El miércoles pasado Andrés Manuel López Obrador, en su conferencia de prensa mañanera, anunció que se había reunido el día anterior con Jared kushner, yerno y asesor del Presidente de Estados Unidos, Donald Trump. Y mencionó que había sido en la casa de un “amigo en común”: Bernardo Gómez.

Muchas personas han recriminado a Andrés Manuel que haya asistido a la casa de quien es considerado el operador político del presidente de Televisa, Emilio Azcárraga Jean.

El mandatario ha explicado que no se hizo la reunión en Palacio Nacional porque los compromisos de él y los de Jared kushner fueron muchos ese día, y consideró que sería conveniente hacerlo en la casa de Bernardo Gómez.

AMLO mencionó que realizar la reunión en la casa del directivo de Televisa no significa caer en un conflicto de intereses, y que fue ahí la charla por las circunstancias:

Porque pues así se dieron las circunstancias; a lo mejor en otra ocasión me voy a reunir con alguien en casa de un periodista, amigo, o en casa de un campesino o en casa de un maestro. Así se dieron las cosas. Hay también la coincidencia de que se tiene amistad entre las partes. Entonces fue en ese ambiente de amistad, nos sentimos cómodos.

Muchos no lo saben, pero ésta no es la primera vez que AMLO visita la casa de Bernardo Gómez. Desde hace muchos años ya ha ido ahí.

En la primera parte de su AMLO. Vida Privada de un hombre público, el periodista y fundador de Polemón, Jaime Avilés, contó este hecho que se dio, precisamente, en la casa de Bernardo Gómez.

A continuación, reproducimos esa parte del libro de forma íntegra:

 

Este libro empieza con una comida y con un decreto.

La comida fue en casa de Bernardo Gómez Martínez, el brazo derecho de Emilio Azcárraga Jean en Televisa.

El decreto lo llevó Emilio Azcárraga.

En pocas palabras, ordenaba la requisa de los canales 2, 4, 5 y 9 de televisión, y de “todas las instalaciones, inmuebles y equipo técnico destinados para la operación del servicio de televisión abierta a cargo de las siguientes empresas:

”Grupo Televisa, S. A.
”Corporativo Televisa, S. A.
”Telesistema Mexicano, S. A. de C. V.
”Corporativo Vasco de Quiroga, S. A. de C. V. ”G-Televisa, D, S. A. de C. V.
”Televisa, S. A. de C. V.
”Televisión Independiente de México, S. A. de C.V.”.

Era un escrito de cuatro hojas tamaño oficio, compuesto con el mismo tipo de letra y diseñado como los textos del Diario Oficial de la Federación. Parecía listo para la imprenta.

Constaba de once “considerandos”, ocho artículos permanentes y un transitorio. Éste especificaba:

“único. El presente Acuerdo entrará en vigor el día de su publicación en el Diario Oficial de la Federación”.

El último párrafo informaba lo siguiente:

“Dado en Palacio Nacional, Residencia del Poder Ejecutivo Federal, en la Ciudad de México, Distrito Federal, a los dos días del mes de diciembre de dos mil seis. Andrés Manuel López Obrador. Rúbrica. El Secretario de Comunicaciones y Transportes. XX, Rúbrica. El Secretario de Hacienda y Crédito Público. XX. Rúbrica. El Secretario de Gobernación. XX, Rúbrica”.

En la parte superior de la primera hoja había dos párrafos, separados por un espacio en blanco. El primero se limitaba a describir las características más notorias de una figura, estampada supuestamente a la izquierda del decreto:

“Al margen un sello con el Escudo Nacional, que dice: Estados Unidos Mexicanos”.

 

Mitin de AMLO en 2006

Después del espacio en blanco, el segundo párrafo era mucho más largo y mezclaba toda clase de nombres, cargos oficiales, leyes y reglamentos:

Andrés Manuel López Obrador, Presidente Constitucional de los Estados Unidos Mexicanos, en ejercicio de la facultad que me confiere el artículo 89, fracción I, de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, con fundamento en los artículos 4 y 9 de la Ley Federal de Radio y Televisión y 66 de la Ley Federal de Telecomunicaciones, 36 de la Ley Orgánica de la Administración Pública Federal, así como 2 del decreto que crea la Comisión Federal de Telecomunicaciones y 25…”

Había algo fascinante e incomprensible en ese escrito. Ahí estaban, ordenadas como en un catálogo, las peores pesadillas de Azcárraga y, al mismo tiempo, la posibilidad de evitarlas. El “decreto” estaba “fechado” el 2 de diciembre de 2006.

Sin embargo, en casa de Bernardo Gómez, en todo el país y en buena parte del mundo era, todavía, apenas, el sábado 1 de julio. Faltaban algunas horas para las elecciones presidenciales en México. Emilio Azcárraga tenía en sus manos una falsificación. A juzgar por la redacción y el formato, la había hecho un equipo de expertos. Era obvia la intervención de abogados constitucionalistas, por una parte, y de especialistas en las leyes que rigen (en teoría) las telecomunicaciones mexicanas.

Desde luego, habían participado uno o varios diseñadores del Diario Oficial de la Federación, o tal vez uno o varios copistas por demás habilidosos.

La importancia de ese escrito residía en que, siendo falso, parecía real.

¿Cómo lo obtuvo Azcárraga? Accionista principal de la mayor fábrica de mentiras en el mundo de habla hispana, bien pudo encargárselo a sus productores de ficciones.

O fue un trabajo del Centro de Investigación y Seguridad Nacional (CISEN), que el presidente Vicente Fox mandó a hacer para ponerle los pelos de punta.

O la cortesía corrió por cuenta de Felipe Calderón, vía Dick Morris o Antonio Solá, reconocidos maestros de la “propaganda negativa” y autores de la campaña “López Obrador, un peligro para México”.

En casa de Bernardo Gómez, aquella tarde, estaban reunidos los hombres más cercanos a Azcárraga en el puente de mando de Televisa.

No los magnates que son copropietarios de la televisora y del país. Sólo habían acudido los operadores del primer círculo.

El ambiente era distendido y agradable. Una comida de amigos, jóvenes y exitosos, un sábado de verano.

Antes de esa comida, hubo un desayuno.

El miércoles 28 de junio de 2006, en un restaurante de la ciudad de México, la doctora Claudia Sheinbaum, ex secretaria de Medio Ambiente del Gobierno del Distrito Federal durante la gestión de López Obrador, desayunó con el periodista Carlos Loret de Mola.

Andrés Manuel López Obrador, entonces jefe de gobierno de la Ciudad de México, y Claudia Sheinbaum, su Secretaria del Medio Ambiente, en 2004.

Otra reunión de jóvenes exitosos, aunque muy distintos.

Claudia había sido responsable, desde la planeación hasta la corrección de los últimos detalles, de la línea uno del Metrobús, un proyecto creado originalmente en Colombia, para contrarrestar los problemas del transporte público en Bogotá, adaptado a las necesidades de la ciudad de México.

Loret era nieto del ex gobernador de Yucatán, Carlos Loret de Mola, un hombre duro, intolerante y represivo, que fue asesinado en oscuras circunstancias, durante un viaje por carretera de México a Acapulco, tiempo después del final de su mandato.

Sheinbaum había destacado en la huelga del Consejo Estudiantil Universitario (CEU), que paralizó la UNAM desde el segundo semestre de 1986 hasta principios de 1987, y que echó por tierra el primer proyecto neoliberal para privatizar la enseñanza pública.

Hijo de Rafael Loret de Mola, escritor de novelas políticas y cronista taurino, que firma como Rafaelillo, el comentarista de Televisa obtuvo su licenciatura en periodismo con gran audacia, al entrevistar a un peligroso capo y vivir para contarlo.

Integrante de una familia de prestigiados científicos, licenciada en física, maestra y doctora en ingeniería energética, y a la sazón pieza clave en el equipo de campaña de López Obrador, Claudia había hecho dos carreras: una en la academia, donde obtuvo las más altas distinciones, y otra en la política, como activista estudiantil y luego como militante del Partido de la Revolución Democrática. No era, pues, un desayuno de amigos.

Como en la primera guerra mundial, cuando los ejércitos empantanados en el fango de las trincheras acordaban una tregua y enviaban a sus representantes a parlamentar en terreno neutral, así fue ese encuentro, por lo demás breve, del miércoles 28 de junio de 2006.

Emilio Azcárraga, para decirlo pronto, mandó a Loret a desayunar con Claudia para enviarle un mensaje a López Obrador.

Carlos Loret de Mola, Emilio Azcárraga y Bernardo Gómez.

—En todas las encuestas que Televisa ha hecho en estos días, Andrés Manuel sale arriba con varios puntos. El domingo, ustedes van a ganar tranquilamente.

Por supuesto, después de recibir ese mensaje el miércoles a media mañana, Andrés Manuel aceptó la invitación a comer con Emilio, el sábado, en casa de Bernardo.

Todo iba muy bien, como ya se dijo, aquel 1 de julio por la tarde… Hasta que, después del postre, Emilio sacó el escrito de marras y, con el rostro adecuadamente compungido, confesó, mirando a los ojos al invitado de honor:

Estamos muy preocupados, Andrés Manuel. Luego dijo, antes de entregarle el “decreto”:
—Qué es esto…

Políticos y periodistas, al recibir un documento, lo primero que hacen es mirar los párrafos finales. Los reporteros saben que ahí está la nota. Los políticos buscan ahí qué pide la persona que se acerca a solicitarles ayuda, o por qué los acaban de demandar. Andrés Manuel debió tomar el escrito, leer de reojo el encabezado, pasar las cuatro páginas y detener la vista en la enorme palabra DECRETO, situada en la parte central de la tercera.

Y no pudo aguantar la risa.

¡Yo no sabía que Televisa tiene tantas empresas! —dijo, y desarmó a Emilio sonriendo.