Entre toda la polémica alrededor de los recientes sucesos en Bolivia, hay dos hechos fundamentales: Evo Morales obtuvo más votos que su opositor Carlos Mesa y se ejecutó un golpe de Estado en Bolivia. Situación que provocó la renuncia del mandatario boliviano y posteriormente, el asilo político que México le otorgó.

Este asilo se da por razones humanitarias. La vida e integridad de Evo Morales corría peligro. Además, como mencionó el canciller mexicano, Marcelo Ebrard, “el otorgamiento de asilo es un derecho soberano del Estado mexicano, que va acorde con sus principios normativos en política exterior para proteger los derechos humanos y respetar la autodeterminación de los pueblos, la solución pacífica de las controversias y la no intervención”.

En occidente y especialmente en Latinoamérica, México se ha distinguido por preservar el asilo político como una tradición de la política exterior. Nos enorgullece hablar sobre el exilio español, el asilo de Trotsky, la importancia de México para Fidel y para la Revolución Cubana, el aporte de México en la mirada de Luis Buñuel y la participación de México en el mundo.

León Trotsky con Frida Kahlo. Foto: Especial

De tal forma, el exilio de Evo se enmarca en esa tradición mexicana asociada a los derechos humanos y a la izquierda política. ¿Será porque el golpismo es un recurso de la derecha, o porque ante la ausencia de un apoyo popular, se recurre al infame acto de imponerse con las armas?

Era de esperarse que el PAN y expresiones afines a la derecha se opusieran al asilo político de Evo Morales. Sin embargo, lo que llamó la atención fue que el jefe político de Movimiento Ciudadano en el Congreso de Jalisco, Salvador Caro, criticara el arribo del exmandatario boliviano.

Con una batería de tuits, Salvador Caro señaló que Evo Morales es un dictador, comparándolo con Francisco Franco y Augusto Pinochet. Estas declaraciones generaron una serie de reacciones: unas más viscerales que otras y, también, críticas plenamente argumentadas.

La respuesta del diputado emecista fue inmediata, pero únicamente retomó aquellos mensajes que lo insultaban para generalizar y decir que la respuesta izquierdista no tenía argumentos. Además, sugirió que esas críticas carecen de cultura política, pluralidad y tolerancia.

Sin embargo, el diputado cayó en su propia crítica pues fue él quien desde el principio nunca argumentó por qué Evo Morales es un dictador. Tampoco fue tolerante ni plural para comprender el carácter humanitario del asilo político. Tal vez su pasado priista no fue suficiente para que comprendiera la tradición diplomática mexicana, se impusieron sus fobias o no se ha podido quitar la chamarra de comisario de policía. Para dimensionar sus declaraciones, ni siquiera Diego Fernández de Cevallos se expresó como Salvador Caro.

En fin, el asilo político de Evo Morales será tema de conversación. Su presencia no se podrá obviar y menos si realiza trabajo político para influir en su país. Pero, más allá de sus acciones, a los ojos de todo el mundo el gobierno mexicano adquiere dignidad y reafirma su soberanía.