en una desesperación total, decidieron acudir a Televisión Azteca. Y aunque Ricardo Salinas Pliego ha mostrado recientemente cierta afinidad con AMLO, los lazos empresariales e ideológicos son siempre más fuertes. Y decidieron echar a Javier Alatorre, su presentador de noticias más emblemático.

Y el golpe no fue contra AMLO de forma directa, sino contra Hugo López-Gatell. Pero ir contra él es ir contra la estrategia de Andrés Manuel para enfrentar la pandemia.

Así pues, TV Azteca, pero antes Reforma, Ciro Gómez Leyva, El Universal, Joaquín López Dóriga, y muchos otros, junto con los gobernadores, se han enfocado a desprestigiar la estrategia de AMLO, a apostarle al caos, a golpear a López-Gatell. Quieren convencernos que hay ineficacia y criminalidad y así terminar con la 4T.

Su apuesta es vital para ellos, porque si pierden esto, prácticamente quedarán desaparecidos del mapa político. Saben que si la epidemia no causa los grandes estragos que ellos desean, todos sus esfuerzos se irán abajo y pronto quedarán más humillados y más desaparecidos que nunca.

Por eso ayer acudieron a las “ligas mayores”.

Lo que no se esperaban era la reacción de la gente. La indignación de la población ante los medios golpeadores.

Los golpistas están temblando. Completamente fuera de sí. Saben que pronto, si no pasa algo, quedarán no sólo en ridículo, sino que las etiquetas de miserables, cínicos y mezquinos jamás se las podrán quitar.

Su estrategia se está haciendo añicos. Están a punto del colapso. No dejemos que se levanten. Ni un paso atrás.

La defensa de un proyecto político que ponga en el centro de toda acción de gobierno a los pobres es la única vía para salvar a este país. Por eso, hoy es más importante que nunca: vamos a vencerlos. Vamos a cambiar a este país. Vamos a salir de esta epidemia y vamos a salir más fortalecidos.

Y ellos quedarán como lo que son: como una basura.