El Instituto Nacional Electoral nunca ha sido la institución que muchos desean que sea. Sí, organizaba una elección, pero jamás evitó los fraudes y jamás logró que hubiera equidad y justicia. El papel, por ejemplo, del Instituto Federal Electoral de 2006 es verdaderamente criminal. En ese entonces, el consejero presidente, Luis Carlos Ugalde, convalidó el fraude de Felipe Calderón y no observó ninguna irregularidad.

En 2012, fue lo mismo: ante un mega fraude elaborado por el PRI, el IFE de Leonardo Valdés Zurita no hizo nada. Dejó pasar compras de voto, uso de recursos públicos en las campañas, etcétera. No hubo castigados a Enrique Peña Nieto. Hoy se sabe, por ejemplo, que la campaña del priísta fue financiada con dinero extranjero. Pero nada vio el INE. Nada castigó. Nada dijo.

Hoy, el INE que encabeza Lorenzo Córdova, ha superado sorprendentemente en corrupción a los IFE de Ugalde y Valdés.

No sólo buscó quitarle diputados a Morena antes incluso de que sean las elecciones (con la cuestión de la “sobrerrepresentación”), sino que ahora impide que varios candidatos de ese organismo político sean postulados.

Los argumentos que esgrimen los consejeros cercanos a Lorenzo Córdova son risibles, y evidencian que sólo castigan a los candidatos de Morena, y no a los de los demás partidos políticos.

En un país donde hay miles de candidatos que obtienen recursos de procedencia ilícita, y que el INE jamás castiga, resulta ser que hoy va contra los candidatos de Morena (incluidos dos a gobernadores) porque no presentaron adecuadamente los informes de gastos en precampañas.

Es absurdo. Es escandaloso. Es indignante.

Ante un inminente triunfo de Morena en el próximo proceso electoral, el INE ha decidido operar un fraude preventivo: ya impidieron tener más diputados a Morena, hoy tumban a candidatos para que no participen en la elección.

Como bien lo dijo en un tuit el caricaturista Rafael Barajas “El Fisgón”: el INE pasó de validar fraudes, a operarlos.