En la imagen, los candidatos a la alcaldía de Guadalajara, Enrique Alfaro y el payaso Lagrimita.

Por: Jorge Gómez Naredo (@jgnaredo)

Guadalajara, 2 de junio de 2015. — Enrique Alfaro Ramírez, de Movimiento Ciudadano, perdió en 2012 la gubernatura de Jalisco por unos cuantos votos. Le ganó el priísta Jorge Aristóteles Sandoval gracias los sufragios que se emitieron en las áreas rurales de la entidad. Pese a esta derrota, en la Zona Metropolitana de Guadalajara, Alfaro fue el vencedor indiscutible: dos a uno, e incluso en ciertos distritos, cuatro a uno. Por ello, su postulación para gobernar Guadalajara en 2015 era, digamos, un acto natural, cantado: un hecho.

Ahora, a tres años de perder Jalisco, Enrique Alfaro es candidato a la Presidencia Municipal de Guadalajara. Todas las encuestas (incluso las más rastreras con el gobierno estatal del PRI) lo dan como vencedor. Alfaro va a ganar, de eso no quepa la menor duda.

Jorge Aristóteles Sandoval impuso como candidato a Guadalajara a Ricardo Villanueva Lomelí, uno de sus incondicionales. Este hecho provocó inconformidades entre varios priístas. La campaña de Villanueva nunca prendió, y esto tiene motivos lógicos. La actual administración, que encabeza el priísta Ramiro Hernández, ha sido una de las peores que se conozcan en la historia de la capital de Jalisco. Es inviable que un partido que ha hecho de Guadalajara un caos, pida el voto para “continuar” el “buen gobierno”. La gente no es estúpida.

Por si esto fuera poco, hubo otro “problemita” en el PRI. Aristóteles Sandoval, que cuando se ve al espejo se mira como el próximo presidente de México, comenzó desde que tomó posesión como gobernador de Jalisco a estructurar su candidatura a la Presidencia. Esto lo hizo vía su papá, el magistrado estatal Leonel Sandoval.

La estrategia de Sandoval no gustó en México y por eso desde Los Pinos actuaron en consecuencia: primero filtraron a la prensa varias grabaciones donde se escuchaba al papá de Aristóteles haciendo campaña para su hijo y diciendo que su bebé era el mero mero y que si se violaba la ley para ganar elecciones, no importaba; después mandaron a sus siempre cercanos “columnistas” (como Raymundo Riva Palacio) a decir que Aristóteles pronto renunciaría, que eso era ya inevitable; para culminar el golpe, montaron un operativo fallido para capturar a Nemesio Oseguera Cervantes, El Mencho, a sabiendas que iba a provocar narcobloqueos (como de hecho ocurrieron) en la Zona Metropolitana de Guadalajara y otras partes de la entidad.

El gobernador de Jalisco, Jorge Aristóteles Sandoval, cuando se veía al espejo y se pensaba el era el próximo presidente de México. Hoy esas aspiraciones se derrumbaron estrepitosamente.

El gobernador de Jalisco, Jorge Aristóteles Sandoval, cuando se veía al espejo se pensaba el era el próximo presidente de México. Hoy esas aspiraciones se derrumbaron estrepitosamente.

Las consecuencias de este golpeteo desde Los Pinos hicieron que Villanueva, que ya era gris, se volviera aun más gris, más cero a la izquierda. Para Aristóteles significó la cancelación de sus aspiraciones presidenciales.

Una estrategia “legal” para evitar la derrota

Pero los del PRI suelen tener botones de emergencia. Por eso idearon desde un principio una estrategia que pudiera echar debajo de un sopetón (o de una sentencia judicial) el triunfo de Enrique Alfaro.

Vía las recién aprobadas candidaturas ciudadanas, lanzaron a un payaso (sí, un payaso de verdad, no como los miles que hay en la clase política mexicana) llamado Lagrimita. Cuando se anunció (antes de iniciar las campañas electorales) que éste iba a reunir firmas para lograr ser contendiente a la Presidencia Municipal de Guadalajara, muchos alfaristas (pecando de ingenuos) se alarmaron: creían que iba a restarle votos a Alfaro, que lo iban a usar como golpeador, etcétera.

Estas percepciones eran erradas. Lagrimita no era (ni es) una amenaza para Alfaro en cuanto a la pelea de votos (el sector que pudiera votar por el payaso no es el que lo va a hacer por Alfaro, quien tiene su fortaleza en los sectores medios e inclusos en los altos). Al contrario, Lagrimita le quitaría votos al PRI. No, el objetivo era (y es) otro.

El papel asignado a Lagrimita es el de “botón rojo de emergencia”. Se planteó como el último recurso para impedir el triunfo de Alfaro y la debacle del PRI. Días antes de iniciar las campañas, el Instituto Electoral y de Participación Ciudadana de Jalisco (IEPC) le negó el registro a Lagrimita, que porque no había logrado juntar las firmas necesarias. ¿Acaso el PRI, que apoya a Lagrimita desde un principio, no pudo reunir 30 mil firmas? La estrategia continuaba, iba viento en popa.

Las campañas se hicieron sin Lagrimita, pero éste interpuso un recurso ante esa respetada institución que se llama Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF), la misma que ha permitido en México dos fraudes electorales seguidos.

Una semana y media antes de las elecciones, el TEPJF emitió un dictamen donde establece que Lagrimita sí había reunió las firmas y que debía competir en las elecciones. Sí, una semana y media antes de celebrarse la votación, es decir, cinco días antes de concluir las campañas.

Esto indica que algo se arregló en México, que Jorge Aristóteles y Peña Nieto, llegaron a un acuerdo: así se entienden el dictamen del TEPJF. La imagen es como la del papá (Los Pinos) que regaña al niño desobediente (Aristóteles) porque hizo una travesura, lo castiga, le pone unas nalgadas, lo deja sin “domingo”, pero al fin y al cabo, se lanza al rescate si es que las travesuras del niño causaron daños.

Lagrimita, la última carta del PRI para evitar que Enrique Alfaro sea presidente municipal de Guadalajara.

Lagrimita, la última carta del PRI para evitar que Enrique Alfaro sea presidente municipal de Guadalajara.

El PRI ha puesto en práctica su último dardo. Lagrimita no podrá hacer campaña (o la hará en dos días) y esto será un argumento para que esos impolutos magistrados electorales (que son tan dados a legalizar las ilegalidades de los poderosos) establezcan que como no hubo igualdad ni equidad en la contienda, las elecciones se deben repetir, es decir, que el triunfo de Alfaro quede invalidado.

Si esto ocurre, habrá dos meses más de campañas, y como todo parece indicar, el PRI nacional completo estará en Jalisco para operar electoralmente, para rescatar al niño malcriado, al niño que hizo sus travesuras que ya prometió no volverse a portar mal.

Esta forma de actuar del PRI es lo que podríamos llamar un “golpe de estado electoral”, en el cual las nuevas figuras de candidaturas ciudadanas son usadas para los fines que le convengan al tricolor.

Todo está en veremos. Pero parece ser que PRI ya limó sus asperezas y está dispuesto a impedir que el voto popular valga. Es decir, quiere imponer, desde ya, una dictadura que se vista de “democracia”: igual que hace setenta años.