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Opinión

Fentanilo y armas, el pretexto del imperio

Es cierto que la venta de armas y de fentanilo en Estados Unidos es un problema que no solo afecta al país de las barras y las estrellas, sino que acentúa la violencia y fortalece a los cárteles del narcotráfico en México. La delincuencia organizada en el país ha incorporado la venta y el tráfico de fentanilo a sus actividades delictivas, teniendo esta incorporación efectos en la distribución de fuerzas entre el Cártel de Sinaloa y el Cártel Jalisco Nueva Generación.  

Sin embargo, la extrema derecha republicana en Estados Unidos no quiere hacerse responsable de los asesinatos, los suicidios y las muertes por sobredosis que azotan a su país.  En vez de atender las causas de estas problemáticas, crean una cortina de humo responsabilizando a México, cuando son ellos quienes permiten la existencia de cárteles en su país y quienes han lucrado con la venta de armas y con la comercialización del fentanilo durante décadas. 

En 2022 en Estados Unidos fueron asesinados 1,631 menores de edad por armas de fuego, y más de 6,000 menores fueron heridos. A ello hay que sumar que en el mismo año murieron por arma de fuego 43,675 personas según información de Gun Violence Archive. Solo en lo que va del 2023 van 8,415 personas muertas por arma de fuego, y poco más de la mitad de estas cifras tienen que ver con suicidios. 

Del otro lado de la frontera, en México, vivimos las consecuencias de que en Estados Unidos las armas se vendan como si fueran dulces. En nuestro país el 70% de los homicidios son cometidos gracias a la utilización de armas de fuego procedentes de EU, existiendo una vinculación directa entre el tráfico de armas y el clima de violencia. 

En cuanto al fentanilo, es sabido que en Estados Unidos las empresas farmacéuticas se han beneficiado durante décadas de su comercialización, generando adicción en su población, lo cual se ha traducido en una crisis de salud muy fuerte. 

Solo del 2019 al 2021 las muertes por fentanilo en EU aumentaron en un 94%, estimándose que alrededor de 200 estadunidenses mueren al día por consumirlo. En el 2022 la cifra fue de 110 mil 236 personas fallecidas por sobredosis, llegando a un promedio de más de 300 muertes diarias.

¿Les conviene a los republicanos de extrema derecha responsabilizar a México de la violencia en ambos países y del consumo del fentanilo?  Si, totalmente.

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Al acusar a México se deslindan de su responsabilidad, alimentan un discurso de odio que les viene bien en el marco electoral que tienen en puertas, e incluso, en el hipotético caso en que Estados Unidos interviniera México, ello les permitiría a los financiadores republicanos vender más armas al gobierno norteamericano.

Esto lo saben muy bien los republicanos, que como el senador Lindsey Graham amenazan con buscar intervenir nuestro país, y que al igual que Donald Trump, no dudan de responsabilizarnos de las crisis que ellos mismo generan, todo con el fin de obtener votos y ampliar su mercado. No podemos olvidar que ya en 2019, desde el poder judicial norteamericano, el fiscal William Barr declaró que el gobierno mexicano estaba controlado por organizaciones terroristas. 

Lo de siempre con Estados Unidos. Generan crisis, inventan enemigos, y después culpan a otros para justificar su intervencionismo, al tiempo que se abren nuevos mercados. Es la forma de operar del imperio. 

Sin embargo, México si ha tomado acciones para combatir el tráfico de armas y de fentanilo en el país. En el gobierno de Andrés Manuel López Obrador el decomiso de armas ha aumentado en un 65%, mientras que los decomisos de fentanilo han aumentado también en un 1049% en este sexenio. Es mentira que nuestro gobierno no hace nada y es injustificable en todo sentido una intervención.

Estados Unidos debe hacerse responsable de lo que pasa en su territorio, y de los costos que tiene para su gente y para el mundo la expansión sin escrúpulos de su mercado.

No es un tema menor. Estados Unidos desestabiliza las democracias de aquellos países donde tiene intereses económicos o militares en nombre de la “seguridad nacional”, de los “derechos humanos” o de la lucha contra el “terrorismo”.

Esto lo conocemos bien en América Latina. Durante décadas han intervenido nuestros países con golpes militares primero, y recientemente con golpes blandos. En los últimos años, gracias a la inyección de recursos económicos y políticos a través de la OEA, de organismos internacionales, y asociaciones “civiles”, han desestabilizado nuestras democracias con el fin de retirar del gobierno a presidentes de izquierda. La última víctima de ello fue Perú con el golpe de estado a Pedro Castillo, el cual rápidamente fue avalado por la embajada norteamericana. Como en los tiempos de la Revolución Mexicana, cuando el embajador norteamericano Wilson trabajó de la mano con los conservadores porfiristas para asesinar al presidente Francisco I. Madero. 

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Lo dicho, no es un tema menor, ni tampoco un tema que vaya a terminar en este gobierno. Seguirá siendo una amenaza constante en tanto México mantenga gobiernos que fortalezcan nuestra soberanía nacional. 

Queda la pregunta para la oposición en el país ¿La derecha mexicana está dispuesta a ser comparsa de la ultraderecha norteamericana con tal de sacar a la izquierda del gobierno? Si revisamos la historia, los conservadores ya han pedido intervenciones extranjeras para sostener sus privilegios, como en el caso de Maximiliano, que fuera convencido por ellos para gobernar el país. Por eso no extraña que ahora festejen y busquen que EU nos “ayude”.

A Estados Unidos solo le interesa contar con un gobierno vecino que en materia internacional se apegue al modelo neoliberal (que es un modelo que ya ni los norteamericanos aplican) con el fin de garantizar la intervención en los sectores estratégicos de nuestra economía nacional. 

Entonces, el centro de la cuestión está la “soberanía nacional”, está la defensa de nuestros recursos naturales y de nuestro derecho a darnos la vida política y económica que mejor nos convenga a las y los mexicanos. A la derecha nacional no le interesa entregar la soberanía de nuestro país, siempre y cuando ella pueda continuar lucrando al amparo del poder. 

Y para prueba está la votación de la reforma eléctrica del año pasado, en donde rechazaron que México controlara su sistema eléctrico, dejándolo a disposición de una iniciativa privada internacional que a su vez esperará que un gobierno de derecha llegue al poder.

Diego Ilinich Matus
Escrito por

Militante de izquierda, integrante del INFP de morena, y convencido de la necesidad de una “revolución de las conciencias”. Licenciado en filosofía por la UABC. Maestro en ciencias sociales por la FLACSO-México. Con estudios en políticas públicas para la igualdad por CLACSO y el CIDE, así como candidato a doctor en política educativa por la UNAM.

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