Ayer el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF) le negó de forma definitiva a Libertad y Responsabilidad Democrática A.C (México Libre) el registro como partido político.

Muchos ayer se alegraron por esa decisión, y es que Felipe Calderón y Margarita Zavala, los dueños de esa asociación que pretendía ser partido, son muy odiados en el país.

Ahora bien, ¿qué significa esta negación del registro? Hay dos cuestiones que son importantísimas: una, es el fracaso de Felipe Calderón en su intento de lograr un partido; y dos, su debacle.

El fracaso

Felipe Calderón se ha asumido como el “máximo” opositor de la actual administración, pero no sólo eso, también se piensa como el líder de un “movimiento” ciudadano. Se presenta, y sus seguidores lo aceptan, como alguien que tiene fuerza política, que es capaz de “derrotar” a Morena y a AMLO.

La cuestión es que, un personaje así, como el que se presenta Felipe Calderón, no debería tener problema para organizar a la gente, formar un partido político y lograr los requisitos que pide el Instituto Nacional Electoral (INE).

Y no, no lo logró.

Que se le haya negado el registro a México Libre no sólo indica la incapacidad de Calderón para juntar los requisitos, sino que también muestra su poca fuerza política.

Que México Libre haya recibido recursos de forma ilícita (como se sospecha en ambas negaciones, la del INE y la del TEPJF) es escandaloso, y más escandaloso es que, ese personaje que se asume como “gran líder”, no pueda juntar gente sin necesidad de este tipo de irregularidades.

Políticamente Felipe Calderón no es “un gigante” (como él y sus voceros se presentan) sino que es un enano, un cero a la izquierda.

México Libre fue un fracaso, y la evidencia clara de la poca fuerza política de los Calderón. Ni un partido pudo lograr.

La debacle

Ayer, en una entrevista en Polemón, el periodista J. Jesús Lemus aseguró que Felipe Calderón quería un partido político propio para conseguir un puesto legislativo, y cuando se entablara un juicio contra él, pudiera decir que era un “perseguido político”.

Sí, Felipe Calderón veía a México libre como su tablita de salvación. Le proporcionaría un espacio para intervenir en política, pero especialmente un escudo ante lo que se viene, es decir, ante las declaraciones de Genaro García Luna, que seguramente lo involucrarán en la delincuencia organizada.

La debacle de Calderón comenzó con la captura de Genaro García Luna, el personaje que el ex panista colocó para coordinar al nacrotráfico durante su sexenio y enriquecerse, mientras que públicamente afirmaba que “luchaba” contra “los malos”.

Sin embargo, la resolución de ayer acelera esta debacle. Se queda sin un espacio para defenderse, y sin posibilidades obtener legisladores. Se queda indefenso.

Por eso, la negación del registro a Calderón es también su debacle.

Se acerca, pues, la justicia. Y eso hay que celebrarlo.