El mundo, sus políticos y las sociedades modernas no dejan nunca de sorprendernos, cuando pensábamos que las formas de racionalidad contemporánea nos llevarían a una sociedad mejor en donde los valores universales emanados de la Revolución Francesa y reafirmados por organizaciones que buscan la paz universal como Naciones Unidas serían cada vez más aceptados, lo que vemos es que cada día hay más ofuscación y nuevas formas de barbarie, como un retroceso a la época del fascismo rampante y son pocas las voces que se manifiestan para condenarlo.

Digo esto porque el pasado 12 de abril el presidente de Azerbaiyán, Ilham Aliyev, inauguró un Parque-Museo llamado “Parque de los trofeos militares” y el mismo está dedicado a la contundente victoria que Azerbaiyán tuvo en contra de las fuerzas separatistas armenias de Nagorno-Karabaj en la pasada guerra de 2020.

Glorificar las victorias militares, mostrar las formas en que se hacen las revoluciones, las invasiones o cómo fueron las intervenciones militares (como el Museo Nacional de las Intervenciones en Ciudad de México) han sido tema para exposiciones temporales o museos alrededor del mundo. Lo que llama la atención de este parque, según se puede observar en fotos de portales azerís o de periodistas independientes, es que la meta es mancillar a los soldados armenios y a sus familias, es denigrar al perdedor y rebajarlo para convertirlo en menos que humano, algo que, sabemos, han hecho los gobiernos que han cometido genocidios al buscar comparar al grupo que se busca exterminar con animales, como hizo el régimen Nazi en la década de los 30 del siglo XX o el gobierno Joven Turco en 1915.

Los visitantes de este museo pueden burlarse de maniquís expresamente elaborados para ser grotescos, con narices enormes, desalineados, horribles, algo que hemos visto en la historia del antisemitismo para mostrar al judío de folletín que devora niños. La meta es la misma, ese maniquí caricaturesco es la representación humana del grupo que se debe odiar. El Museo es visitado por escolares y sorprende particularmente la foto de una niña que está ahorcando a un soldado que se encuentra encadenado e indefenso. Esta política parte de la glorificación de la guerra que Aliyev busca generar, y para ello Azerbaiyán ha construido una ideología de odio al armenio que se sustenta en rencores ancestrales pero que se reaviva constantemente, y el Parque es un excelente vehículo para articularlo entre los niños. La pregunta que cabe aquí es; ¿qué han hecho los armenios para que sean odiados de esa forma?

¿Es por querer independizarse?, ¿por buscar ser una región autónoma?, ¿por no querer ser parte del régimen dictatorial de Aliyev?, ¿por ser diferentes y soñar en otra lengua?

Ilham Aliyev, como lo hizo Saddam Hussein en su momento (nos advierte Michel Rubin en un artículo donde los compara)* busca glorificar la conquista del territorio culpando a sus víctimas. Y es que considera que los armenios iniciaron la agresión, cuando en realidad fueron las fuerzas azerís, con el apoyo militar turco, quienes lanzaron un múltiple ataque a Nagorno Karabaj en el centenario de la invasión otomana a la Primera República de Armenia. Cuesta trabajo pensar que un estado que ha gastado la sexta parte en armamento desde hace 30 años, con un tercio de la población (Azerbaiyán cuenta con 10 millones y Armenia apenas llega a los 3) y sin recursos se atreviese a ser agresor, además de que los armenios de Karabaj estaban muy interesados en mantener el statu quo.

Aliyev ha mostrado tener apetitos irredentistas clamando que toda Armenia, pero sobre todo la parte sur, la Provincia de Siunik (Zangezur), y que hace frontera con Irán pertenece históricamente a Azerbaiyán y podría ser “recuperada”, como dijo en una entrevista recién este 20 de abril: “El pueblo de Azerbaiyán regresará a Zangezur, que nos fue arrebatado hace 101 años”.

El argumento azerí de los últimos 30 años fue que Nagorno-Karabaj era parte de Azerbaiyán cuando se desintegró la Unión Soviética y que por ese motivo deberían respetarse las fronteras pre-1991, impidiendo a toda costa el derecho a la autodeterminación que buscaron los armenios de Karabaj desde 1988 y que, de facto, lograron entre 1994 y 2020. Ahora en su discurso hace caso omiso de esa inviolabilidad fronteriza y menciona que esa provincia era parte de Azerbaiyán, claro que en la región no hay azerís y el único camino para apoderarse de la provincia es expulsando a los armenios que ahí viven. Es en esa región en donde veremos, espero equivocarme, el nuevo episodio de la guerra de Karabaj.

Este 24 de abril los armenios alrededor del mundo, en Armenia y en Karabaj recordaran a las víctimas del Genocidio, sus bisabuelos que murieron por el odio que se desató en contra del pueblo armenio en el Imperio Otomano. Aun cuando los Estados Unidos reconozcan el día de hoy (24 de abril de 2021) que ese evento que pasó hace 106 años puede denominarse Genocidio, hoy la preocupación debe estar en otra parte.

Se está cerniendo sobre la parte sur de Armenia y sobre lo que quedó de la región autónoma de Karabaj amenazas cargadas de un odio muy profundo, el discurso irrendentista determinado de Ilham Aliyev, su tergiversación y distorsión histórica en la que culpa a los armenios de genocidas, fascistas, salvajes, inhumanos y otros tantos adjetivos que en nada aportan a la paz y estabilidad de la región deben preocuparnos, porque adjetivos muy parecidos fueron los utilizados por el régimen otomano para exterminar a la población armenia hace 106 años. Debemos temer y detener la posibilidad de una continuidad genocida.