La derecha es peligrosa. Carente por completo de humanidad para entender el sufrimiento y las necesidades de sus semejantes y sin ninguna otra habilidad más que para intrigar, provocar violencia y esparcir mentiras, hemos visto operar a la derecha más reaccionaria de América Latina en el reciente golpe de estado que llevó a Evo Morales a renunciar a su cargo como presidente de Bolivia.

Apoyada por los medios de comunicación masiva internacionales y aprovechando la despolitización y desinformación de algunos sectores sociales de base sin conciencia de clase, la derecha iracunda logró desestabilizar Bolivia inventando un fraude electoral que sólo la desacreditada Organización de Estados Americanos (OEA) avaló, infectó las redes sociales de bots para dar la impresión de que en el país andino el descontento con las políticas de Evo Morales era generalizado y corrompió a una parte de las fuerzas del orden para que traicionaran a su país y sirvieran como instrumento para amedrentar a la población.

En medio de todo este caos, el racismo y clasismo se desplegaron de manera amplia y deleznable en la quema de casas de familiares y miembros del equipo político de Evo Morales, en el asedio permanente a sus simpatizantes y en la vergonzosa vandalización del domicilio del exmandatario donde a través del video que circula en redes sociales se observan los destrozos a sus pertenencias y las pintas de animadversión que dejaron en algunos de los muros.

De esa derecha rancia latinoamericana, resentida por el viraje nuevamente a la izquierda de algunos gobiernos del continente, por el repudio que pueblos como el chileno han demostrado de manera contundente hacia las rapaces políticas neoliberales y por la salida de Luiz Inácio Lula da Silva de la cárcel donde estuvo retenido injustamente por año y medio, nos podemos esperar siempre lo peor pues de su sumisión hacia los Estados Unidos depende su prosperidad económica y por ello atentan brutalmente contra los pueblos que tratan de liberarse de las cadenas del imperialismo.

Sin embargo, lo realmente peligroso de la derecha es como su discurso de odio y desesperanza ha permeado en capas populares de la sociedad con tal eficacia que, en los últimos sucesos en Bolivia, al igual que pasa en todos los países, se vio a mucha gente de a pie ser el brazo de la élite para derrocar a quien gobernaba para proteger los intereses de los más vulnerables y no para hacer más ricos a los ricos.

A pesar de las muestras de apoyo de miles de simpatizantes de Evo Morales y con diversos países condenando el golpe de estado, Bolivia está en la incertidumbre ahora con oscuros personajes políticos que prometen que la biblia volverá al palacio de gobierno (lo que sea que eso signifique) y con las fortalecidas garras del capitalismo que cobraron fuerza con los recientes hechos.

Es indiscutible que Evo Morales, ese presidente campesino e indígena aymara que se dedicó con vehemencia a su patria, se opuso con convicción y fuerza a los abusos de Estados Unidos y gobernó siempre pensando primero en los pobres, le regresó la dignidad a Bolivia haciendo que se respetara su soberanía. Hoy, los golpistas pisotean esa soberanía y se la entregan deshonrosamente al imperio.