El odio que los de oposición le tiene a Andrés Manuel López Obrador los lleva a cometer excesos.

Los hechos son simples.

México, con esa fuerte y tenaz tradición de defender a las personas que están en peligro de ser asesinadas por cuestiones políticas, decidió asilar en su embajada en Bolivia a varias personas que pertenecieron al gobierno de Evo Morales. Personas valiosas, ministros, gente que durante años se dedicó a sacar a ese país de la miseria.

Con el golpe de Estado, el nuevo gobierno emanado de éste decidió iniciar una persecución contra todos los opositores. En un tiempo impresionantemente rápido, giraron órdenes de aprehensión por delitos ridículos.

La intención no es “castigar” delitos (que son inventados), sino encarcelar o incluso asesinar a quienes son hoy la oposición en Bolivia.

Contra esos excesos, y siguiendo todas las normas diplomáticas, México asiló a los perseguidos, e hizo los trámites para que les fueran otorgados salvoconductos y se pudieran asilar en México o en otros países.

El gobierno de Bolivia, violando toda norma diplomática, no otorgó los salvoconductos y en su lugar comenzó a acechar al cuerpo diplomático mexicano en Bolivia. Montó operativos policiacos afuera y todos los días y a todas horas hay gente intimidando, espiando.

Esto es un hecho preocupante y México ha mostrado su indignación, como se espera de un país como el nuestro.

La estrategia del gobierno boliviano es generar un conflicto con México y a partir de ahí, exaltar un nacionalismo exacerbado para que, en las próximas elecciones, ganar votos. Además, claro está, su objetivo es encarcelar o desaparecer a todos quienes fueron parte del gobierno de Evo Morales.

México ha mostrado una actitud valiente, y es digna de la tradición que durante décadas nuestro país ha ejercido.

Pero en Bolivia están enojados, y en su estrategia está contemplado el ataque verbal contra los mexicanos, nuestro país y nuestro presidente.

Así ha sucedido, y quien se ha encargado en este momento de hacerlo es Tuto Quiroga, un personaje siniestro que fue presidente de aquel país antes de Evo Morales, y que representa a la oligarquía que, vía la corrupción, pretendió vender la riqueza de Bolivia.

Este personaje ayer atacó a México, a los mexicanos y a AMLO. Dijo que éramos un país que obedecíamos a Estados Unidos y afirmó que el Presidente que nosotros, los mexicanos, habíamos elegido, era un “cobarde matoncito” y “sinvergüenza”. Inmiscuyéndose en asuntos de nuestro país, pretendió decirnos qué debemos hacer y cómo debemos pensar.

Estas declaraciones, dichas de forma soez y agresiva, en lugar de indignar a los opositores a AMLO, se atrevieron a aplaudirlas, e hicieron de Tuto Quiroga un personaje digno de ser admirado.

Que los opositores aplaudan a Quiroga es un acto indigno. El odio que le tienen a AMLO los ciega, y los hace cometer estos excesos.

¿Acaso es digno que varios mexicanos alaben a un político extranjero que nos dice que somos unos miedosos y cobardes? ¿Acaso es digno que varios mexicanos hagan casi un héroe nacional a un extranjero que le llama “matoncito” a quienes elegimos y que ganó con una contundencia nunca vista?

La oposición está llegando a extremos preocupantes, pues el odio que le tienen a Andrés Manuel López Obrador los lleva a mostrar un odio al país y a su gente, al Estado, a todo lo que haga el gobierno.

Hoy, los de la oposición debe estar a la altura de las circunstancias, y entender que ellos no son gobiernos, y que como oposición deben ser responsables.

No es viable que hoy los opositores mexicanos se conviertan en golpistas, y peor, en golpistas apoyados por intereses extranjeros.

Es tiempo de apoyar al país, y los de oposición deben mostrar que tienen algo más que odio a AMLO.

Tuto Quiroga, tan se sintió apoyado y alabado, que retuiteó a buena parte de los críticos de AMLO.