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Opinión

Este 6 de junio o seguimos con la 4T o retornamos a la corrupción

En este proceso electoral ha quedado muy claro que hay únicamente dos rumbos que puede tomar nuestro país: continuar con la Cuarta Transformación que impulsa el presidente Andrés Manuel López Obrador o regresar al antiguo régimen de corrupción y privilegios con el que gobernaron por décadas los que ahora son oposición.

La transformación de la vida pública de México ha sido tan real y profunda que produjo que los partidos que, históricamente, fueron adversarios electorales, se unan (aunque en los últimos sexenios a la hora de gobernar hicieron una mancuerna para saquear al país).

¿Quién se iba a imaginar en las décadas de los ochenta, noventa o inicios del 2000 que el PRI y el PAN se unirían en una coalición?

Andrés Manuel López Obrador lo advirtió desde las elecciones de 2018 y hoy es realidad: el PRIAN(RD) se consumó, se unieron todos los que sí representan lo mismo y a los mismos: un puñado de traficantes de influencias que se sentían dueños de México y que estaban acostumbrados a hacer negocios al amparo del poder público y en detrimento de la población.

La mafia que estaba en el poder operaba enflaqueciendo las instituciones estratégicas del Estado para que México no fuera autosuficiente ni soberano en sectores como el energético, el de salud, la educación, la industria, la agricultura, las comunicaciones, etc. Lo público lo volvían obsoleto para tener que recurrir a comprar bienes y servicios empresas privadas (nacionales y extranjeras), o inclusive subsidiarlas. Todo era pretexto para privatizar y endeudarse.

En menos de tres años del nuevo gobierno se ha demostrado que las anteriores administraciones saqueaban vilmente al país. Tal es el ejemplo de Petróleos Mexicanos, empresa que había sido desahuciada y tachada de “no rentable” o “en quiebra técnica”. Fue recibida por la actual administración desangrada por la reforma energética, la corrupción y el huachicoleo (el de ductos y el de cuello blanco) y hoy, gracias al combate a la corrupción, volvió a ser una de las petroleras más rentables en el mundo, con una refinería en construcción y la reciente adquisición de la de Deer Park en Estados Unidos.

En esta administración aumentó el salario mínimo (y no se disparó la inflación como decía la oposición), se estabilizó el precio de la gasolina, se fortaleció nuestra moneda, se están universalizando los servicios de salud (lo hemos vivido con la atención y vacuna para covid-19), se está combatiendo la corrupción y el fraude electoral (ambos ahora son delito grave).

Como nunca se apoya al pueblo con programas sociales para adultos mayores, estudiantes, jóvenes y personas con discapacidad, así como préstamos a la palabra a pequeños y medianos empresarios. Se está reforestando al país y apoyando a los campesinos con el programa sembrando vida, el mayor programa de reforestación en el mundo (se manejan más de mil millones de árboles y se está dando empleo a más de 400 mil personas).

Como nunca, el presidente informa diaria y directamente al pueblo, y responde los cuestionamientos de la prensa Hay libertad de expresión. Los medios que se quedaron sin chayote la están aprovechando muy bien, pero se sienten agraviados si el presidente les responde, pues estaban acostumbrados a ser los únicos con derecho a “informar”.

Como nunca tenemos a un presidente que ha recorrido varias veces los municipios de México y que, en vez de andar en giras internacionales llenas de lujo, prefiere seguir recorriendo cada rincón de nuestro país. Y aún sin salir al extranjero, es uno de los líderes mundiales más respetados y admirados.

De hecho, como nunca tenemos una relación de cooperación digna y soberana con los Estados Unidos, independientemente del partido que allá gobierne. ¿Cuándo imaginaríamos que un mandatario mexicano iba a ser respetado y admirado por el mismo Donald Trump y que en su cara y en la Casa Blanca iba a gritar “¡Viva México!”?

Como nunca tenemos un gobierno austero, en el que se bajó el salario a los altos funcionarios, se acabó el despilfarro de la élite política y se eliminaron las pensiones millonarias a los expresidentes. Ya no se compran aviones presidenciales para viajes de lujo con vinos finos, ahora se viaja en vuelos comerciales, junto al pueblo. Los miembros del Estado Mayor Presidencial ahora cuidan a la gente y no al mandatario en turno. También se dijo adiós a los vehículos del año blindados. El presidente ya no es una figura inalcanzable.

Como nunca en la historia reciente, México no se ha endeudado. Los programas sociales, las grandes obras del sexenio como la refinería Dos Bocas, el Tren Maya y el Aeropuerto Felipe Ángeles, así como la rehabilitación y reconversión hospitalaria, la compra de vacunas contra el covid-19 y mucho más se ha logrado gracias al ahorro que generan las políticas de austeridad y el combate a la corrupción (1.5 billones de pesos). El SAT ha recuperado recursos al dejar de condonar impuestos a las grandes empresas (700 mil millones de pesos en apenas 2 años). Todo esto a pesar de la pandemia de covid-19.

Sin deuda se están recuperando la economía y los empleos, se está vacunando a la población de manera gratuita y universal, y gracias a ello se está evitando de una tercera ola de contagios. Y como nunca hemos visto a los altos funcionarios del gobierno hacer fila para vacunarse, cuando les toca, como cualquier otro ciudadano ¿Se imaginarían todo esto si nos gobernara el PRIAN? Yo tampoco.

A pesar de que la élite conservadora, los intelectuales orgánicos y los medios de comunicación intenten pintar un panorama negro en México, el pueblo ya no les cree. Y es que por primera vez en mucho tiempo se siente respaldado por su gobierno.

De esta dimensión es la Cuarta Transformación en México, el cambio de paradigma de lo que es la política y gobernar.

En las próximas elecciones del 6 de junio se decidirá si los mexicanos seguimos apoyando a esta transformación que está poniendo el poder y los recursos de la nación al servicio del pueblo, o si regresamos al antiguo régimen de corrupción, privilegios y entreguismo que tanto daño le hizo al pueblo mexicano.

Celeste Sánchez Romero

Nacida en Durango, México. Investigadora con Maestría y Doctorado en Patología Bucal (UNICAMP-Brasil). Con una vocación que vincula las ciencias de la salud con las humanidades. Autora del libro “Semillero, antología periodística” y de 47 artículos científicos publicados en revistas internacionales indexadas. De izquierda, comprometida con la transformación que vive el país para sepultar el viejo régimen de corrupción y privilegios.

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