Ellos dicen que defienden la ley. Que son el árbitro. Que no tienen ningún interés político y que actúan conforme a derecho. Todo eso que dicen es una mentira. Una falacia. Un engaño.

Buena parte de los consejeros del actual Instituto Nacional Electoral (INE) están ahí, en su puesto, por cuotas políticas. Fueron los partidos políticos, o ciertos liderazgos de estos, quienes los pusieron ahí. Y a quienes obedecen.

Esto siempre ha sido así, y por eso el INE; o su antecesor, el Instituto Federal Electoral (IFE), nunca ha funcionado como debería de funcionar. Hagamos un recuento: de 2000 a la fecha, ha habido dos elecciones con una amplia diferencia entre el primero y el segundo lugar, la de 2000 y la de 2018. Ahí el IFE-INE no tuvo problemas porque la elección no lo ameritaba. Esto no quiere decir que no hubiera habido fraude o irregularidades. En 2000 fueron escandalosos los casos de Amigos de Fox y del Pemexgate.

En 2006, el IFE tuvo una de sus peores actuaciones. Fue incapaz de llevar a cabo una elección justa, y terminó convalidando un fraude grotesco que permitió la llegada a la presidencia de Felipe Calderón quien, para legitimarse, hizo del país una tragedia. Sí, el IFE-INE es culpable de las matanzas, de la guerra, de las desapariciones, de las fosas que hoy vivimos.

En 2012, el IFE-INE permitió que Enrique Peña Nieto, de forma realmente grotesca, llenara las arcas de su campaña con dinero de procedencia ilícita. Y permitieron la compra de voto vía tarjetas Monex.  Los consejeros permitieron y legalizaron esas trampas.

En 2018, el INE hubiera intentado o legitimado un fraude para impedir que Andrés Manuel López Obrador ganara la presidencia, pero la ventaja del tabasqueño fue tan amplia que resultó una acción imposible.

Así pues, el IFE-INE no es la institución “impoluta” y “neutral” que se supone es. La cuestión es que, a pesar de las atrocidades que hicieron los antiguos consejeros, nunca habían actuado con tal desfachatez como lo hacen los actuales.

El actual INE de Lorenzo Córdova y Ciro Murayama, parece indicar, no quieren regenera a esta institución y hacerla realmente un órgano neutral, un árbitro justo. No. Lo que buscan realizar, todo indica, es incendiar el actual proceso electoral y destruir los avances democráticos que se tienen.

De ese tamaño es la afrenta del INE de Córdova y Murayama a la democracia mexicana.